Aprendiendo a cuidar el planeta en Almería

Aprendiendo a cuidar el planeta en Almería

Unos talleres para aprender cómo trabajan los pescadores tradicionales de Cabo de Gata. Un paseo por la rivera de las Salinas para estudiar las aves que viven en el entorno. Plantar semillas en el huerto escolar, etiquetarlas y cuidarlas mientras crecen. Identificar cada lugar emblemático del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar para dedicar cada espacio del colegio a uno de ellos. Estas son algunas de las acciones en las que los alumnos del CEIP Virgen del Mar de Cabo de Gata han participado desde el inicio de este curso. Actividades que conjugan dos de las prioridades del centro: la educación y el cuidado del medio ambiente.

Miembro del programa Ecoescuelas de la Junta de Andalucía desde hace más de 20 años y único centro educativo de nuestra provincia con la Bandera Verde con la que ese programa distingue a los que destacan por su «calidad educativa y coherencia ambiental», el colegio de Cabo de Gata es un referente en un modelo cada vez más necesario: el de una educación ambiental que forme a los niños y niñas para ser respetuosos con el entorno e involucrarse con la defensa del medio ambiente, en una sociedad cada vez más necesitada de este tipo de iniciativas con el objetivo de revertir el cambio climático e impulsar un nuevo modelo de economía verde y desarrollo sostenible con el que Almería tiene mucho que ganar.

Ecoescuelas es una iniciativa internacional coordinada por la Fundación Europea de Educación Ambiental (FEE) y desarrollada en España por la Asociación de Educación Ambiental y el Consumidor (ADEAC), miembro de FEE. En Andalucía, lo coordina la Consejería de Educación y Deportes, como parte  del programa de innovación educativa Aldea. El objetivo es, según la Consejería, «sensibilizar, formar y educar sobre la importancia del desarrollo sostenible, haciendo a los individuos más participativos y conscientes, a través de la mejora de la gestión ambiental de los centros educativos». En la provincia de Almería, hay 26 colegios e institutos adscritos a Ecoescuelas.

A este programa solo se pueden apuntar centros educativos, pero hay otros de iniciativa privada, como Naturaliza, que desarrolla Ecoembes, en los que se busca la implicación del profesor. Así, se facilitan herramientas para impulsar la educación ambiental incluso en centros que no participan de programas como Ecoescuelas.

Educar con conciencia medioambiental

«El programa Ecoescuelas tiene cuatro bloques, el entorno físico y humano, el agua, la luz y los recursos materiales», explica a Foco Sur Paqui Torres, maestra de Primaria y coordinadora del programa Ecoescuelas en el CEIP Virgen del Mar. En este centro, continúa, «siempre hemos llevado los cuatro, pero este año, como es especial, estamos más centrados en el entorno físico y humano y los recursos materiales, aunque sin dejar de recordar a los críos que hay que ahorrar luz y agua».

Una particularidad de este centro es que cada actividad que realizan, cada clase en el aula, están iluminadas por este espíritu de concienciación medioambiental. «Las clases están impregnadas del programa de Ecoescuelas, todos los días estamos diciendo en qué papelera hay que echar cada residuo, tenemos carteles para recordar apagar la luz cuando no la necesites y en el baño para cerrar los grifos», desgrana Torres, que reconoce que en su centro tienen la facilidad para hacerlos así, al estar en una pequeña localidad, en pleno Parque Natural, con el colegio a metros de distancia del mar y del camino paralelo a las Salinas. «Cuando tenemos que hacer lecturas, por ejemplo el Día de Andalucía, nos bajamos a la playa y las hacemos allí», cuenta la coordinadora del programa. «En Educación Física, bajamos a la playa o por el camino del cementerio a las Salinas o a las palmeras», añade, «tenemos muchos espacios para disfrutarlos».

