Carlos de Paz. Foto de Miguel Blanco / Foco Sur

Carlos de Paz: “Cada vez me acerco más a la poesía, a la fotografía metafórica”

Carlos de Paz (Madrid, 1953) lleva 30 años desarrollando su carrera de fotógrafo en Almería, el lugar donde encontró la tranquilidad necesaria para dar rienda suelta a su creatividad. Interesado tanto por la fotografía documental y humanista como por la abstracta, por jugar con los límites del medio, es uno de los fundadores del colectivo Desencuadre, que acaba de publicar el primer número de la ‘Revista-D’, la primera publicación sobre fotografía editada en Almería desde los tiempos de la mítica ‘AFAL’.

El colectivo Desencuadre, del que formas parte, acaba de publicar el primer número de la Revista-D. ¿Cuál era el objetivo?

La intención inicial era sacar una revista en papel, una tirada pequeña bajo demanda, de 40 o 50 ejemplares, solo para los socios. La línea editorial era poner en valor la fotografía que se hace en Almería, no solo de los socios de Desencuadre, también de los que no los son e incluso de gente que no es de Almería pero tiene trabajos sobre Almería. Hacerla en papel es porque ahora vivimos en una época que está muy bien de difusión, con las redes, pero echamos de menos el papel, en todos los sentidos. En las exposiciones ver las obras en papel, ver revistas en papel, ver libros en papel. Así que apostamos por volver  al papel de buena calidad. Gracias a los patrocinios, hemos podido pasar a hacer una tirada grande, en imprenta. Hemos conseguido cuatro patrocinadores que entendiesen que queríamos un patrocinio cultural. Hay pequeños publirreportajes relacionados con la fotografía, como el del Centro Pérez Siquier o el de la editorial de la Universidad de Almería con sus publicaciones de fotografía. Y el resto, como el de Cosentino o el del Ayuntamiento de Almería, son fotos de autor que tienen relación con el patrocinador. En el caso del Ayuntamiento es una foto mía de la ciudad, que tiene que ver con mi concepto de espejo del mar, porque tengo un trabajo que se llama ‘Almería, la ciudad de los espejos’. Y la de Cosentino es una obra, ‘Cantera de las estrellas’, de un trabajo que hicimos Paco Villegas y yo en las canteras, de fotografía nocturna, relacionando la mitología con la astronomía y la astrología.

¿La idea es sacar dos números al año?

Sí, la idea es sacar dos al año, que ya es bastante. Ya tenemos contenidos fijados para los números 2 y 3 y para el 4 ya comienza la aventura. Lo más complicado va a ser conseguir que el patrocinio se mantenga en el tiempo. Confiamos en que sea así, ya que no son grandes cantidades, al solo tener que conseguir fondos para la impresión y la distribución.

¿Cuál es la historia de la Asociación Desencuadre?

Con el tiempo yo me voy dando cuenta de que tengo un montón de amigos que empezaron siendo alumnos, y de hace mucho tiempo incluso, como Estela García o Isabel Aranda. Y en uno de los cursos que estaba dando en la Universidad, llegó un momento en el  que nos planteamos montar un colectivo fotográfico, con unos planteamientos, y empezamos así. El colectivo tiene un decálogo más dos, doce puntos a los que aspiramos a llegar. No son diez mandamientos ni un manifiesto al que nos tenemos que agarrar, sino una declaración de intenciones, lo que pretendemos y hacia dónde queremos ir. Hay uno que es poner en valor la fotografía de autor, contra la banalización imperante de la fotografía que hay hoy en día. Estamos abiertos a todo tipo de corrientes, de líneas creativas, de planteamientos fotográficos y lo único que pretendemos es que haya coherencia entre lo que busca el autor y lo que nos enseña, que haya calidad, en su sentido más amplio.

¿Cuántos miembros sois?

Ahora somos 45, todos de aquí, pero ya se está empezando a apuntar gente de fuera, aunque todavía no está formalizado.

¿Almería sigue teniendo fotógrafos de calidad?

Mucha gente me decía, por la revista, que si solo la hacíamos con fotógrafos de Almería, en cuatro números habíamos acabado con todo. Y es todo lo contrario. Ahora mismo tengo, aunque no decido yo, tenemos un consejo de redacción, un listado que daría, al ritmo de dos números por año, para unos diez años tranquilamente de gente con trabajos sobre Almería o que están aquí en Almería. El problema es que no se les conoce, pero tienen trabajos de calidad. O son conocidos en sectores muy reducidos, no tienen la difusión que pretendemos con la revista, que es que tenga difusión nacional e incluso, tímidamente, a nivel internacional. De este primer número hay siete envíos internacionales, a sitios muy concretos. La intención es llegar hasta donde podamos, hasta donde nos permitan las circunstancias. Luego está lo que a cada uno le gusta. A unos les gusta el campo y a otros, el mar. Y a unos les gusta el Barroco y a otros, como a mí, no nos gusta, pero eso no quiere decir que no reconozca el valor artístico que tienen sus piezas y su importancia en la historia del arte. Pero hoy en día parece que el gusto va relacionado con un posicionamiento con determinadas cuestiones, y no debería ser así.

