Realidad y ficción: lo demás no cuenta


Miguel Blanco

Artesanos almerienses, creatividad y tradición

El sector de la artesanía almeriense destaca por la variedad de sus creaciones, en cerámica, metal, piedra o piel, en las que se muestra el talento creativo de sus autores y un trabajo por continuar ofreciendo piezas tradicionales de la provincia.

En un mundo cada vez más veloz y dominado por la tecnología, dedicarse a elaborar a mano piezas de calidad es una actividad contracorriente y con trazas de romanticismo. Dar prioridad a la calidad, el detalle, la tradición y la cultura sobre la cantidad y la rapidez de entrega es un riesgo que los artesanos afrontan y que encuentra la respuesta positiva de clientes que buscan algo más que productos de usar y acabar tirando.

Cerámica, alfarería, piedra, metal, madera o cuero son las materias primas que los artesanos almerienses trabajan con dedicación, precisión y originalidad, transformándolas en piezas destacadas, personales, válidas para el uso cotidiano o como elementos decorativos. Son productos que destacan por la calidad de la materia seleccionada, los diseños exclusivos y por una elaboración realizada con precisión y cuidado por los detalles. En la provincia de Almería, están registrados 92 artesanos y empresas artesanales. Once de ellos están reconocidos como Maestros Artesanos por la Junta de Andalucía. Cuatro tienen el distintivo ‘Andalucía, Calidad Artesanal’. Asimismo, hay once Puntos de Interés Artesanal y dos Zonas de Interés Artesanal, la de Macael y el Valle del Almanzora, que incluye a 16 talleres de la comarca; y la de Níjar, con siete talleres.

El sello ‘Andalucía, Calidad Artesanal’, que se concede a determinadas obras, lo tiene por varias de ellas Tim Bernhardt, cuyo taller en Sorbas, el Centro Artesano de las Pitas, es asimismo Punto de Interés Artesanal. En él construye y exhibe sus instrumentos musicales fabricados en madera de pita, además de otras piezas elaboradas con la misma materia prima. En la misma localidad, José Miguel García Muñoz cuenta también con ambas distinciones. En su taller, Alfarería Juan Simón, mantiene viva una tradición de siglos elaborando en el torno piezas de barro que le han valido para ser reconocido como ‘Maestro Artesano’.

A la cerámica se dedica Antonio José Flores, en Costacabana, quien también está reconocido con la distinción ‘Andalucía, Calidad Artesanal’ y la de ‘Maestro Artesano’. Asimismo, su taller es un Punto de Interés Artesanal.  El cuarto sello está en Huércal de Almería, en el taller del luthier Gerundino Fernández Llamas, continuador de la tradición familiar, que ha recibido la distinción por su guitarra artesanal flamenca y su guitarra artesanal clásica.

Instrumentos de madera de pita

Ellos y el resto de artesanos de la provincia llevan a cabo un trabajo de creación, elaborado con sus propias manos, opuesto a la producción industrial en masa de productos clónicos que llenan las estanterías en tiendas físicas y digitales. Unos llegaron al oficio por tradición familiar; otros, siguiendo su instinto creativo. Pero todos tienen en común el amor por la obra bien hecha y el cuidado por el mínimo detalle para que sus piezas destaquen por su calidad y originalidad.

Es el caso de Tim Bernhardt, quien se asentó en nuestra provincia en 1993, durante un viaje en autocaravana por España, procedente de Hamburgo. Aquí se enamoró del paisaje de Cabo de Gata y el clima y, tras aprender a elaborar un tambor con madera de pita tras una noche festiva en Las Negras, decidió probar suerte en este oficio. Tim recuerda aquella noche junto al fuego que se prolongó hasta el amanecer, tocando el tambor que llevaba Pedro, un extremeño que le acabaría enseñando cómo fabricar el instrumento.

“El primer tambor ‘nació’ en Sorbas el 3 de noviembre de 1993”, rememora. El mismo día, abría el centro artesano Las Pitas. Además de la madera de pita, el tambor está fabricado con piel de cabra que compró a un carnicero de Níjar. “Esa piel todavía sigue puesta en ese tambor, 32 años después”, asegura. Durante diez años, elaboró “unos 250 tambores”. Y entonces, “descubrí que hay otros ocho metros, por lo menos, de madera que también se podían aprovechar”.

El tambor se hace con la base del tronco de la flor del agave, lo que comúnmente llamamos pita. El palo era sobrante. Hasta que, con él, Bernhardt comenzó a elaborar otros instrumentos, así como piezas decorativas. “Ahora, desde el tambor hasta la punta de la flor, se aprovecha cada milímetro”, señala el artesano, “hasta el serrín que sale de la lijada, que lo mezcló con cola para rellenar grietas”.