En lo que va de curso, dentro del programa Ecoescuelas, en este colegio han realizado ya cinco actividades, a pesar de las restricciones provocadas por la pandemia. «Hemos puesto en funcionamiento un pequeño huerto escolar que se nos quedó a medias en marzo del año pasado y ahora hemos retomado», cuenta Antonio Lorente, director del centro. Asimismo, sigue funcionando el punto limpio de reciclaje, «que lo quitamos en septiembre pero hemos visto que no tenía mucho sentido hacerlo», reconoce Lorente. Este punto limpio tiene los únicos contenedores de reciclaje de aceite, pilas y tóner de impresora de esta barriada almeriense. Además, también recogen envases de plástico, papel e incluso residuos orgánicos. 

El Jardín Botánico de Cabo de Gata

Otro proyecto que el colegio tuvo que dejar a medias en marzo de 2020, a causa del estado de alarma, es el Jardín Botánico de Cabo de Gata. Ahora lo han recuperado, con la ayuda de la empresa local Ágata Verde, que colabora de forma altruista con este proyecto. En una zona del patio, han ido plantando especies autóctonas que ahora los alumnos están identificando.

El Parque Natural es también protagonista de otro proyecto, con el que están colocando placas de lugares emblemáticos en cada espacio del centro, dando nombre a cada uno. Así, ahora los alumnos dan clase, por ejemplo, en las aulas Mónsul o Cortijo del Fraile. Asimismo, han fabricado una lámina con los 17 Objetivos del Milenio y lo han colocado en la entrada del colegio. «En el tercer trimestre empezarán a trabajarlos en clase», adelanta Lorente.

Más allá de las actividades de Ecoescuelas, en el colegio de Cabo de Gata han realizado otras acciones relacionadas con el medio ambiente este curso. Por el Día Mundial del Hábitat, tuvieron una charla online impartida por la empresa local Ecoágata. El Día Mundial de las Aves, hicieron un recorrido por los miradores de las Salinas, con la misma empresa como colaboradora. Todos los alumnos han participado en los 20 talleres Pescados con Arte, que tenían como objetivo promover el consumo responsable y la conservación de los recurso marinos, así como divulgar el patrimonio etnológico y pesquero. Los talleres los ha impartido la Asociación de Pescadores Artesanales del Parque Natural, Pescarte. Y por último, han aprendido la precaria situación de la lapa gracias a la exposición ‘La lapa que da la lata’, que estuvo en los pasillos del colegio una semana, tras haber trabajado el tema en el aula.

Naturaliza, un ejemplo

Los proyectos de Ecoescuelas pueden ser trasversales en el centro y de ellos, como en el caso del CEIP Virgen del Mar, se pueden beneficiar todo el alumnado, desde Primaria a Bachillerato. Pero para llo, es el centro el que tiene que adherirse al programa. Un problema para aquellos docentes interesados en la educación ambiental destinados en centros que no pertenecen a Ecoescuelas. Desde hace dos años, sin embargo, a título individual se pueden apuntar al proyecto Naturaliza, que ha puesto en marcha Ecoembes con el objetivo de promover la educación de forma transversal en  Primaria.

«Naturaliza considera la figura del maestro como esencial para despertar la conciencia medioambiental entre los alumnos y para ello ofrecemos una formación en una escuela online tutorizada por educadores ambientales y facilitamos recursos para que los profesores puedan impartir la educación ambiental en las asignaturas de Lengua, Matemáticas, Sociales y Naturales», explica Lucía González, responsable del Área de Educación Ambiental de Ecoembes, que añade que «el último eje del proyecto es fomentar el contacto con el entorno, aprovechar el entorno directo como un espacio de aprendizaje».

La responsable de Naturaliza destaca que se trata de «un proyecto universal, dirigido a todos los centros escolares independientemente de si son privados, concertados o públicos, y puede llegar tanto a entornos urbanos como a entornos rurales, porque se basa en una plataforma digital».

El proyecto está dirigido a los docentes, no a los centros, porque «hay algunos profes que tienen una motivación muy fuerte pero no tienen el apoyo del equipo directivo, y nosotros les damos las herramientas para que se formen y los recursos». Así, en Almería hay once profesores apuntados al proyecto, de diez centros, y que trabajan con 454 alumnos. En Andalucía, son 94 profesores de 73 centros, con 5.332 alumnos.

