Teatro, puro teatro

Talento, trabajo y tablas. Tres tes sobre las que se sustenta otra, mayúscula, la del Teatro. Ideas, ensayos, pruebas, correcciones y experiencia para llevar todo al escenario de la mejor manera posible. El mundo del teatro está viviendo un resurgir en Almería gracias al talento que atesoran los escritores, directores e intérpretes y demás oficios involucrados en la escena; al trabajo realizado para poder programar en salas de lo más diverso, a veces ajenas hasta ahora a este tipo de espectáculos, y para crear obras que conecten con el público potencial; y a las tablas ganadas por la experiencia de años dedicados a esta disciplina artística, aun cuando el panorama que se atisbaba en nuestra provincia no fuese esperanzador para la profesión. 

Más allá de la expectativa y el tirón de grandes eventos como el Festival de Teatro de El Ejido o las Jornadas del Siglo de Oro de Almería, asentados en base a una programación de calidad durante décadas, la afición al teatro se cultiva en el día a día. No cabe dejarlo para un par de meses al año. Y en Almería hay grandes autores, actores y actrices que necesitan expresarse con asiduidad. Poco a poco, lo están consiguiendo, gracias a haber creado un circuito estable en salas alternativas, una versión almeriense del off off Broadway, que mes a mes va creando una afición atenta al nuevo estreno o la nueva representación de una obra.

Lugares como la tetería de los baños árabes Almeraya, el bar El Zaguán, la sede de la asociación LaOficina, la sala de conciertos Clasijazz, el centro cultural La Guajira o la Escuela Municipal de Música y Artes de Almería, la EMMA, se han convertido en paradas de una ruta del teatro para los miembros de la escena local, que ha encontrado en ellas un escenario donde mostrar sus creaciones. La tetería es la pionera en este resurgir del teatro, centrado en el de pequeño formato, con obras que van de los 30 a los 50 minutos, con pocos personajes, dos o tres a lo sumo, y en las que la comedia reina por encima de otros géneros. Por iniciativa de Fernando Labordeta, comenzó a preparar programaciones mensuales donde los autores almerienses iban mostrando sus obras. La buena acogida hizo que el virus del teatro se contagiara por el resto de locales, por donde las obras van girando, representándose varias veces en la ciudad, y convocando a un numeroso público en cada ocasión.

La idea de crear una programación estable que diera voz a la escena teatral almeriense surgió tras una mala noticia para esta escena: el cierre del Microteatro, una iniciativa que aterrizó en Almería, en pleno centro, tras su éxito en ciudades como Madrid, y que propone ver distintas obras de hasta diez minutos en un local dividido en pequeñas salas, que el espectador podía recorrer. Aquí no cuajó pero sirvió para que autores y actores estrecharan lazos o recuperaran el contacto en algún caso; incluso para que alguno volviese a escribir teatro después de tiempo dedicado a otro tipo de historias. Aunque no germinó, esparció la semilla que acabaría brotando en los baños árabes y, desde ahí, proliferando por las distintas salas de la capital.

Los nombres del teatro en Almería

Nombres como los del propio Fernando Labordeta, autor, director y actor, los escritores Celso Ortiz, Antonio de la Trinidad o María del Mar Saldaña, y los actores Miguel Ángel Cañadas, Dita Ruiz, Juani Mateu, Juanjo Moya o Pepe Pérez son algunos de los que están logrando fidelizar al público. Forman parte de un colectivo, el del teatro, que incluye nombres clásicos en nuestra provincia como los de Carlos Góngora y Gloria Zapata, que llevan más de 45 años revolucionando los escenarios de la provincia y el país con Axioma Teatro; o como los de Antonio Fernández y Loreto Suárez, que han convertido a Escenalia en una de las empresas culturales andaluzas más potentes; o La Duda Teatro, clásicos de la animación cultural con sus pasacalles y obras más desenfadadas. Y también grupos más recientes, como La Confluencia, que en apenas tres años se está convirtiendo en una de las compañías de referencia en la provincia, gracias a sus originales interpretaciones de clásicos y a la fusión de artes sobre el escenario; o, en Mojácar, Aquelarre, que dio la campanada el pasado año con la obra ‘Indalo, mensajero de lo dioses’.

Fernando Labordeta, al que buena parte de los protagonistas de esta escena señalan como ‘culpable’ del resurgir del café teatro en Almería, lleva ya 25 años trabajando en un mundillo en el que se metió de lleno junto a Kikín Fernández, hoy conocido por sus monólogos, entonces director del Aula de Teatro de la Universidad de Almería. Entre los dos escribieron en 1993 ‘Así habló Gutiérrez’, que se estrenó en el Teatro Apolo. “Uno de los actores fui yo porque Joaquín se empeñó en que yo encarnase uno de los roles”, cuenta Labordeta, “sin haber hecho teatro en mi vida”. Desde entonces, acumula más de 20 obras de teatro, ocho libros de poesía y numerosas representaciones en las que combina los papeles de autor, director o actor.