En la tienda taller de Sorbas, así como en la recientemente abierta en Níjar, se pueden apreciar, tocar, probar y acabar comprando instrumentos como el kazoo, el güiro, el silbato coyok (que imita el sonido de pájaros) o el shaker; y otras piezas como el pueblo mágico, incensarios, maceteros o palos horquilla. Todos elaborados con madera de pita y con procesos 100% sostenibles.

Asimismo, imparte talleres y ofrece visitas guiadas en las que se puede comprobar cómo es todo el proceso de elaboración de las piezas. El espacio de Sorbas “es una exposición, es una tienda, es un taller y es un centro de interpretación de la planta”, resume el artesano, el único que cuenta con una autorización especial de la Consejería de Medio Ambiente para poder utilizar esta madera, así como con permisos de los propietarios de los terrenos donde proliferan las pitas.

Piezas de alfarería tradicional

En el mismo pueblo de la sierra de Filabres, José Miguel García está al frente de la Alfarería Simón, donde continúa el oficio tradicional de elaborar piezas de barro en el torno. En su taller, también tienda, cualquiera puede entrar, ver cómo trabaja y encargar la pieza que necesite, con las características que quiera.

A lo largo de los años, José Miguel ha visto cómo ha evolucionado el gusto de la clientela, o sus necesidades. Así, sus piezas más demandadas eran siempre “el lebrillo o el cántaro, que suelen ser grandes”, pero en lo que llevamos de siglo “la pieza grande ha pegado un bajón”. En la actualidad, añade, le encargan más “el cuenco, la ensaladera, cosas de uso de una casa normal, como un plato de comer o una vajilla”. Y cualquier cosa que el cliente solicite, como una lámpara o un juego de candelabros.

El alfarero reivindica la calidad y el detalle con el que se elaboran sus piezas y las del resto de artesanos de la provincia, frente a las producciones industriales que llegan en masa desde las mismas fábricas, en su mayoría chinas. “Nuestras piezas se nota que están hechas a mano, con cariño, por ejemplo, si se pinta una flor, está hecha con un pincel”, explica, “la gente se queda asombrada”. Por el contrario, “lo que viene de allí es todo industrial, todas son iguales, puedes coger doscientos platos y no hay ninguno que tenga un color distinto”. En este sentido, señala que “hay gente que reivindica el kilómetro cero, que reivindica lo nuestro, y eso es lo que le damos”.

José Miguel destaca asismismo que “cuando tienes clientes fieles, es porque estás dando una calidad”, que se certifica con el uso diario que se dan a sus piezas en las casas de quienes las compran. Y revela que la mayor parte de la clientela que tienen, cuando salen a ferias en distintos puntos del país, es gente joven. “A nosotros nos motiva mucho de que llevamos bastante tiempo viendo que nuestro mayor cliente es gente joven, es la que tira del carro”, asegura.

El bolso de la reina

La atracción de las últimas generaciones por los productos artesanales no se da solo como clientes. Hay quienes se plantean dedicarse a ello como una forma de expresar su creatividad y, de paso, de ganarse la vida. Algunos mantienen el sueño de dedicarse a lo que de verdad les gusta mientras la carrera profesional se ha construido en otras direcciones. Hasta que, un día, las piezas comienzan a encajar y deciden dar un cambio de rumbo a sus vidas, dedicándose a lo que llevaban tiempo deseando hacer.

Carmen Gómez, ingeniera, trabajaba en un estudio de arquitectura cuando estalló la burbuja inmobiliaria en 2008. Desde más joven sabía coser y tenía experiencia elaborando bolsos de tela que vendía en su época universitaria. La crisis la dejó en horario de media jornada y decidió compaginar el trabajo con estudios de moda en la Escuela de Arte de Almería. Hasta que, un día, se encuentra en el paro y decide que había llegado el momento. “Ya tenía registrada la marca, Mona Moon, y monté un pequeño taller en casa”, rememora.

Los inicios, hace doce años, no fueron sencillos; tenía que abrirse camino en un mundo muy distinto al que conocía profesionalmente, de la nada y sin puertas a las que tocar, para ver si su idea de elaborar bolsos de piel artesanales tenía futuro. “Empecé desde cero”, recuerda. Gracias al de boca en boca, empezó a conocer a “gente interesada en lo que yo hacía, gente que buscaba algo diferente y que valoraba llevar algo que no lo llevara nadie, más exclusivo”. Al poco, ya tenía tienda taller, que hoy está en la calle de las Tiendas de Almería y es Punto de Interés Artesanal.

Allí diseña, elabora y vende bolsos de piel hechos a mano y otras piezas de marroquinería, como billeteras o carpetas de trabajo. Todas ellas, con piel de la mejor calidad. Son “productos especiales y, en cierta manera, únicos, diferentes a lo que se produce en masa”, reivindica Carmen, que asegura que “si quieres llevar algo diferente y bien hecho, hoy por hoy la única forma es apostar por la artesanía, por las marcas pequeñitas de diseñadores”.

