El agua ya no espera… desespera

El Almanzora, pendiente del Negratín y de si llueve. Tabernas y Filabres, con los acuíferos exprimidos y sin alternativas. El Bajo Andarax, con un parche temporal… El campo almeriense se muere de sed y las soluciones no van a llegar pronto. 

El campo almeriense se muere de sed. La sequía y la sobreexplotación de acuíferos pintan un panorama desolador para el futuro de la agricultura en varias zonas de la provincia, si no se toman medidas urgentes y definitivas. Y si la situación es grave ahora, los agricultores van a pasar un otoño mirando al cielo. Como las lluvias sigan escaseando, el problema irá a más, poniendo en riesgo el futuro de los productores.

Agricultores y expertos conocen las posibles soluciones a un problema arrastrado durante décadas, pero estas o no acaban de ser definitivas o no van a llegar a corto plazo, con el peligro que esto supone para unas producciones que no pueden esperar. La llegada a mediados de agosto del agua de la desaladora de Almería ha venido a aliviar, al menos de forma provisional, la situación en el Bajo Andarax, donde estaban viviendo al límite desde que en mayo la Consejería de Medio Ambiente cortó el grifo de la depuradora del Bobar.

Y en el Poniente, la situación parece normalizarse gracias a la coordinación entre los regantes desde que llegaron a un acuerdo para implantar un sistema de gestión del agua coherente con el que, a la larga, pretenden que se recuperen los acuíferos de la zona. Sin embargo, en otras comarcas, como el Campo de Tabernas y Filabres o el Alto Almanzora, la situación es dramática.

Almanzora: peligro inminente

En esta última, los agricultores no tienen garantizado el suministro de agua para riego este otoño, si no se modifica la ley respecto al trasvase del Negratín en el último minuto, lo que está haciendo que incluso se estén planteando no sembrar, para no desperdiciar una cosecha. Para agravar este negro y seco panorama provincial, las soluciones que hay sobre la mesa, aunque serán necesarias para garantizar el futuro de los cultivos e incluso del abastecimiento, no van a llegar a corto o medio plazo.

“El Almanzora es quizás la zona más preocupante”, afirma Andrés Góngora, secretario provincial de COAG Almería. En esta comarca, el problema arranca, precisamente, con la aprobación de los trasvases del Tajo-Segura y el Negratín. Con la llegada del agua, explica Góngora, “en la última década se han recuperado muchos cultivos y ahora no hay trasvase del Tajo-Segura y peligra en septiembre el del Negratín, que no está garantizado”. Las perspectivas de futuro son muy negras, si se corta el grifo del Negratín. “La gente no sabe qué hacer, si sembrar o no”, cuenta Góngora, porque “no se sabe cómo va a acabar”.

El problema, en realidad, podría estar solucionado desde hace tiempo si se hubieran ejecutado las partidas presupuestadas durante tres años para la reconstrucción de la desaladora de Palomares, inutilizada desde hace cinco años por una riada y que, desde entonces, espera que el Gobierno dé luz verde a la obra. “Es inexplicable por qué no se ha arreglado”, se lamenta el secretario provincial de COAG, consciente de que los 12 hectómetros anuales perdidos aliviarían en parte la situación de los agricultores del Almanzora, una zona que, con sus 24.000 hectáreas de cultivo, representa el 40% de la producción agrícola de la provincia.

Como medida provisional, Góngora propone que se prorrogue el trasvase del Negratín hasta finales de octubre, cuando finaliza el año hidrológico. A partir de entonces, el contador se pone a cero y habría que esperar que los niveles suban. Aunque, alerta Góngora, “si no llueve lo suficiente en otoño, vamos a tener un problema muy serio”.

José Antonio Fernández Maldonado, presidente de la Federación de Regantes de Almería (Feral) y portavoz de la Mesa del Agua, también apunta al enorme riesgo que corren los cultivos de la comarca: “Si se quitan los 43 hectómetros del Negratín para el Almanzora, sería una catástrofe, lo nunca visto, porque allí gastan 80, así que la aportación del Negratín es más del 50%, y el Tajo-Segura apenas envía”. Asimismo, cuenta que han propuesto la construcción de una nueva desaladora en el área de Pulpí, de 30 hectómetros cúbicos, que los mismos regantes estarían dispuestos a costear, y que ahora está en fase de negociación directa con la Junta de Andalucía. Pero, matiza, “se tardaría al menos tres o cuatro años en hacerla”. Es, por tanto, una solución a la larga.