Ahora está al frente de la programación de los baños árabes, una idea que surgió porque “no me ha quedado más remedio”, comenta entre risas. Y añade que “el teatro está muy mal organizado, hay que hacer cosas para darle un poco de respiración asistida”. Esa respiración asistida consiste en llevar cada semana obras de autores almerienses, a los que se le pide además que vayan creando nuevas historias que ir incluyendo en el programa.

Uno de estos autores es Antonio de la Trinidad, que afirma que “Fernando Labordeta ha rescatado el café teatro en Almería, que estaba absolutamente muerto”, tras unos años de circuito estable que acabó muriendo. “Ha sido el impulsor, el que ha hecho posible a otros autores y compañías que podamos debutar”, añade.

De la Trinidad escribió ‘La taberna de las tres espadas’, su primera obra, a los 13 años. Estuvo mucho tiempo trabajando en prensa, tiempo en el que dejó de escribir teatro y novelas por falta de tiempo y ganas. En 2009 recuperó esas ganas de crear y fundó Luna Roja Teatro. “Nos está yendo muy bien la cosa”, reconoce, “estamos haciendo teatro de pequeño formato pero tenemos la capacidad de llevarlas a escenarios mayores”.

El reino de la comedia

Esa es una de las características de sus obras, que no pierden la vocación de ser representadas en escenarios ‘tradicionales’, ante un mayor número de público. Un ejemplo de esto es su obra de debut, ‘Carmen’, adaptación del clásico de Mérimée en versión monólogo de Dita Ruiz, que se estrenó en café teatro y luego se ha representado en salas grandes, de hasta 500 espectadores. Tras ‘Carmen’, hicieron ‘Mi nombre es Drácula’, basada en la novela de Bram Stoker, ‘Asesinato libre de impuestos’, inspirada en ‘Extraños en un tren’ de Patricia Highsmith, ‘Se me evapora el alma’, “una función cachonda, irónica, sobre el caso de la Pantoja”, ‘Querido Vincent’, sobre los últimos días de Van Gogh, y ‘Malas y maldecías’. Obras entre las que predomina la comedia, como es habitual en este circuito, “porque en este pequeño formato, en un bar, con una cerveza, lo que le gusta al público es reírse, pasar un buen rato”, asegura el autor, aunque matiza que no se trata de monólogos, sino de “comedia clásica de teatro de toda la vida”.

En esta misma línea, Labordeta explica que “estamos obligados a hacer un teatro que a la gente le guste, para que vuelvan”. Por eso, dice, “hacemos un teatro cómico, muy divertido, sin grandes aspavientos intelectuales, pero con un deje de humor bien elaborado, sin caer en lo fácil”. Esto se puede ver en obras suyas como ‘Línea 16’, ‘Adolf y Eva’ o ‘Amor eterno’, una trilogía sobre la pareja que protagoniza el propio autor junto a Dita Ruiz, en la que se valen de personajes reconocibles y situaciones variadas para ir sacando punta a las miserias de las relaciones amorosas, entre otros asuntos. “Buscamos situaciones cómicas, con un teatro bonito, bien hecho, que sea asequible para el público y cuidando mucho las interpretaciones, que es lo que hace que la gente vuelva”, resume.

El público está volviendo, y además se está fidelizando, y tiene ya en cuenta que el viernes hay obra en El Zaguán y el sábado en la tetería de los baños árabes, y que en LaOficina, La Guajira o la EMMA alguna obra habrá a lo largo del mes. Se ha creado, como explica Celso Ortiz, “un ambiente bastante interesante”, en la que estos locales están haciendo “una gran labor por la cultura”. Después de años dedicado a escribir novelas y relatos tras haber publicado dos obras de teatro en sus inicios como escritor, Ortiz regresó al mundo de la escena gracias al Microteatro, donde le invitaron a escribir obras. Allí conoció a los “jóvenes” que ahora están impulsando el circuito del teatro de pequeño formato, en el que se ha asentado con obras como ‘La piscina cubierta’ o ‘Cambio de plan’, que contradicen la teoría de que en este tipo de locales solo funciona la comedia. “En ‘La piscina cubierta’ hay comicidad”, reconoce Ortiz, “pero es sobre todo una obra crítica, que toca el tema de la corrupción política, con un tono esperpéntico”.

