AlVelAl: modelo rural de futuro

La amenaza lleva años acechando a las zonas del interior de la provincia. Una doble desertificación, la del terreno, que avanza sin pausa en una tierra con déficit endémico de agua, y la de la población, producto de la huida de los habitantes en busca de un futuro con mejores perspectivas. Vecinos y administraciones dan de forma sistemática la voz de alarma: pueblos que se van quedando vacíos, paisajes en los que cada vez más predomina el color de la tierra y la roca; la extinción de una manera de vivir. Se buscan soluciones, pero no acaban de encontrarse de forma que se recupere el territorio perdido. En este contexto, la aparición hace apenas tres años de la Asociación AlVelAl ha supuesto un impulso decidido para ir dando nueva vida a una zona con mucho en común, que abarca a tres provincias, y en las que las medidas adoptadas comienzan a dar sus frutos.

Desarrollo sostenible, respeto y recuperación del medio ambiente, economía local, patrimonio cultural e histórico… Con estas premisas, la asociación está desarrollando una serie de iniciativas que buscan y están consiguiendo revitalizar la economía de un territorio usando la riqueza que este puede ofrecer. Y lo hace mirando a Centroeuropa, donde este tipo de proyectos lleva tiempo funcionando, y desde donde reciben apoyo para ir asentándose y desplegando sus propuestas.

Agricultores, ganaderos, investigadores y empresarios están trabajando codo con codo para, como reza el objetivo de AlVelAl, “transformar la realidad socioeconómica y ambiental de una de las regiones más pobres y con más riesgo de desertificación en España”, de manera que se logre “la restauración del paisaje creando casos de negocio que aportan valor añadido a los productos locales y crean trabajo sostenible”. Para ello, se basan en una filosofía que llaman “de los cuatro retornos en tres zonas” y que tiene un plazo de 20 años para lograr su propósito.

El origen de AlVelAl

Altiplano Granadino, Los Vélez, Alto Almanzora, Guadix y Noroeste de Murcia conforman este singular territorio donde la Asociación AlVelAl está poniendo en práctica su propuesta. La idea de llevarla a cabo surgió en 2014, cuando la fundación holandesa Commonland, que había ideado la estrategia de cuatro retornos en tres zonas, comienza a buscar en la Cuenca Mediterránea una zona donde llevar a cabo uno de sus proyectos de recuperación del paisaje. Quieren localizar una zona degradada pero que tenga potencial para desarrollar el proceso de restauración con éxito. Le encargan a la bióloga Astrid Vargas, que había reintroducido con éxito el lince ibérico en zonas donde había desaparecido, que encuentre ese territorio. Y lo hace en la provincia de Almería, en Los Vélez, gracias a la colaboración de Francisco Casero, figura indispensable del ecologismo en Andalucía y presidente de la Fundación Savia.

En la zona que él le propone, ya se están realizando propuestas de agricultura ecológica que casan con el objetivo de Commonland. Vargas visita la comarca junto a Michiel de Man, también de Commonland, y ven que se cumple otra de las premisas de la fundación: existe un ámbito de negocio con potencial restaurativo, el almendro de secano, lo que puede servir para impulsar el proyecto global de regeneración ambiental, social y económica que proponen.

Las reuniones con los líderes locales y quienes están impulsando el cambio a la agricultura ecológica se suceden y, en ellas, descubren que los territorios colindantes del Altiplano Granadino y el Alto Almanzora tienen características semejantes a las de Los Vélez. Vargas y De Man tienen que elegir una propuesta de entre las 52 que reciben en España. En verano, reciben la de Los Vélez, desarrollada por Cristóbal Aránega, Carmen Román y Rosario Cano. Durante el último trimestre del año se suceden las reuniones, con representantes también de la zona granadina, hasta que Commonland se decanta por este proyecto, que coincide con la idea original de la fundación de trabajar por la regeneración de una zona rica en recursos pero empobrecida. También fue decisivo el trabajo de Dietmar Roth, historiador, concejal de Vélez Blanco e impulsor de la recuperación del patrimonio cultural en la zona.

Así, en 2015 nace la Asociación AlVelAl, nombre que recoge los de las tres comarcas originales del proyecto, como vehículo para poner en marcha la propuesta de regeneración del territorio, a la que después se sumarían las comarcas del Noroeste de Murcia y de Guadix. Una zona que cuenta con más de 100.000 hectáreas, 45.000 de ellas certificadas como ecológicas, dedicadas al cultivo de almendra de secano, motor del proyecto de recuperación socioeconómica y ambiental, y que tiene también al cordero segureño, de Indicación Geográfica Protegida, entre sus recursos.

