Realidad y ficción: lo demás no cuenta


Miguel Blanco

Andrés Sánchez Picón: “Cooperar, cuidar la marca y diversificar riesgos son las enseñanzas de nuestra historia económica que valen para el momento actual”

Como catedrático de Historia Económica de la Universidad de Almería, Andrés Sánchez Picón es experto en los procesos comerciales que se han desarrollado en nuestra provincia a lo largo de los siglos. Aquí cuenta los momentos clave de nuestra historia, analiza la situación actual y recomienda acciones para garantizar que, en el futuro, Almería siga en la buena senda económica.

¿Cuál es el panorama actual de la economía de Almería?

Almería no es una isla, participa de la evolución de la estructura económica a nivel nacional y europeo. En ese sentido, las proyecciones son favorables, con varios sectores que son los tractores de nuestro desenvolvimiento económico, como es el de la agricultura intensiva y toda la industria auxiliar que hay alrededor de ella. El turismo, que no tenemos todavía los datos pero probablemente este verano haya habido una afluencia turística muy importante, aunque con algunas dificultades en algunos destinos, incluido, por ejemplo, la capital. Y con un sector de la piedra que está teniendo un comportamiento muy positivo en los últimos tiempos, a rebufo del tirón del sector de la construcción. El panorama en general es favorable, aunque hay nubarrones en el horizonte.

¿Cuál es el punto fuerte de cada uno de esos tres sectores?

La agricultura intensiva en Almería ha cumplido el papel que en otras zonas cumplió la industria. Es decir, ha sido la protagonista de una gran transformación en la estructura económica de Almería. Almería ha mejorado su posición relativa desde los años 60 y 70 gracias al desarrollo de una agricultura con mucha innovación tecnológica, con mucha incorporación de conocimiento y, por lo tanto, con una productividad muy elevada. Al mismo tiempo, necesita mucha mano de obra. Esto ha generado una demanda de mano de obra en la que ha habido una serie de cambios. De ser una mano de obra local, vinculada a las familias de agricultores en las primeras décadas, a ser desde los años 90 mano de obra de origen inmigrante. Ahí tenemos uno de los principales retos. Desde el punto de vista social y de las relaciones laborales, todavía hay mucho que mejorar. Y esto no es solo una cuestión ética o moral, también tiene que ver con la imagen de marca del sector. Hasta que no solucionemos eso, esa imagen de marca puede tener algún problema. La agricultura intensiva tiene como característica que a su alrededor ha surgido un sector industrial que genera tanto empleo como las propias fincas en las que se cultivan y se recolectan los productos. Empresas de comercialización, alhóndigas, lonjas, cooperativas, con todo el sector auxiliar de proporcionar suministros a esa agricultura, desde abejorros para la lucha biológica hasta semillas híbridas, los servicios financieros y todos los servicios relacionados con las grandes concentraciones de población que han surgido. Los tres municipios más poblados de la provincia están relacionados de una manera o de otra con la agricultura intensiva. Todas generan una demanda de servicios de todo tipo, sanitarios, educativos, y de todo eso, la columna vertebral es la agricultura intensiva y su industria auxiliar.

¿Y en el caso del turismo?

El turismo es un fenómeno más reciente. Su desarrollo empezó a finales de los años 60, cuando se inauguró el aeropuerto de Almería. Es una zona turística no del primerísimo nivel, como Baleares, Canarias o la Costa del Sol malagueña, pero bastante potente tanto en la costa del Levante, con Mojácar o Vera, como en la costa del Poniente, desde Roquetas hasta Almerimar. Y con la singularidad de que la protección ambiental del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar produce que haya un amplísimo litoral de más de 40 kilómetros con muy baja presión urbanística. La penalización para el desarrollo turístico es, fundamentalmente, el problema de las comunicaciones. Llegar a Almería es complicado, bastante más que llegar a otros sitios. No hay más que comparar los servicios que tiene el aeropuerto de Alicante o el de Málaga con los que tiene el aeropuerto de Almería. Y no vamos a hablar de los problemas del transporte ferroviario, que son ya sangrantes. Esto hace que el acceso a Almería sea fundamentalmente por carretera. Con poblaciones cada vez más envejecidas, con clientes de la tercera edad que disponen de tiempo para hacer turismo, y también el turista extranjero, el que no tengamos una frecuencia de servicios públicos de transporte tan desarrollada como en otros sitios nos penaliza.

¿Qué destaca en el sector de la piedra?

La piedra tiene en su seno una empresa multinacional que mantiene su compromiso con el territorio del mármol, que es Cosentino, pero que tanto en la fabricación de sus productos, de sus encimeras y superficies, como en la red de distribución, ya tiene una dimensión global. El sector del mármol se mantiene en un elevado nivel de desarrollo, sobre todo al compás de la demanda de construcción de viviendas. No tenemos más que ver las grúas que nos rodean por distintos parajes de la ciudad, lo que viene a ser un termómetro bastante adecuado para medir la salud del sector del mármol.

¿Cuál fue el primer ‘boom’ económico en lo que hoy es la provincia?

