Plaza Vieja, conflicto nuevo

A pesar de que había sido un día desapacible, con tormentas a lo largo de la mañana y rachas de viento hasta la tarde, unas 800 personas se concentraban el 17 de mayo en la Plaza Vieja de Almería para reivindicar que los árboles y el monumento a los Mártires de la Libertad, los Coloraos, no se trasladen para dar paso a una plaza diáfana, de estilo castellano, como propone el proyecto que ha puesto en marcha el Ayuntamiento. La concentración había sido convocada por la plataforma Plaza Vieja, que reúne a 17 asociaciones vecinales y culturales. 

En un manifiesto leído por la profesora de la Universidad Inmaculada Fernández, llamaron al diálogo al Ayuntamiento, al que acusaron de pretender “aniquilar la historia de una plaza que atesora mil años de vida” con un proyecto “ridículo”, realizado “a espaldas de los ciudadanos” y que convertirá a la plaza “en un solar sin árboles y sin el monumento”. Asimismo, aseguraban que la obra prevista en la plaza no servirá para revitalizar el Casco Histórico de la ciudad, para el que en cualquier caso exigían una reforma integral, pero contando con la opinión de los ciudadanos.

Las asociaciones que integran la Plataforma Plaza Vieja son Amigos de la Alcazaba, La Guajira, Asociación de Vecinos La Traiña, FAVA Argar, Asociación de Vecinos Nuestra Señora de La Paz, Asociación de Vecinos La Palmera, Foro Almería Centro, La Chanca Pescadería A Mucha Honra, LaOficina, Asociación de Vecinos Alborán, Asociación de Vecinos ARCA Jayrán, Grupo Ecologista Mediterráneo, Arriba Árboles, Ecologistas en Acción, Ciudad de Almería, Asociación de Vecinos Casco Histórico de Almería y Vive Almería. La plataforma prevé realizar más movilizaciones en la Plaza Vieja en próximas fechas, porque considera necesario que el gobierno municipal escuche a los almerienses. Más de 19.000 han firmado ya, “con nombre, apellidos y DNI”, señala Magdalena Cantero, portavoz de la plataforma, una petición en Change.org para que no se quiten los árboles ni el Pingurucho de la plaza.

Mayte Pérez, presidenta de Amigos de la Alcazaba, explica que esta asociación se opone a la propuesta de remodelación porque elimina el arbolado y, sobre todo, el monumento a los Coloraos. “Somos una asociación de patrimonio y esa es nuestra máxima preocupación”, cuenta, convencida además de que “si algo es inamovible para el Ayuntamiento es precisamente trasladar el Pingurucho”.

Daños irreparables en el Pingurucho

La presidenta de Amigos de la Alcazaba sostiene que el monumento sufriría daños irreparables si se traslada, ya que “no se puede desmontar, hay que cortarlo”. Asimismo, recuerda que el mismo arquitecto que se encargó, en democracia, de devolverlo a la Plaza Vieja, de donde se había quitado para una visita del dictador Franco a Almería, asegura que el traslado costaría mucho dinero. “¿Qué justificación tiene gastar todo ese dinero público por el capricho de una plaza diáfana, que no es la única alternativa?”, se pregunta Pérez.

Magdalena Cantero, que además de portavoz de la plataforma es presidenta de la Asociación de Vecinos Casco Histórico, cuenta que “la plaza necesita una transformación, es evidente, todos queremos que tenga vida después de casi 18 años en obras”. Lo que no concibe es cómo se quiere hacer esa remodelación, ya que “con todas las horas de luz que tiene, Almería no necesita menos árboles”. Además, añade, “no nos gusta el modelo de plaza castellana, porque ni tiene que ver con la idiosincrasia de Almería ni es lo que la ciudad necesita”.

Para Cantero, también es necesario que el monumento a los Mártires de la Libertad permanezca en el lugar en el que está ahora, en el centro de la plaza, ya que “tiene que estar en comunicación directa con el Ayuntamiento por todos los valores históricos que representa, los de aquellas personas que murieron por defender, en un régimen absolutista, que se implantaran las libertades en este país con la Constitución de 1812”. Por ello, dice, “no es una escultura que se pueda trasladar, sino un monumento con una importante carga histórica e ideológica, y eso es lo que parece que no entiende el equipo de gobierno” del Ayuntamiento.