AlVelAl comienza a trabajar para “mejorar la formación, la sanidad y la seguridad en un entorno natural con más biodiversidad, suelos más fértiles, acuíferos mejor cuidados y con un modelo económico sostenible centrado en las personas y su entorno”. Para ello, asume la filosofía de los cuatro retornos en tres zonas impulsada por Commonland. Esta consiste en buscar el retorno de la inspiración, del capital social, del capital natural y del capital financiero, en una zona natural, una zona mixta y una zona económica.

El retorno de la inspiración tiene como objetivo “dar esperanza y un propósito a los seres humanos”. El del capital social, “crear puestos de trabajo, actividad comercial, educación y seguridad”. El del capital natural, “recuperar la biodiversidad, el suelo y la calidad del agua”. Y el del capital financiero, “obtener un beneficio sostenible a largo plazo”. Asimismo, la zona natural está diseñada para “restaurar el ecosistema y la biodiversidad”. La zona económica, “para genera una actividad económica intensiva y sostenible”. Y la mixta, “para generar un ecosistema productivo integrado por medio de la regeneración del suelo y una producción sostenible”. Todo ello, en un plazo de 20 años, lo que se tarda en regenerar un paisaje.

Con esta premisa, en AlVelAl trabajan con el objetivo de poner en valor los productos de la zona, como la almendra ecológica, el cordero segureño, la miel o las plantas aromáticas, tanto en la producción como en la transformación o la comercialización. Así, consiguen que el valor añadido generado se quede en el territorio que están dinamizando.

En la actualidad, la asociación cuenta con 116 socios, ha puesto en marcha doce fincas en las que ponen en práctica su teoría de regeneración del territorio y realizado varias actuaciones en parajes de la zona. Asimismo, llevan a cabo acciones formativas, apoyan a proyectos agrícolas con ayuda económica, impulsan actividades artísticas que conectan a la comunidad con el medio ambiente y organizan rutas y los Coloquios AlVelAl, que en octubre celebran su tercera edición.

La Almendrehesa

El modelo AlVelAl tiene a la ‘almendrehesa’ como principal motor. El cultivo del almendro de secano es el eje a partir del cual se desarrolla todo el proceso de regeneración. Junto al almendro, se cultivan plantas aromáticas como el romero o la lavanda. La cubierta vegetal que se genera sirve de alimento para el cordero segureño. Las abejas polinizan los almendros y, al mismo tiempo, producen la miel.

La Almendrehesa es la primera empresa surgida del proyecto de AlVelAl. Se dedica al cultivo, procesado y venta de almendras de alta calidad y otros productos de la zona, como cordero segureño, vino, miel, aceitunas y hierbas aromáticas, todo producido en las fincas de la asociación. Nacida en 2016, en solo un año triplicaba su producción, pasando de 10 toneladas a 30. Además, ya ha establecido un canal de venta a Europa y tiene como producto estrella a la almendra Pepita de Oro, muy apreciada en países como Alemania.

Tras este caso de negocio, en AlVelAl trabajan en una línea de producción de aceite ecológico, más avanzada, y en otra de vino ecológico, ambos elaborados con procesos que ayudan a la regeneración del territorio.

Igual de innovador resulta otro de los proyectos de regeneración del paisaje de más éxito llevados a cabo por la Asociación AlVelAl es la restauración de La Solana de La Muela, en Vélez Blanco. A mano, siete personas de la comarca, empleadas para el proyecto, han ido plantando desde hace un año 50.000 árboles de especies autóctonas, como el pino carrasco, la sabina mora, el enebro, la encina, la coscoja y el espino negro. En el proyecto, AlVelAl ha implicado también a los vecinos de la zona. Así, alumnos de los ciclos formativos de Gestión Forestal y del Medio Natural y de Aprovechamiento y Conservación del Medio Natural del IES José Marín de Vélez Rubio han participado en el desarrollo de este proyecto. De la misma manera, han colaborado voluntarios del Campamento de Restauración de Ecosistemas de La Junquera.

Otro proyecto en La Muela es el denominado AlVelAl 8000, con el que se está creando una escultura gigante realizada con plantas aromáticas en la falda del monte. A lo largo de 200 metros, conjuntos de flores imitan los motivos geométricos de las pinturas rupestres de la Cueva de los Letreros, una de las joyas culturales de este territorio, considerada Patrimonio Mundial por la UNESCO.

La asociación cuenta con una Comisión de Cultura, Tradiciones y Turismo que trabaja para poner en valor el rico patrimonio cultural del territorio y para potenciar la zona como lugar de inspiración para creadores. Así, impulsan proyectos de arte sonoro, de landart como el del proyecto AlVelAl 8000 o de fotografía. Y también, los Coloquios AlVelAl, dedicados a un tema en concreto en cada edición.