Tu última exposición ha sido ‘Entre olas’, que ha llevado tus fotos a la calle, al Paseo de Almería, dentro de un proyecto con el Ayuntamiento. ¿Cómo ha sido la experiencia?

La propuesta del Ayuntamiento de poder sacar exposiciones a la calle nos pareció interesantísima, en todos los sentidos. Hay un problema de conservación de la obra, tienen que tener la suficiente calidad para aguantar las inclemencias climatológicas, el sol, la lluvia, el vandalismo. Eso nos llevó a una exigencia con el material, que hemos conseguido. Tanto los expositores como las copias se hacen en Almería. El Ayuntamiento quería que la primera exposición fuese la mía y en ese momento estaba terminando una serie, de la que es parte la que he expuesto. Son fotos hechas en el mar. No es fotografía submarina, yo la llamo fotografía acuática. Es fotografía de autor hecha en el agua, con un planteamiento concreto, desde el mar. ‘Entre olas’ es parte de ese trabajo. El resto está ahora en la editorial Sonámbulos de Granada, que está estudiando el proyecto para editar un libro, que se llama ‘Línea de flotación’. ‘Entre olas’ tiene un planteamiento más paisajístico. Es un recorrido desde el Zapillo hasta Cabo de Gata.

¿Qué distingue a un autor en fotografía?

Son varias historias que se entrelazan. Como la banalización de la fotografía, porque ahora todo el mundo hace fotos. A mí no me parece mal. Es como cuando la escritura salió de los monasterios y la gente empezó a escribir. Hoy todo el mundo escribe y nos parece maravilloso, pero  escribir la lista de la compra o un informe médico no es literatura. La literatura exige que quieras contar una historia, con una manera de contarla, un estilo. Y en fotografía pasa un poco lo mismo. Lo que diferencia no es la herramienta, no es que uno haga fotografías con el móvil, porque hay trabajos magníficos con móvil, en la revista hay un trabajo documental muy interesante hecho con un móvil. La diferencia es que el autor tiene una intencionalidad, quiere contar una historia con un estilo concreto. Esa es la gran diferencia entre un autor y un ‘hacedor’ de imágenes.

Y en tu caso, ¿qué buscas mostrar con tus trabajos, cuál es esa intención?

Lo que yo quiero contar va cambiando un poco. Tengo un montón de temas que me interesan, que me acompañan adonde yo vaya. Me interesan esas zonas residenciales, como las llamo, que son los cementerios. Cada vez que voy a una ciudad o un pueblo procuro visitar el cementerio, porque me parece interesante en sí mismo. Y lo que yo haga con esas fotos, como las ordene y las presente, les puede dar una lectura u otra. A cualquier tema se le puede dar enfoques muy diferentes. Puedes ir a un cementerio y hacer fotos de carácter arquitectónico pero también le puedes dar un carácter sobre la memoria o el abandono. Eso es lo que el autor lleva consigo, su manera de interpretar las cosas. También tengo las sombras, la abstracción, la vida en la calle, el humanismo y ahora el mar, dentro de mi código de temas. Cada vez me acerco más a la poesía, a la fotografía metafórica, a contar cosas en base al significado que tienen determinadas imágenes o el que pueden adquirir en función de cómo las coloques junto a otras para construir un relato. En ese sentido, el libro ‘Todo va bien’, que es el último que he publicado, me aclaró muchos conceptos. Es un libro en el que no hay ni una sola palabra, ni una sola referencia, ni una fecha, porque precisamente las imágenes van construyendo un relato de abandono, de sociedad un poco absurda en muchos de sus planteamientos, y son las imágenes las que tienen que hablar. Si alguien no es capaz de ver esas imágenes es porque no he sido capaz de transmitirlo o porque quien lo está viendo no tiene los mismos códigos. Muchas de las imágenes de ese libro parecen muy tontas, muy sencillas, pero tienen una verdadera carga irónica detrás. Es algo que cada vez me interesa más, ese tipo de lectura metafórica, oculta, de segundas intenciones en la imagen.

Otro debate clásico en fotografía es el de la fotografía tal cual sale al disparar o la que se ‘crea’ al revelar. ¿Con cuál te quedas?