La portavoz de la plataforma recuerda además casos similares en ciudades cercanas, en los que los monumentos que representan libertades han permanecido en sus lugares originales a pesar de haber sido estos objeto de reformas, como ahora se va a hacer en la Plaza Vieja. “No ha pasado en Málaga con el monumento a Torrijos, en la plaza de la Merced, que ha tenido varias remodelaciones sin que el monumento se trasladara a otro sitio, porque se valora y se respeta, lo mismo que pasa en Granada con el monumento a Mariana Pineda”, detalla Cantero, para quien mover de sitio el Pingurucho sería “un atentado contra la historia de Almería”.

Modificación del PGOU

La propuesta de reforma de la Plaza de la Constitución, conocida como Plaza Vieja, salió adelante gracias a una modificación del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) aprobado a principios de mayo en un Pleno del Ayuntamiento gracias a los votos a favor de PP y Ciudadanos. PSOE e IU votaron en contra. Con esta modificación, se daba vía libre a la eliminación de los árboles y al proyecto de la arquitecta Susana Ordaz, que plantea una plaza de estilo castellano, a lo plaza Mayor como las de Madrid o Salamanca, aunque no sea rectangular ni cuadrada. Para el Ayuntamiento, se trata de transformarla en una plaza “moderna” en la que tenga cabida la celebración de eventos de todo tipo.

El portavoz socialista en el Ayuntamiento, Juan Carlos Pérez Navas, considera que “es perfectamente compatible el ocio y el turismo y el que se pueda seguir haciendo conciertos, como se han hecho estas décadas, manteniendo el monumento a los Coloraos, por lo que significa como símbolo, un homenaje a todos los que defienden la libertad y la justicia”. Además, añade, “lo de los árboles es una polémica absurda, un capricho y una obsesión del alcalde”.

Para Pérez Navas, “el reto habría sido hacer un concurso de diseño para ver la mejor manera de reformarla manteniendo el monumento y el arbolado”. El portavoz socialista está de acuerdo con que la plaza necesita un remodelación, entre otras razones para cambiar el pavimento, aunque siempre manteniendo los árboles y el monumento a los Coloraos en el lugar en el que están.

Rafael Esteban, concejal de IU en el Ayuntamiento de Almería, cree que “la Plaza Vieja necesita una puesta al día, un piso nuevo, y quitar elementos como cuatro o cinco farolas que hay que son añadidas, pero esa plaza no necesita una reforma tan brutal como pretende el PP”. Además, asegura que “no se justifica lo que dice el PP” para defender el proyecto de reforma, ya que, recuerda, en “la Plaza Vieja se han hecho festivales de flamenco, y se siguen haciendo actividades”.

Tampoco está de acuerdo Esteban con que el proyecto presentado vaya a servir para dinamizar el Casco Histórico, como se asegura en el Ayuntamiento. “Es otra falacia del PP”, afirma, “porque si realmente quieren recuperar el Casco Histórico, lo que hace falta es un plan integral de actuación, en el que se contemple todo el Casco Histórico por igual y se adopten medidas para solucionarlas”. Así, añade, “no se puede hablar de remodelación de la plaza mientras todo el entorno de la Alcazaba y el de la Casa Consistorial estén en la situación que vemos diariamente”.

En la misma línea se sitúa la presidenta de la Asociación de Vecinos del Casco Histórico, que opina que “la plaza se debe arreglar, pero es necesaria una plaza como espacio público y no como espacio reservado para la restauración” exclusivamente. Por otra parte, señala que “las plazas castellanas suelen estar en el centro de las ciudades y permiten la entrada y salida de personas, prácticamente son arterias que comunican distintas zonas de la ciudad. Eso no pasa con la Plaza Vieja, que prácticamente se ha quedado en un rincón de Almería por el que no pasa nadie”. Por ello, asegura Cantero, “se tiene que propiciar que pasen cosas más allá de la Plaza Vieja, porque si no, no va a suponer ninguna transformación ni revitalización del Casco Histórico”. En este sentido, afirma que “hasta que no se ponga en marcha el parque de la Hoya y se empiece a trabajar en serio en los alrededores de la Alcazaba y del Cerro de San Cristóbal, la plaza seguirá siendo un elemento prácticamente muerto”.