Uno de sus protagonistas, Miguel Ángel Cañadas, revela que “a Celso no le gusta escribir de temas pijoteros, como él dice, quiere tener cierta elegancia, le gusta hacer cosas diferentes”. Su aproximación al humor es, añade Cañadas, “con cierto sarcasmo e ironía”. Una forma de escribir que ha conectado con el público, ya que “‘La piscina cubierta’ se estrenó en marzo del año pasado en El Zaguán, entraron 90 personas y cerca de 30 se quedaron sin poder entrar, y luego hemos hecho muchas actuaciones”, asegura.

Tras dedicarse al mundo de la interpretación en Madrid, Cañadas regresó a su Almería natal a tiempo de comenzar a trabajar en obras del Microteatro, donde conoció a compañeros como Pepe Pérez, con quien trabaja en ‘La piscina cubierta’, o el propio Celso Ortiz, con quien está repitiendo en ‘Cambio de plan’, obra que han estrenado este año y en la que trabaja junto a la actriz Juani Mateu. También se le ha visto recientemente en series como ‘Mar de plástico’ y ‘Entre olivos’.

Apoyo a la escena teatral

Este nueva época dorada del teatro almeriense se ha visto resaltada este año en el I Ciclo de Autores Almerienses celebrado en la EMMA. Allí se han representado cinco obras de cuatro de estos autores. Fernando Labordeta llevó ‘Infierno’, “una comedia de corte filosófico” en la que “el texto es más denso y pone sobre el tapete una serie de cuestiones sobre la sociedad y la moral”, cuenta su autor, que reconoce que es el tipo de teatro que más le gusta hacer. De Celso Ortiz se pudo ver ‘La piscina cubierta’. Antonio de la Trinidad tuvo dos obras en este cartel: ‘Malas y maldecías’, protagonizada por Dita Ruiz y Fernando Labordeta, misma pareja de intérpretes que en ‘Infierno’; y ‘Asesinato libre de impuestos’, con la misma actriz y Juanjo Moya como protagonistas. Y María del Mar Saldaña estrenó ‘Terapia feliz’, con Fran Caparrós y Salva Berrocal.

Con este ciclo, la EMMA quiso reforzar su apoyo a la escena teatral, como explicaba en la presentación la actriz Gemma Giménez, responsable de la programación y del Aula de Teatro de la EMMA y que fue también una de las impulsoras del Microteatro: “El ciclo va muy en la línea de lo que estamos programando y de lo que queremos desarrollar en el nuevo espacio para lograr ser un referente de la vida cultural en Almería, otorgando una especial visibilidad al teatro local”.

Este apoyo es bienvenido por los miembros de la escena, que recuerdan aun cómo las trabas administrativas acabaron con el circuito de teatro que tuvo Almería hace unos años, que surgió con fuerza y se dejó morir. Ahora, está renaciendo con fuerza “gracias a los que lo hacen posible, y a pesar de todas las penurias y glorias que aceptamos por querer vivir del teatro, que no del cuento”, afirmael actor Jesús Herrera, miembro de La Confluencia, quien extiende el mérito de este auge a autores y actores, pero también al resto de oficios que hacen posible que una obra pase de la idea al escenario, “porque de todo hay en Almería, y de calidad”, aunque, “eso sí, con pocas salidas para la subsistencia”.

Talento, trabajo y tablas, tres cualidades esenciales para dedicarse al teatro en Almería a pesar de que, como asegura Antonio de la Trinidad, “el teatro es ruina, requiere muchísimo tiempo de redacción, ensayo, promoción… son muchísimas horas, para lo que se gana”. Los miembros de su compañía, como otros en esta provincia, “vivimos de esto, aunque cuesta muchísimo trabajo”. De momento, se está consiguiendo gracias al talento propio y al papel de estos nuevos escenarios y de las asociaciones y personas que los llevan, “valientes y comprometidos con la cultura”, destaca Herrera, “que no es el mote de ninguna lugareña, sino la salud mental de una sociedad que quiere crecer”.

Escenalia: plantando la semilla del teatro

Antonio Fernández es un clásico de las artes escénicas almerienses, desde 2005 al frente de Escenalia Iniciativas Escénicas, empresa de gestión cultural y productora teatral, que incluye tres compañías, Stardín Stardán Teatro (que venía funcionando desde 1995), dedicada al teatro infantil, Escenalia, que produce obras para público juvenil y adulto, y Spin Off Theatre, para obras de teatro didáctico en inglés. Escenalia es la encargada de la gestión de Educateatro, las campañas municipales de teatro educativo en colaboración con Cajamar, en las provincias de Almería, Málaga, Granada y Murcia.

“Son programaciones didácticas para que vayan los centros educativos, desde educación infantil, con 3 años, hasta los 18, en Bachillerato”, cuenta Fernández, que explica que programan obras, suyas y de otras compañías nacionales, “que tienen un contenido didáctico en valores, medio ambiente, educación vial, igualdad, y aparte incorporan material didáctico que se envían previamente a los centros educativos para que los docentes puedan trabajar previamente con los escolares que van a acudir a la obra, y también de después”.