Yo es que no soy de ningún bando. Yo lo comparo con el fútbol, que como no soy aficionado puedo disfrutar de un buen partido. De hecho, soy entrenador regional de fútbol, porque estudié INEF, pero no soy forofo de ningún equipo. Si estoy con un grupo de gente viendo un partido y todos son, por ejemplo, del Real Madrid, yo me pondré ese día con el Barça. A mí me gustaría, como en muchas otras cosas, que un jugador del Madrid pudiera reconocerlo cuando un jugador del Barça hace una buena jugada, o cuando otro equipo funciona mejor que el tuyo. Soy de los que siguen pensando en que lo importante es la calidad del juego, no los resultados, y eso es así con todo. En casi toda mi trayectoria, he hecho muy poco reencuadre y toco poco las fotos, aunque he tenido épocas de revelarlas más, pero si tengo que reencuadrar, lo hago. En ‘Todo va bien’, parece que son fotos tal cual se han tomado, pero si te fijas un poco ves que tienen un procesado muy fuerte y profundo, igual que en el libro ‘Vidas encontradas’ también lo hay aunque apenas se nota, solo en que todas las fotos, desde el año 70 al 2016, tienen una apariencia similar, porque me he preocupado de revelarlas para que tengan una sintonía en cuanto a tonos, texturas y acabados finales. Siempre que hagas algo que esté de acuerdo con la finalidad, está bien. ¿Es que un fotomontaje no es buena fotografía? ¿O el collage? ¿No hacían buenas fotografías Joan Fontcuberta o Manuel Falces con sus fotomontajes? Decir que algo no se puede hacer siempre me ha parecido un poco absurdo. Las normas, cuanto más estrictas, son menos aplaudibles. No me gusta encorsetar tanto las cosas.

Llevas casi 30 años en Almería. ¿Qué te ha aportado como fotógrafo?

Fundamentalmente, calidad de vida. Yo nací y me crié en Madrid, y allí empecé mi trayectoria. En Madrid tienes que andar muy deprisa y hacer muchísimas cosas. Yo hacía cerca de 300 kilómetros todos los días, ida y vuelta dos veces desde Tres Cantos, más lo que tardaba en buscar aparcamiento y lo que te mueves por allí. A mí me obsesiona mucho perder el tiempo, que para mí es pasar media hora buscando unas tijeras que deberían estar en un sitio, porque soy muy ordenado, y no las encuentro. O estar en un coche buscando aparcamiento o estar parado en un atasco. Así que hice un estudio y con el coche parado pasaba ocho horas a la semana. Si extrapolas eso, ves que pasas media vida en un coche para llegar a ningún sitio. Así que te planteas qué sentido tiene pelear por tantas cosas que se supone que ofrece la ciudad de las cuales no disfrutas porque no tienes tiempo material. Tienes que dedicar mucho tiempo a ganar muchísimo dinero para pagar muchísimas cosas… Es un círculo que a mí me sacó de Madrid en cuanto tuve la oportunidad. La pandemia nos ha dado la oportunidad, que no estamos sabiendo aprovechar, de llevar gente de las ciudades a los pueblos, volver a darle vida a la España vaciada.

¿Y desde un punto de vista creativo?

Tienes más tiempo para pensar. En las grandes ciudades, a no ser que tengas muchos posibles económicos, vas siempre a la carrera, no te da tiempo a pensar. La creatividad requiere de reflexión y de cierta calma. Y luego tienes unos paisajes maravillosos.

¿En qué proyectos estás trabajando?

Lo próximo espero que sea el libro de ‘Línea de flotación’. Cada vez me interesan más los libros que las exposiciones. Una exposición está bien pero el libro o la revista, una publicación en el formato que sea, cada vez me gusta más porque tiene otro contexto muy diferente. La exposición está en una sala y tienes varios espacios para mirarla. El libro requiere una cierta intimidad. Es otro planteamiento. De la exposición en la calle me interesaba que así podía verla mucha más gente. A mí me entristece mucho ver cómo las salas de los museos y las galerías suelen estar vacías.

Para terminar, ¿por cuál de tus trabajos te gustaría ser recordado?

Mi trabajo es muy ecléctico y cada vez recorto más lo que enseño. Por ejemplo, la página web la estoy reduciendo, filtrando bastantes cosas. Pero a mí me interesan mucho trabajos como ‘Foto-Grafías’ o ‘Desfragmentaciones’, los que yo llamo ‘Limítrofes’ porque están al límite del propio medio, son imágenes que no parecen fotografías. De hecho, es fotografía pero sin cámara, pero el material, las herramientas y las técnicas son fotográficas. Esos trabajos me interesan tanto como la fotografía documental hecha en la calle, directa. Salto de una a otra, se complementan.

(Entrevista publicada en el número de junio de 2021 de la revista Foco Sur).

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