Semana Redonda de la Educación Ambiental

Este año, Naturaliza ha organizado además la I Semana Redonda de la Educación Ambiental, con motivo de su Día Mundial, celebrado el pasado 26 de enero. Con esta iniciativa, desde Ecoembres han buscado «dar protagonismo en las aulas a temas relacionados con el medio ambiente como la crisis climática o la crisis sanitaria provocada por la Covid-19, que es también consecuencia de esa crisis climática», cuenta Lucía González, que asegura que «la educación ambiental es una herramienta muy importante para revertir la situación».

Así, la programación ha incluido acciones como un debate sobre cambio climático, la iniciativa Actuando en Verso, salidas de contacto con el entorno y, a partir de los datos recogidos, desarrollo de cálculos e ideas para proponer mejores en el entorno visitado y un vídeo en el que los docentes explicaban lo aprendido esa semana. Asimismo, explica González, se quería reivindicar «el papel de los educadores ambientales» y su relevancia «para construir una sociedad crítica y comprometida».

Un ejemplo de esto lo encontramos en el CEIP Virgen del Mar. «Trabajar el medio ambiente como en este centro, en pocos se hace», asegura su director, que tiene claro que, independientemente del éxito que tengan entre los alumnos las iniciativas que se llevan a cabo y si a la larga serán o no ciudadanos con conciencia ambiental, ellos van a continuar en esta línea: »Estamos obligados a hacerlo porque somos educadores». 

Educación ambiental en cada asignatura

«Las cuestiones medioambientales, de sostenibilidad y ecología me preocupan personalmente, y como docente creo que cumplimos una misión importante al inculcar determinados valores a nuestro alumnado», explica Teresa Trapero, maestra de Primaria en el CEIP San Nicolás de Adra y participante en el proyecto Naturaliza. Ella está ahora en la fase de realizar los cursos de los que consta el programa pero ya planea las actividades que llevará a cabo con sus alumnos. No será la primera vez, ya que estas cuestiones han estado presentes a lo largo de su trayectoria profesional. «Siempre he intentado poner en práctica algún tipo de actividad relacionada con el medio ambiente», asegura y cuenta que en otros centros ha participado en la creación de un huerto escolar y en campañas de concienciación dentro del aula.

«Lo que trato es intentar que todas esas acciones que he hecho de forma aislada estén englobadas en algo más grande», explica sobre su vinculación con Naturaliza. Así, explica que su intención es desarrollar el programa «de manera globalizada, no se trata de focalizarlo en Ciencias Naturales o en Ciencias Sociales, sino de abarcar todas las áreas que se pueda». Vincular la asignatura con el medio ambiente, esa es la clave. Por ejemplo, creando una tabla estadística para medir el crecimiento de una planta, en Matemáticas; o en Lengua, buscando información para elaborar un inform sobre un tema ambiental. «A mí me gusta trabajar con la rima, la poesía, hacer cuatro versos sobre una planta, que a ellos los conecta también de otra manera desde el punto de vista lingüístico», apunta Trapero.

La maestra almeriense reconoce que en el sistema educativo «parcelamos mucho las áreas de conocimiento y nos olvidamos de que hablar de naturaleza se puede hacer desde cualquier área». En este sentido, considera que sí tendrían que «profundizar más en estos temas de sostenibilidad, economía sostenible, reciclaje», porque aunque «todo eso se trabaja, a veces es un punto dentro de un tema, y profundizar ya depende de que cada uno quiera ampliar la información y del tiempo que tengamos».

Ella es de las que dedica tiempo a la educación ambiental. Este mismo curso, recibieron unas plantas en el centro por un programa de alimentación saludable de la Junta. Su aula se quedó una aromática y desde entonces han estado investigando sobre ella y «cada día un alumno se responsabilizaba de cuidarla, hasta el punto de que un día, hablando en general, les pregunté que qué les pondría muy tristes y me dijeron que se muriera la planta», cuenta Trapero, que se maravilla cada día porque  «el grado de implicación de nuestros niños y niñas con la naturaleza es grandísimo y la curiosidad que les despierta es increíble. Su motivación y la capacidad de preguntarse me sorprenden todos los días».

(Reportaje publicado en el número de noviembre de 2021 de la revista Foco Sur).

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