El terremoto del que renació Almería

El 22 de septiembre de 1522, cerca de las diez de la mañana, tras una noche de luna llena, cuando los almerienses habían salido de sus casas e incluso del recinto de la ciudad para labrar sus huertas o hacer sus compras, la tierra tembló causando cientos de muertos y numerosos destrozos materiales. Y, a la larga, provocó el ‘nacimiento’ de la ciudad tal y como la conocemos en la actualidad.

Hasta ahora se había hablado de unos 2.500 fallecidos a causa del terremoto, considerado como uno de los más graves ocurridos en la Península Ibérica. Asimismo, habría provocado el derrumbamiento de casas y templos, incluida la catedral que por entonces se estaba levantando sobre la antigua mezquita, en lo que hoy es la iglesia de San Juan, en el barrio de la Almedina, que había sido origen y centro de la ciudad durante la época islámica pero que en el siglo XVI estaba en decadencia.

Las autoridades reclamaron ayuda al rey Carlos I, que concedió una serie de ventajas a la ciudad mientras se reconstruía. Y por influencia del obispo, la reconstrucción se enfocó hacia el este, en el barrio de la Musalla, zona en auge por entonces, también afectada por el seísmo, y que había sustituido a la Almedina como centro neurálgico de la ciudad. Una de las principales consecuencias, si no la más, de esta decisión fue que se dejara de lado el proyecto de catedral en la antigua mezquita y se eligiese un nuevo lugar, un espacio abierto que ejercía como mezquita al aire libre y foro, en pleno centro del pujante barrio cristiano.

Esta decisión acabó por convertir al barrio de la Musalla, delimitado por la actual calle de la Reina y la Rambla, en la zona principal de la ciudad, el centro económico y social. Moría así la Almería musulmana y renacía la Almería cristiana, con sus característicos urbanismo y arquitectura. Aunque para lograrlo, hubo que recurrir a un engaño.

Cifras hinchadas

Lo cierto es que el terremoto no causó tantos muertos, ni la destrucción que la leyenda le atribuye desde hace años. “Cuando hay una catástrofe natural, lo normal es que las instituciones, como saben que les van a dar menos de lo que necesitan, pidan y engrandezcan la debacle, para que se incrementen las ayudas y se equilibren con la realidad”, explicaba el catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Almería Francisco Andújar en el ciclo de conferencias ‘El nacimiento de una ciudad’, organizado por las asociaciones Amigos de la Alcazaba para conmemorar el quinto centenario del trágico suceso.

“No hubo un arrasamiento total de la ciudad ni murieron 2.500 personas. Hubo muertos, hubo destrucción pero no en los niveles que se ha dicho y un análisis crítico de la documentación lo demuestra”, añadía durante su charla, titulada ‘El terremoto de 1522 y la sismicidad histórica de Almería’.

En la primera de las conferencias, titulada ‘El terremoto de Almería de 1522 y sus efectos. ¿Una dramática realidad o una manipulación interesada?’, la profesora emérita de Historia del Arte de la UAL Rosario Torres aseguraba que “se ha planteado el terremoto como una destrucción absoluta de la ciudad y no es verdad”. Y explicaba que “a través de la documentación se va viendo cómo se van negando todas y cada una de las partes. Por ejemplo, todo lo que pasa con la Alcazaba, con la Catedral, las iglesias, los monasterios y conventos. Solo hay un caso real de destrucción total, que fue la iglesia de San Pedro”.

De hecho, explicó Torres, “las obras previas al terremoto se siguieron haciendo después del temblor, se seguían pagando esos jornales”, por lo que “se deduce que las obras continuaron y se terminaron”. Asimismo, “las instituciones, iglesias y ayuntamiento, siguieron funcionando”. Y sentenció que hubo “una manipulación interesada que ha hecho que nadie se fije en la otra realidad y la idea de un terremoto que asola la ciudad ha calado en la mentalidad de la gente”.

Una nueva Almería

Aunque la destrucción causada no fuese tanta como la leyenda popular había transmitido, lo que sí es cierto es que el terremoto de 1522 sirvió de detonante para el ‘nacimiento’ de la nueva Almería, la ciudad que iba, desde entonces, a desarrollarse en el entorno de la plaza Vieja, la de Catedral, las calles Jovellanos, Marín, Real, Tiendas… Y para conseguirlo, fue destacada la figura del obispo Villalán, impulsor de la idea de terminar con el proyecto de catedral en la Almedina para construir una nueva en la Musalla.