Al anunciar la modificación del artículo del PGOU que obligaba a mantener el anillo de arbolado en el perímetro de la Plaza Vieja, la concejal de Fomento, Ana Martínez Labella, explicó que la intención del Ayuntamiento al impulsar este proyecto es el de conseguir en la plaza un espacio “moderno, con una imagen del siglo XXI, en la línea del objetivo que todos perseguimos de revitalizar el Casco Histórico” y añadía que “proponemos la modificación y lo hacemos partiendo de la idea sugerida en la propuesta ganadora”, la de la arquitecta Susana Ordaz. Según Martínez Labella, todos los que se presentaron al concurso “plantearon la eliminación de los árboles en sus anteproyectos, probablemente porque todos quienes participaron entendieron, desde un principio de oportunidad, que era y es el momento para plantear la recuperación de la configuración original de la plaza”.

Lo que no contó es que la supresión del arbolado y del monumento a los Coloraos iba en las condiciones del concurso, por lo que era obligado que no apareciesen en los proyectos presentados. “La convocatoria hecha por el Ayuntamiento para recabar ideas no fue tal”, escribe en un artículo Alfonso Rubi, arquitecto e impulsor del Foro de Ciudadanos de Almería, donde añade: “Se buscaba un proyecto de ejecución de la idea que ya estaba decidida: dejar la plaza vacía, lo que se estableció (no sé por iniciativa de quién) en el proyecto de rehabilitación (ese que lleva 10 o 15 años de retraso) redactado por la Junta”.

Pérez Navas niega que el proyecto original obligue al traslado de árboles y monumento ya que “era de reforma de la Casa Consistorial” tal y como firmaron Ayuntamiento y Junta. El ganador del concurso, explica el concejal socialista “hizo una sugerencia respecto a la plaza y su ordenación posterior y definitiva, que ya tiene que acometer el Ayuntamiento, no entra en el convenio de colaboración”. Según cuenta, fue estando Joaquín Jiménez al frente de la delegación de Fomento cuando se entregó al Ayuntamiento esa propuesta, ya que era competencia municipal la financiación. Y luego “el Ayuntamiento saca a concurso una redacción de la plaza sin árboles ni monumento, así que el que decide en último lugar es el Ayuntamiento, en el mes de marzo”.

Ausencia de debate

Para el coportavoz de Equo, Manuel Pérez Sola, el problema “no es sólo el rechazo social que está provocando el modelo de plaza diáfana, sino las formas en que se tomó esta decisión. Se ha hurtado el imprescindible debate con historiadores, paisajistas y ciudadanía, algo que contradice las buenas intenciones del equipo de gobierno expresadas con los proyectos del Plan Estratégico y Plan Turístico de Grandes Ciudades”. También apunta a esta idea Mayte Pérez, a quien “llama mucho la atención” que no se haya consultado a la ciudadanía ni “se haya constituido el Consejo Municipal de Patrimonio” antes de tomar una decisión.

Miguel Cazorla, portavoz de Ciudadanos en el Ayuntamiento, partido que ha apoyado la modificación del PGOU, afirma que la intención de su partido es también que sean los almerienses los que decidan “si se traslada el Pingurucho o no, y qué plaza se quiere, con árboles o sin árboles”. Para ello, recuerda, se presentó una moción el año pasado que fue rechazada con el voto en contra de PP, PSOE e IU. Ahora, dice, mantiene la misma opinión: “Hay que hacer una consulta popular” y que sean los almerienses los que elijan el tipo de plaza que quieren y qué uso habría que darle.

Y es que hay opiniones, tanto de almerienses de calle como de expertos, de todo tipo. Incluso en el Colegio de Arquitectos, sin hacer aun una comunicación formal, se sabe que entre sus miembros los hay favorables al traslado del monumento y a mantenerlo en la plaza. Esto es lo que se debatió en una jornada para reflexionar sobre su ubicación, organizada por el Colegio en febrero de este año. José Díaz, su decano, contaba en ‘El Diario de Almería’ que la idea de cubrir con toldos la plaza sirve para dar sombra, pero no para refrescar, y que en Almería, con nuestro clima, “el arbolado es esencial”.