Campo de Tabernas: acuífero sobreexplotado

La situación del Campo de Tabernas y la zona de Filabres es ya alarmante. No solo se están quedando sin agua para el campo; además, peligra el abastecimiento para los ciudadanos. El principal problema es que dependen en exclusiva del acuífero del río Aguas, que todos coinciden en señalar que está sobreexplotado en hasta un 400%, y no hay, a día de hoy, de dónde llevar agua. Así lo asegura Andrés Góngora, que incide en que “en Tabernas, aparte del problema de los pozos ilegales y del jaleo que hay montado, es que no hay recursos de donde sacar agua, solo el acuífero, que es muy pobre”.

Existe un plan para canalizar agua de la desaladora de Carboneras, esperando desde hace dos años en el Ministerio de Medio Ambiente a que se le dé luz verde. No es una solución a corto plazo y, además, esta desaladora ya va al máximo de producción, por lo que habría que ampliarla.

El proyecto consiste en la construcción de una conducción de agua desde Venta del Pobre a Campo de Tabernas, para dar abastecimiento a Lucainena de las Torres, Sorbas, Turrillas, Tabernas y Uleila del Campo. El portavoz del PSOE en la Diputación de Almería y alcalde de Serón, Juan Antonio Lorenzo, explica que “la obra costaría alrededor 33 millones de euros e incluso la comunidad de regantes estaba dispuesta a financiar los proyectos, que cuestan 600.000 euros y pondrían unos 500.000”. Lorenzo opina que los próximos Presupuestos Generales del Estado deberían incluir una partida para construirlo, aunque dependiendo de la cuantía, avisa de que “la obra puede durar diez años o uno y medio”.

La falta de iniciativas para remediar el problema es, según José Antonio Fernández, lo más preocupante. El presidente de Feral se lamenta de que entre los regantes del Campo de Tabernas “no se proponen soluciones, solo se señalan culpables”. Para él, es urgente “crear una Junta Central de Usuarios, con los Ayuntamientos y los regantes, calcular el déficit hídrico y estudiar de dónde se va a sacar el agua, que cuando no hay, hay que traerla de fuera”.

Los datos oficiales recogidos por el Plan Hidrológico indican que el acuífero tiene capacidad para 5,6 hectómetros cúbicos anuales pero se extraen 16,8, tres veces más. Esto ha provocado que pozos utilizados históricamente queden secos y que se esté perforando a más profundidad, aumentando así la sobreexplotación. A este ritmo, calculan los expertos, se el acuífero se agotaría en unos cinco años. Por ello, Izquierda Unida ha presentado una Proposición No de Ley en la Comisión de Medio Ambiente del Parlamento Andaluz para que se tomen medidas a favor de la recuperación del acuífero. El responsable del Área de Medio Ambiente, Enrique Ruiz, tiene claro que “se debería limitar el regadío intensivo que se está realizando porque está provocando un desastre”.

Juan Antonio Lorenzo asegura además que el problema es más grave que la falta de agua para regadíos, ya que “hay problemas serios de abastecimiento, la gente está ya pasando sed”. Así, si no se acuerdan soluciones definitivas cuanto antes, alerta de que “el futuro de Tabernas es que no haya agua ni debajo del suelo”.

Bajo Andarax: solución provisional

En la zona del Bajo Andarax y la capital, tras varios meses viendo cómo las balsas iban descendiendo desde que se prohibió el uso del agua de la depuradora de El Bobar, a finales de agosto han visto aliviada su situación tras ponerse en funcionamiento la canalización de 5,11 hectómetros cúbicos procedentes de la desaladora de Almería, que se sumaba a la aprobada, previamente, de la de Carboneras. Una solución, no obstante, que para los regantes tiene que ser temporal, debido al precio más alto que tiene el agua desalada, incluso cuando se vende a precio de coste, como en esta ocasión, comparada con la que llega por otras vías.

“La solución es que se vuelva a usar el agua de la depuradora, con garantías de que llegue con suficiente calidad”, afirma el secretario provicial de COAG. El portavoz de la Mesa del Agua, en la misma línea, dice que “con el agua de las desaladoras se va a salvar al menos la campaña de otoño”, aunque “para la de primavera, esperamos que esté la concesión definitiva de la EDAR del Bobar”. Fernández Maldonado tiene claro que lo que les ha caído encima a los regantes de esta zona “es un problema político, de derechos del agua”. Y, añade señalando las consecuencias, “por ello se tiran 14 hectómetros cúbicos anuales al mar”.