Las obras se representan en teatros municipales, para cumplir con un doble objetivo: enseñar el contenido educativo y, también, educar en el hábito de ir al teatro a quienes serán “los espectadores del futuro”.

Su próximo estreno tendrá lugar en el Festival de Teatro de El Ejido, a principios de junio, con la producción didáctica de ‘El gato con botas’ para público infantil, de 3 a 8 años, que a continuación representarán en Almería, Huércal-Overa, Vícar y Guadix. El último estreno ha sido una obra para público juvenil y adulto, una versión del ‘Retablillo de Don Cristóbal’, que “escribió Lorca para ser interpretada con títeres, pero nosotros la hacemos con actores de carne y hueso, muy divertida, muy loca, con canciones en directo”.

Fernández tiene claro que “probablemente somos la compañía andaluza con más obras en cartel y una de las que más obra hace en un año”. Con doce personas en plantilla, entre personal fijo y discontinuo, asegura que “no hay una empresa cultural en Almería que tenga ese nivel de trabajo y una plantilla de estas características, pero sin embargo aquí somos unos desconocidos”. De hecho, trabajan más fuera de Almería que en nuestra provincia. Aun así, destaca que ahora haya empresas como la suya, que puedan vivir del teatro.

Su situación la equipara a la del teatro independiente, el de los cafés teatro, que “no tienen ningún valor para las instituciones con responsabilidad en la cultura, y sin embargo hay una escena muy viva”. Pero arrastra el problema de que “no hay estructuras que lo impulsen y que lo apoyen”. En este sentido, reclama más atención por parte de los programadores culturales, que incluyan a los autores y compañías de aquí. “Si no fomentas la actividad cultural en tu territorio, somos siempre dependientes de aquello que seamos capaces de traer de fuera”, advierte, “y eso al final es pobreza cultural”.

La Confluencia y Aquelarre: apuestas arriesgadas que triunfan

Dos de las más recientes compañías que están dando que hablar en la escena teatral de la provincia tienen en común, aparte del amor por el teatro y las artes escénicas, el apostar por formatos diferentes que llevar a las salas de teatro. La Confluencia, colectivo impulsado por el escritor Julio Béjar, el actor Jesús Herrera, la coreógrafa y bailarina Leticia Valle, el músico Chencho Nzo, la directora de escena Ascensión Rodríguez, el realizador audiovisual Daniélfico, la escenógrafa Caroline Muller y el iluminador Ernesto García, lleva cerca de cinco años proponiendo obras como ‘Antígona a contratiempo’, ‘N-392 Camille Claudel’, ‘Mujeres encontradas’ o ‘Variaciones sobre Rosa Parks’ en las que adaptan clásicos y mezclan teatro, danza, música y casi cada arte que se pueda representar sobre un escenario. Han llevado obras a salas pequeñas como LaOficina, El Zaguán o La Guajira pero también a teatros de más tamaño, como el Auditorio de Vícar o el de Roquetas, o a lugares especiales como la Alcazaba de Almería. Además, también están representando sus obras fuera de la provincia.

La Agrupación Teatral Aquelarre de Mojácar cuenta con unos 20 miembros, todos actores, aunque involucra a mucho personal en sus representaciones. Impulsada por Antonio Casado, mojaquero que le cogió el gusto al teatro en los 90, cuando Eduardo Fajardo quiso recuperar la tradición de este pueblo por las artes escénicas montando un grupo al que Casado se unió. Pero no sería hasta hace poco, junto al autor Joaquín Sáez, que se animó a montar Aquelarre.

Esta joven compañía cuenta con una sola obra representada, aunque ha sido un sonoro éxito: ‘Indalo, mensajero de los dioses’, “una alegoría del bien y del mal”, explica Casado, en la que participaban hasta cien personas, ya que llevaba música en directo de la orquesta de Mojácar, y se diseñaron vestuario, decorados y coreografías, además de la banda sonora, para la ocasión. Solo se ha representado cuatro veces, todas con éxito de público, porque “no en muchos sitios podíamos entrar con la banda, o poner el decorado que habíamos preparado”, lamenta Casado, que no obstante celebra que la obra “ha tenido una aceptación tremenda”.

Ahora, preparan los estrenos, en octubre, de dos adaptaciones de clásicos del cine: ‘Laura’ y ‘Un cadáver a los postres’, un ‘thriller’ y una comedia, tras el éxito de una fábula de historia.

(Fotografía del  ‘Camille Claudel’ de La Confluencia, por Carlos de Paz)

(Reportaje publicado en el número de junio de 2018 de la revista Foco Sur)

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