En este contexto, se han organizado ya dos rutas, la Ruta de las Aromáticas y Primeros Pobladores de Europa y la ruta Caravaca-Huéscar, que continúa la ruta de la Cruz de Caravaca hasta la ermita de las Santas de Huéscar, pasando por Puebla de Don Fadrique. Asimismo, se colabora con el proyecto Soundscape Restoration, Sound Matters (Restauración del paisaje sonoro, el sonido importa). El proyecto, desarrollado por Mike Edwards y Harry Coade, consiste en la grabación de ‘paisajes sonoros’ del territorio AlVelAl, con interpretaciones de músicos locales. Con el material grabado, se publicará un disco de música y sonidos del territorio AlVelAl.

Con todos estos proyectos, AlVelAl trabaja para recuperar el ‘orgullo’ de pertenencia a un territorio rural, sentando así las bases para la regeneración tanto del paisaje como de la realidad socioeconómica de la zona donde se actúa. Una labor que, además de comenzar a dar sus frutos en forma de objetivos cumplidos, también está sirviendo para recibir el reconocimiento público. Por ejemplo, con el Premio Zerosion recibido en 2016 por su labor para revertir la erosión del terreno. Y también, con las colaboraciones de instituciones de prestigio, como el CSIC, la Universidad de Almería o la Universidad de Utrecht, que han decidido involucrarse en el trabajo de AlVelAl con investigaciones propias.

Pero el premio fundamental es ver cumplidos objetivos, que la tierra vaya recuperando su antiguo esplendor y los habitantes de la zona encuentren un modo de vida que impulse el desarrollo sostenible necesario para lograr que el peligro de la desertificación quede en un mal recuerdo. Y en ello siguen trabajando.

Los inicios: corazón, impulso y visión de futuro

De entre las personas que han hecho posible que un proyecto como el de la Asociación AlVelAl salga adelante, destacan dos: Cristóbal Aránega, su presidente y fundador, y Astrid Vargas, quien se encargó de buscar una zona donde desarrollar el proyecto de la Fundación Commonland en el Mediterráneo y se fijó en el altiplano granadino-almeriense.

Aránega es un agricultor de Chirivel, fundador junto a su esposa, Carmen Román, de Crisara, empresa de asesoramiento medioambiental. Su trayectoria profesional está ligada a la agricultura ecológica y sus conocimientos en la materia le han llevado a colaborar con la Universidad de Frankfurt y en zonas de Asia Central.

Aránega destaca que la Asociación AlVelAl “supone creer en las personas como motor dinamizador de un cambio con un proyecto y un camino compartido”, lo que la convierte en “una herramienta muy útil y potente para demostrarle al mundo que hay otra forma de hacer las cosas y que tenemos recursos y potencialidades para generar una economía alternativa económicamente viable, sostenible y regenerativa”.

El presidente de la asociación confía en que, en 20 años, lo que dura un proyecto de cuatro Retornos en tres zonas, AlVelAl será “un modelo de conciencia compartida y valor rural, de principios y valores; y un ejemplo de unión y equipo que será estudiado en las universidades como un modelo sostenible, económicamente viable, social y humano”. Asimismo, asegura que “lo mejor de nosotros está por venir”, aunque “la mayoría de las cosas no las veremos pero permaneceremos tranquilos porque las disfrutarán los que aún no han nacido”.

Nacida en Puerto Rico pero criada en España y residente en la actualidad en Holanda, Astrid Vargas tiene una destacada carrera dedicada a la recuperación de especies en peligro, como el lince ibérico, y la restauración de procesos naturales. Fue ella quien seleccionó el proyecto de AlVelAl para implantar el modelo de la Fundación Commonland en nuestro país, tras conocer el territorio gracias a Francisco Casero, de la Fundación Savia, y quien le presentó a Aránega.

En Los Vélez, Vargas encontró todas las premisas que se pedían desde Commonland, la zona degradada con potencial de restauración y un caso de negocio factible. Pero, sobre todo, le llamó la atención “la gran calidad humana de la gente del lugar que ya estaba liderando un proceso de transformación hacia otro tipo de agricultura más amable con el medio ambiente”.

Tras haber estado trabajando en el proyecto desde sus inicios, para ella supone “un desafío emocionante” estar implicada en “el desarrollo de un modelo de regeneración eco-social que puede servir de referente para otras áreas degradadas de la cuenca mediterránea”. Asimismo, destaca, AlVelAl “supone la posibilidad de hacer realidad una visión que tiene gran potencial para a mejorar la vida en el planeta, tanto para las personas como para la naturaleza no-humana”. Y concluye: “Uno llega a AlVelAl y no tarda lo más mínimo en encariñarse con las buenas gentes del territorio. Inmediatamente, uno desea ayudar a traer prosperidad”.

(Reportaje publicado en el número de octubre de 2018 de la revista Foco Sur).

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