“El padre Tapia dijo que  el terremoto de 1522 fue el bisturí que extirpó la Almería musulmana; quizás es una opinión excesiva pero desde luego el terremoto tuvo un efecto importante en el futuro de la ciudad”, asegura Francisco Verdegay, de la asociación Amigos de la Alcazaba.“En 1489, cuando los Reyes Católicos entraron a Almería, se encontraron una ciudad que aun reflejaba los efectos del reciente terremoto de 1487”, explica Verdegay. “El arrabal del Hawd (barrio de Pescadería-Chanca) ya casi no existía, la población se concentraba en la Almedina y al este, el arrabal de la Musalla era una zona más despejada, con casas que incluso tenían sus pequeños huertos”.

“Tras el terremoto de 1522, la antigua ciudad había dejado de ser un lugar para desarrollar proyectos arquitectónicos interesantes para los conquistadores cristianos, no había ventajas por vivir allí. Fue entonces cuando el obispo Villalán concibe un desplazamiento del centro de la ciudad al este, como siempre ha sido desde la fundación de la ciudad”, explica Verdegay.

Así, “se aceleran los proyectos de construcción de la Catedral, iglesias, conventos y palacios en la antigua Musalla, mientras se abandona continuar la catedral en la antigua mezquita, y el Hospital Real de Santa María de la Magdalena, que estaba al lado, se trasladará también más adelante al barrio de la Musalla”,  relata Verdegay. En tan solo dos años, se pone la primera piedra de la futura catedral, que tardaría cerca de 40 años en construirse.

Iglesia contra Ejército

Que el terremoto en realidad no fue tan desastroso, lo prueba, por ejemplo, que “el Hospital Real continuó funcionando medio siglo”, apunta Verdegay. “Pero Villalán aprovechó ese suceso para planear la reconstrucción de la ciudad en el barrio de la Musalla, donde había grandes espacios abiertos, como el mercado y lugar de ocio, en la actual plaza Vieja, y el que servía como oratorio o mezquita al aire libre en la época de esplendor, en la actual plaza de la Catedral, y se fortifica ese barrio”, explica.

“Tras el terremoto, una de las mayores preocupaciones era la defensa de la ciudad, puesto que las murallas quedaron muy dañadas y por tanto la población muy expuesta a los ataques provenientes del mar”, señala Maite Pérez, presidenta de la asociación, “por ello, la obsesión del Capitán General de Granada, el marqués de Mondéjar era fijar a la población en la Almedina, al amparo de la Alcazaba y de sus murallas, al parecer menos dañadas por el terremoto, proponiendo llevar a la gente incluso por la fuerza”.

Sin embargo, la dinámica urbana de desplazamiento hacia levante, hacia la antigua Musalla, tendencia que la construcción de la nueva catedral promovida por el obispo Villarán impulsará definitivamente, era imparable. Esto provocará que el barrio de la Almedina, mucho más vinculado al pasado musulmán de la ciudad, vaya perdiendo población y quedando apartado de lo que será el nuevo centro urbano.

Así, la consecuencia del terremoto, aunque su magnitud no fuese tanta a priori, es que “se reconstruye una ciudad conforme a la ideología y la estructura urbanística de un estado moderno de la mano de Carlos V, con calles amplias, otro tipo de construcciones y otros estilos arquitectónicos”, explica Clara Martínez, portavoz de la asociación Maguen Sefarad. Como consecuencia, añade, “el núcleo urbano potente pasa de haber sido la Almedina durante la época andalusí a serlo la zona de la Musalla, toda la zona de alrededor de la catedral”.

Martínez, que es asimismo directora de la consultora de turismo Turiversia, destaca que en toda esta zona “hay una lección de historia del arte en vivo, podemos ver el Renacimiento en las portadas de la catedral y la iglesia de Santiago, podemos ver Barroco y Mudéjar, tanto en los exteriores como en los interiores”.

Almería, tierra de seísmos

El terremoto de 1522 no fue el único que hizo temblar Almería en aquellos años. Con el precedente de 1487, que ya había dejado ‘tocadas’ las murallas defensivas de la ciudad, aun no se había recuperado del todo la ciudad cuando en 1529 se produjo otro terremoto importante. Y cuatro años antes, en 1518, se produjo el terremoto que destruyó la antigua Vera y que provocó que la ciudad se reconstruyese en su ubicación actual.