La situación, explica el también presidente de Feral, es menos grave en otras comarcas de la provincia, aunque también tengan sus preocupaciones. Así, por ejemplo, “Níjar no tiene problemas de agua ahora mismo, pero sí de precios, porque es muy cara”, cuenta consciente de que “es un mal menor, peor es no tener agua”. En esta zona, que a día de hoy depende también de la desaladora de Carboneras, “habría que hacer una Junta Central de Usuarios para elaborar un plan de recuperación del acuífero, porque no se está recuperando a pesar de traer el agua de la desaladora”, cuenta José Antonio Fernández, que añade que estos regantes “tienen para dos años, pero ya han pedido una ampliación”.

El trabajo de coordinación y gestión de la Junta Central de Usuarios de Poniente ha convertido a esta zona en ejemplo de cómo trabajar de forma conjunta para hacer un uso eficiente de los recursos hídricos. Por eso, Andrés Góngora la pone como modelo y asegura que “si todos los que tienen que ver con un el agua no se ponen de acuerdo para hacer un uso coherente, no habrá solución al problema; la única forma de ordenar el uso del acuífero es con una Junta Central de Usuarios que funcione como la del Poniente”.

El riesgo de depender de las sobras de otros

“Almería tiene falta de una planificación general de infraestructuras hidráulicas que sea definitiva y garantice el futuro de la agricultura”. asegura Juan Antonio Lorenzo, que considera que “la planificación que se hizo en su día de desoladoras por toda la costa debería seguir desarrollándose”. Para él, “basar tu futuro en las sobras de agua, en los excedentes de otras cuencas, es un riesgo grandísimo” y está convencido de que “lo lógico es preparar agua desalada, que esté subvencionada por el Estado para que haya un equilibrio con los costes de producción independientemente de la zona”.

En esta misma línea, Andrés Góngora afirma que “la ampliación de la desaladora de Carboneras es fundamental para el Almanzora y para el Campo de Tabernas pero no va a ser una solución rápida”. Además, añade que “ahora mismo no hay producción suficiente para poner en marcha el proyecto de canalizar agua a Tabernas desde la desaladora de Carboneras”, ya que esta ya está produciendo al 100%. Por ello, los regantes también reclaman que se impulse la segunda fase de esta infraestructura para que se amplíe la producción de agua.

Otra obra pendiente, desde hace ya cinco años, es la de reconstrucción de la desaladora de Palomares. Este último mes de agosto, José Luis Sánchez Teruel, secretario general del PSOE de Almería, pedía al Gobierno que incluya partidas y se ejecuten, ya que en años previos ha habido partidas presupuestadas pero luego no se llevaban a cabo las obras. Además, “en compensación por el tiempo de espera”, pedía que se amplíe en 10 hectómetros cúbicos más.

Sánchez Teruel también solicitaba que los Presupuestos de 2018 contemplen una inversión de 51 millones euros para la construcción de un nuevo embalse en el Guadiana Menor, en Cerrada de la Puerta, con una capacidad de unos 289 hectómetros, que daría más capacidad a la cuenca y beneficiaría a los agricultores de toda Andalucía oriental.

La Junta de Andalucía también ha comenzado a moverse y en agosto publicaba en el BOJA las bases reguladoras de una línea de ayudas de mejora de regadíos, dotada de 48 millones de euros, con la que “pretendemos apoyar inversiones dirigidas a la modernización, la transformación, la consolidación y nuevos regadíos”, según anunció Rodrigo Sánchez, consejero de Agricultura, Pesca y Desarrollo Rural. Además, se destinarán otros 15 millones de euros a favorecer las inversiones en autoproducción y ahorro de energía.

El campo almeriense, justo el que es ejemplo internacional de aprovechamiento de agua, corre peligro de morir de sed. Para aliviarlo, solo se necesita voluntad política para construir las infraestructuras pendientes desde hace años, porque los agricultores y, también, los vecinos de las zonas afectadas no pueden esperar más; y es igual de urgente que los usuarios se coordinen y empiecen a colaborar para hacer una gestión eficiente del agua de que disponen y recuperar sus acuíferos. Lo contrario es abocar a la provincia a que, cada pocos meses, se esté en situación de alerta, dependiendo de decisiones de último minuto o del capricho de la meteorología, y cada vez con menos agua. Hasta que se exprima la última gota.