Entre los bolsos que ha creado, destacan los modelos Saca, el favorito de la diseñadora; el bolso mochila, el más vendido; y, por supuesto, el modelo Tokio, que en su versión en negro llevó en marzo de 2025 la reina Letizia en un evento, se hizo viral por ello, y provocó que la diseñadora almeriense recibiera la atención de los medios nacionales y que el bolso tuviera un pico de ventas.

De la porcelana al metal

Un giro profesional fue también lo que llevó a Belén Alférez a pasar de la publicidad a la creación de joyas artesanales. El detonante fue su propia boda, para la que diseñó y elaboró el tocado que ella llevaría, porque no le gustaba lo que encontraba. La diseñadora del traje lo vio y le propuso colaborar con ella. Así entró en 2015 en el mundo de la artesanía, haciendo que su marca, Amadamadrina, fuese referencia entre las futuras novias por sus tocados modelados en porcelana. Hasta que llegó la pandemia.

En esa época, comenzó a trabajar con metal y descubrió que la joyería es “lo que más me gusta, así que sigo haciendo novia por encargo, pero menos”. En metal, se encarga “del diseño, desde el inicio hasta el final”. Y deja claro que “hay mucha gente que dice que hace joyería artesanal, pero hay que distinguir entre montar joyas y crearlas”. Así, añade que “comprar abalorios en plataformas chinas y colgarlos de una cadena no es hacer joyería artesanal; la joyería artesanal lleva un proceso de creación, de la idea, el desarrollo, la realización y la producción”.

Belén diseña sus joyas y las elabora en latón, para poder modelar el metal, bañado en oro. Entre sus piezas, destaca los pendientes Medusa, los Bogavantes, una de sus últimas creaciones, los anillos Pulpo o la Raspita Luna. Son anillos, collares y pendientes que su creadora espera que, a quien los compre, “le gusten con la misma intensidad hoy y dentro de diez años”.  

Amadamadrina no tiene tienda propia, solo online, pero tiene varios puntos de venta en la ciudad de Almería, en tiendas colaboradoras. Además, como tantos artesanos, recorre mercados especializados, entre ellos el Treze Market que se desarrolla en verano en Rodalquilar. La diseñadora reconoce que es complejo dedicarse hoy en día a la artesanía, porque hay que ir haciéndose un nombre y conseguir atraer a ese tipo de cliente que busca algo más que las producciones en serie que proliferan por calles y hogares. “Las clientas que yo tengo las aprecian muchísimo”, asegura, “pero es un mundo que cuesta mucho, porque hay mucho de todo”.

Para que la obra de estos creadores esté más reconocida sirven iniciativas como las distinciones y certificados de la Junta de Andalucía o las ayudas al sector, así como la recién creada marca ‘Talento Almeriense’, en la que está incluido un buen número de artesanos de nuestra provincia. Esta pasada Navidad, han tenido la oportunidad de mostrar y vender sus piezas en la tienda que la marca provincial ha tenido abierta durante dos meses en pleno Paseo de Almería.

“Parece que hay un poco un despertar, de potenciar este sector artesano, que tanta importancia tiene para crear atractivos en las zonas rurales”, señala Tim Bernhardt. “Nosotros creamos estos recuerdos que luego el visitante se lleva a casa, que lo ve todos los días, que lo ven todos los amigos”. De esta forma, añade, “ponemos el pueblo en el mapa para que venga gente a conocerlo y también contribuimos a que se mantengan con vida estas zonas”. El sector de la artesanía es, por tanto, una muestra más de la creatividad de los almerienses y de la capacidad para mantener sus tradiciones más allá de las modas del momento en un mundo globalizado. 

La artesanía almeriense en cifras

92 artesanos y empresas artesanales registradas

Once Puntos de Interés Artesanal

  • Juan Eugenio y Antonio Alfonso Fernández, en Albox
  • Emilio Alejandro Pérez Rodríguez, Antonio José Flores Martínez, Mona Moon y Sal de Coco, en Almería
  • Dall Villa Art, en El Ejido
  • Baldomero García Solís, Rafael Granados García y Alfarería Ángel y Loli, en Níjar
  • José Miguel García Muñoz y Tim Stefan Bernhardt, en Sorbas

Dos Zonas de Interés Artesanal

  • Macael y Valle del Almanzora, con 16 talleres
  • Níjar, con siete talleres

Cuatro artesanos con distintivo ‘Andalucía, Calidad Artesanal’

  • Antonio José Flores Martínez, Ceramista, Almería
  • Gerundino Fernández Llamas, Luthier, Huércal de Almería
  • José Miguel García Muñoz, Alfarería, Sorbas
  • Tim Bernhardt, instrumentos musicales de madera de pita, Sorbas

(Reportaje publicado en el número de mayo de 2026 de la revista Foco Sur).

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