“La actividad sísmica en Almería sigue presente”, recordaba Francisco Andújar en su intervención en las jornadas sobre el terremoto, “una actividad sísmica moderada que es una constante histórica y eso debería exigir que las construcciones modernas tengan en cuenta esas circunstancias, que se minimice ante cualquier incidencia esa realidad de los seísmos”.

El geólogo José Miguel Alonso fue a más en su conferencia, titulada ‘Almería entre la Cordillera Bética y el Mar de Alborán, su relación con los grandes terremotos. “Un terremoto como el que vivió Almería en el año 1522 se puede repetir en Almería”, aseguraba, y añadía que “las fallas activas que hay, con continuos microterremotos, también pueden provocar que haya de nuevo un terremoto de magnitud 6 o 7 grados”.  

Alonso añadió detalles sobre el terremoto de 1522, sobre cuyo epicentro “quedan dudas”. Así, mientras que históricamente se había situado entre Alhama e Instinción, donde hay una falla, otros, como unos planos del Instituto Geográfico Nacional, “lo colocan en el Mar de Alborán”, junto a  “la plataforma marina de Roquetas de Mar”. Alonso reconoció que ha llegado a pensar que “podría ser un terremoto doble, que se inició en la zona de Alhama a las diez de la mañana y después hubo muchas réplicas y alguna podría estar en la plataforma marina”.

El encargado de cerrar el ciclo de conferencias fue el catedrático de Historia de Educación Secundaria Valeriano Sánchez, con ‘Riesgos naturales. Historia y resiliencia’, que dedicó a repasar la manipulación del pueblo por parte de política y religión ante catástrofes como el terremoto de 1522. “Después del terremoto aumentaron las creencias”, explicó el profesor, que añadió que la religión facilitó que la población, a pesar del miedo a nuevos terremotos, aceptase seguir viviendo en Almería.

Los documentos sobre el terremoto

Los actos de conmemoración del quinto centenario del terremoto de 1522 incluyen dos exposiciones, que ha organizado la asociación Maguen Sefarad. En el Centro de Interpretación Patrimonial, en la plaza Vieja, se exhiben las copias y transcripciones, con paneles informativos sobre el suceso. Y en el Archivo Municipal, se pueden ver los originales. Ambas exposiciones permanecerán abiertas hasta el 30 de octubre.

“Hay documentos del siglo XVI como una cédula real, provisiones reales, varias cartas, en los que se atestiguan los daños que sufrió la ciudad”, explica Clara Martínez, de la asocicación Maguen Sefarad. Las documentación exhibida también enseña “cómo estaba constituida socialmente”, la ciudad, “lo sabemos por el libro del repartimiento anterior”. También, “cómo fueron los daños que causó a la ciudad el terremoto”.

Como documento curioso, se muestra “un grabado del siglo XVI, de Colonia, en Alemania, que con un poco de fantasía hace una representación gráfica de cómo fue el terremoto y el maremoto que se produjo en el mar de Alborán”.

También se muestran tres documentos relevantes, firmados por el rey. “Hay una cédula real del 23 de enero de 1523, por la que Carlos V otorga a la ciudad no pagar impuestos durante diez años para que se puedan construir las casas”. Otro de los documentos es “una provisión real de Carlos V, en pergamino y con sello de validación, y la firma del rey, en la que también se perdona el pago de impuestos y se ordena la reconstrucción de la ciudad”, fechada en 1525. Y por último, “hay una provisión real de 1539 por la que se manda el dinero para la reedificación de la ciudad” (en la imagen de la derecha).

Además de la existente en el Archivo Municipal, “el cabildo catedralicio tiene también documentación en la que se da cuenta de los destrozos que hubo”, explica Clara Martínez. “Sobre todo cuenta que hubo grandes daños en la judería, que estaba situada sobre todo la zona de Plaza Marín, calle Jovellanos, calle de las Tiendas”, añade.

El catedrático de Historia Moderna de la UAL Francisco Andújar asegura que “falta mucha investigación que hacer sobre el terremoto”, pero existe el problema de que “la posible documentación donde se podría encontrar información sobre ello está en un fondo documental en Valladolid, en el Archivo General de Simancas, e intentar encontrar nuevas evidencias sería en una sección que exigiría trabajar encerrado allí prácticamente un año”.

(Reportaje publicado en el número de octubre de 2022 de la revista Foco Sur).

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