El ejemplo del Poniente en la gestión del agua

La pasada primavera, la Junta Central de Usuarios del Poniente llegaba a un acuerdo por el que se establecía cómo llevara a cabo un uso racional del agua de riego, con el objetivo de recuperar los acuíferos de la zona. Y, en pocos meses, está demostrando ser un éxito. “La Junta General de Usuarios del Poniente ha demostrado que si se trabaja de forma coordinada se obtienen resultados”, confirma Andrés Góngora, que añade que “creemos en ese modelo para recuperar acuíferos y regular el regadío” en otras zonas de la provincia.

“Aquí estamos bien, la desaladora de Balerma ya va al 50% y cogemos agua del acuífero superior, no del inferior, para que se recupere”, relata José Antonio Fernández. “El plan para 2017 se está cumpliendo”, añade, “así que estamos comenzando a recuperar el acuífero”.

El plan consiste en limitar las extracciones hasta 2027 n 77 hectómetros cúbicos. Para ello, se están cerrando pozos y se están sustituyendo estos recursos por alternativas como el agua desalada de la estación de Balerma y aguas regeneradas, para lo que se aprobó una cuota voluntaria de un céntimo por metro cúbico para financiar la sustitución de los recursos hídricos. Así, se han incorporado a los diferentes sistemas de riego 7 hectómetros cúbicos de agua desalada, 7,5 hectómetros cúbicos de agua del embalse de Benínar y 2 hectómetros cúbicos de la Balsa del Sapo, 16,5 hectómetros cúbicos en total que se suman a los 4 hectómetros cúbicos procedentes del acuífero superior, que es excedentario.

Además de los recursos hídricos que se incorporan directamente al riego, la reducción de las extracciones se sustenta en los más de 9 hectómetros cúbicos de agua desalada que Roquetas de Mar, Vícar y El Ejido consumirán a lo largo de este año. Así, con los nuevos recursos para riego y abastecimiento urbano, la Junta Central de Usuarios del Poniente preveía dejar de extraer en 2017 hasta 30 hectómetros cúbicos, cantidades que se mantendrán en 2018, si no hay imprevistos. Incluso cuentan con incrementar en 10 hectómetros cúbicos el consumo de aguas depuradas y elevar hasta 13,5 el hectómetros cúbicos el consumo anual de agua desalada entre riego y abastecimiento.

Para el futuro, “habría que construir la desalobradora de la Balsa del Sapo”, avanza el presidente de Feral, para quien es necesario que este proyecto se ponga en marcha cuanto antes, ya que “las administraciones la han pensado para dentro de diez años, pero no estamos para estar diez años tirando agua al mar”.

La Mesa del Agua propone soluciones

Un nuevo modelo de consumo que facilite el autoconsumo entre los regantes y la implantación de energías renovables para la desalación son los principales objetivos de una serie de propuestas “prioritarias para Almería” presentadas el pasado mes de julio por la Mesa del Agua, organismo que aglutina a usuarios como Feral o las distintas Juntas Centrales de regantes de la provincia, así como a organizaciones como COAG o Asaja, entre otras.

Entre las propuestas, destaca la finalización de la “autovía del agua”, que facilitaría el trasvase de recursos entre los embalses de Benínar y de Cuevas del Almanzora; la ampliación de la desaladora de Carboneras; la recuperación de la desaladora de la Rambla Morales, en Níjar; la construcción de la desalobradora de la Balsa del Sapo; la ejecución de terciarios en las plantas depuradoras, que facilite el uso de aguas reutilizadas para riego; la implantación de un plan especial de regularización de aguas de riego que, entre otra cosas, acabe con los pozos ilegales; la reclamación a las distintas administraciones competentes de un plan de inversiones en materia de agua; e impulsar la constitución de Juntas Centrales de Usuarios a lo largo de toda la provincia para asegurar la buena gestión de los recursos hídricos de la provincia.

La Mesa del Agua calculaba también en el informe el déficit hídrico de la provincia en julio de 2017, que ascendía a 191,8 hectómetros cúbicos.

Reportaje publicado en el número de septiembre de 2017 de la revista Foco Sur.

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