Sin embargo, al digital ‘Almería Hoy’ contaba en febrero que el traslado del monumento a los Coloraos “es razonable en el sentido de que la Plaza Vieja puede tener un mejor uso sin él” aunque reconocía la dificultad de trasladarlo. Tampoco hay consenso entre los partidarios de que se mueva de sitio. Los hay que apuestan por el Parque Nicolás Salmerón, ante la fuente de los hombres del mar, que es la opción que maneja ahora el Ayuntamiento; otros lo hacen por la Rambla, frente al Cable Inglés.

“Los ciudadanos tenemos el deber y el derecho a expresar nuestra opinión”, asegura Magdalena Cantero, que niega las acusaciones que se hace a la plataforma de actuar de forma partidista. “Cuando el Ayuntamiento plantea un proyecto de esta envergadura, la clave es que ilusione a todos, a los vecinos y a la ciudad entera”, reflexiona la portavoz de la plataforma Plaza Vieja, “y han conseguido todo lo contrario, que haya enfrentamiento”. Un enfrentamiento que tendrá nuevos capítulos, puesto que a partir de junio está previsto que se convoquen nuevas movilizaciones si el Ayuntamiento insiste en continuar con el proyecto sin escuchar a los vecinos.

Un monumento enraizado en la Plaza Vieja

El Monumento a los Mártires de la Libertad se construyó entre 1868 y 1900 como homenaje a los 22 asesinados en la Rambla de Belén, el 24 de agosto de 1824, por defender la Constitución de 1812 y exigir libertades al gobierno de Fernando VII. Durante muchos años estuvo situado en Puerta Purchena, hasta que las autoridades en la ciudad decidieron derribarlo con motivo de la visita de Franco en 1943. Según ha contado en varios artículos el historiador Antonio Sevillano, la retirada del monumento estuvo supervisada por el arquitecto Guillermo Langle, y fue trasladada a la Plaza de Pavía, de donde acabaron desapareciendo los bloques de mármol que lo componían.

En 1988, el entonces concejal de Cultura del Ayuntamiento de Almería, Fernando Martínez, encargó al arquitecto Eduardo Blanes la reconstrucción del llamado ‘Pingurucho’ en la Plaza de la Constitución, popularmente llamada Plaza Vieja, obra sufragada mediante suscripción popular. En una jornada para debatir sobre el futuro del monumento organizada el pasado mes de febrero por el Colegio de Arquitectos de Almería, el propio Blanes explicó que para la reconstrucción se usaron bloques de mármol de Macael que soportaran las 180 toneladas de peso del monumento. Según Blanes, el conjunto se fue asentando de tal forma que, explicó, ahora es “monolítico” y para trasladarlo no se podría desmontar, sino que habría que trocear los bloques de mármol.

Mayte Pérez, de la Asociación de Amigos de la Alcazaba, recuerda que el monumento “forma parte de un conjunto histórico que es la Plaza Vieja, y como tal está protegido”. Asimismo, considera que “ha enraizado en esta plaza, con la que dialoga desde el principio como lo que es, la representatividad popular en el Ayuntamiento”, por lo que “sería un agravio para la historia del monumento decir que fue eliminado de esta plaza porque molestaba para las terrazas de los bares y los conciertos”.

Para que el traslado se lleve a cabo, en cualquier caso, se necesita que el proyecto obtenga el visto bueno de Aviación Civil y de la Consejería de Cultura, al ser un entorno protegido como Bien de Interés Cultural. Antes, el proyecto tiene que llegar al Boletín Oficial de la Provincia, momento a partir del cual los ciudadanos pueden presentar alegaciones. En realidad, según cuenta Rafael Esteban, de IU, el proyecto aun no está finalizado: “Yo he hecho una petición para que me enseñen el proyecto de la Plaza Vieja y me han contestado que no me lo pueden dar porque está en fase de redacción”.

En cualquier caso, Cultura ya ha avisado de que una vez reciba el proyecto y lo estudie, se basarán en la Ley de Patrimonio para decidir, lo que indica que la postura es que se quede en su ubicación actual.

(Reportaje publicado en el número de junio de 2018 de la revista Foco Sur)

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