Después de la incorporación a la corona de Castilla en 1489, hubo una fase de debilidad demográfica, porque Almería era una zona de frontera. Las zonas de frontera eran zonas despobladas, sometidas a la amenaza de incursiones corsarias o berberiscas. Eso ha dejado un legado importante en muchos aspectos de la estructura social y económica almeriense actual. El primero es que nuestros edificios religiosos tienen el carácter de fortaleza, como la Catedral de Almería. Por otro lado, los repobladores que vinieron a la provincia de Almería una vez que se expulsó a la población morisca se repartieron las tierras de una manera relativamente igualitaria, aunque después se marcaron diferencias entre unos grupos sociales y otros. Eso ha generado una impronta que se ha mantenido a lo largo de los ciclos económicos. Esa época de bajo desarrollo no se supera prácticamente hasta el siglo XIX, cuando surge la provincia de Almería con la revolución liberal burguesa. Sobre todo hay un gran desarrollo de la minería, que se convierte en la columna vertebral de la economía de la provincia, cumpliendo un papel parecido al que tienen la agricultura intensiva y la industria auxiliar actualmente.

¿Cuáles fueron las claves de esa época?

Fue un fenómeno relacionado con la revolución industrial en Europa. En el Reino Unido, en Francia, en Alemania, demandaban materias primas para su industria. Por ejemplo, plomo para la industria del ácido sulfúrico, plomo para la expansión de las ciudades o hierro para los altos hornos. Almería tenía esas dos materias primas. La demanda de esas materias primas en los mercados europeos hizo que hubiera una sucesión de ‘booms’ mineros. El primero, en torno a 1820-1825, es el de la minería del plomo en la Sierra de Gádor: Berja, Dalías, Fondón… Después, desde 1839, el descubrimiento del filón de plomo con plata en Cuevas del Almanzora, en Sierra de la Almagrera, que causó una conmoción a nivel nacional. Esa etapa se caracterizó por la proliferación de empresas locales. No fue una minería controlada por el capital extranjero, fueron empresas locales cuyos beneficios generaron la aparición de una burguesía minera que transformó las ciudades. En Almería capital se derribaron las murallas y se hizo el ensanche burgués del Paseo y casas aledañas, en Berja también, en Vera, en Cuevas… Hay un patrimonio arquitectónico que está muy vinculado a esa época de la minería del plomo. La minería del plomo se va agotando porque se agotan los filones y los costes son cada vez mayores y porque hay países competidores que inundan de plomo los mercados mundiales y entonces los precios bajan. Con costes más elevados y precios más bajos ya no hay beneficios y se va abandonando esa actividad de minería. A finales del siglo XIX, está en fase de agotamiento ese ciclo minero pero surge otro, el de la minería del hierro.

El mineral del hierro no está ubicado tan cercano a la costa, está en el interior, en la Sierra de los Filabres o en la zona de Alquife, en Granada, y por lo tanto, para acercar ese mineral a la costa, hay que construir un nuevo sistema de transporte. El ferrocarril se construye en Almería de la mano de la minería del hierro. Se exporta a los mercados exteriores, al alemán y sobre todo al británico, que dependía mucho de un mineral común de Almería, que no tenía fósforo y era muy adecuado para la siderurgia de los altos hornos ingleses. Este sector entra en crisis con la Primera Guerra Mundial. En los años 20 hay innovaciones tecnológicas que permiten usar otros minerales de hierro y la ventaja del mineral almeriense se va perdiendo. Tenemos una crisis de la minería de hierro en los años 20 y 30, que es la que está detrás de la fortísima emigración que vive Almería en esa época. En los años 50, hay un renacimiento de la actividad minera en algunas zonas, sobre todo con intervención del Estado. En Almagrera hay una empresa pública del INI, en Rodalquilar se pone en marcha la explotación de oro y en algunas zonas hay antiguas explotaciones de plomo y de hierro que se vuelven a poner en marcha, pero eso dura hasta los 60.

Antes de los invernaderos, también fue potente aquí la uva…

La uva de Almería tenía como característica que podía aguantar sin pudrirse hasta el mes de diciembre o enero. En los mercados europeos, era muy difícil consumir una fruta mediterránea en pleno invierno porque no era la época y la capacidad de resistencia de la uva de Almería la convirtió en un producto muy preciado. Ya desde 1870 en adelante hay grandes exportaciones de uva de Almería hacia el mercado inglés fundamentalmente, y también a Estados Unidos y Alemania. Eso significa la transformación de buena parte del Valle del Andarax, de los campos de Dalías y de Berja a plantaciones de parrales. Se calcula que debió de haber unos 8.000 agricultores dedicados al cultivo del parral, más la punta de actividad que había en cada vendimia, recolectar, preparar el fruto en barriles, transportarlo hasta el puerto de Almería, cargarlo en barcos… Ya es una agricultura comercial, dirigida al exterior y que de alguna manera es la prehistoria de la agricultura intensiva actual. Terminó siendo un producto poco competitivo porque surgieron otras zonas productoras en el mundo que se aprovecharon de que el transporte frigorífico se desarrolla a lo largo del siglo XX y la ventaja que había tenido la uva de Almería se pierde.

¿Qué errores se cometieron en estas épocas de los que deberíamos aprender para no cometerlos ahora?

En la minería del plomo, el principal error fue el predominio del minifundio, de la pequeña explotación y no afrontar los retos colectivamente, un excesivo individualismo. En el caso de la uva de mesa también hubo algo de eso, porque costó muchísimo organizar la exportación. Todo el mundo quería mandar sus envíos a los mercados internacionales en el momento de los mejores precios. Esto abarrotaba los mercados y hundía los precios. Incluso a veces se enviaba uva que no estaba en buenas condiciones y había un descrédito para la marca. No solo para el que lo había enviado, sino para todo el sector. Son enseñanzas importantes. Los comportamientos oportunistas pueden ensuciar la imagen de todo el sector, no solamente del que los comete. Otra enseñanza es que conviene diversificar los riesgos. Tanto en la época minera como en la época de la agricultura uvera, la excesiva dependencia de un solo mercado principal, el británico fundamentalmente, era un elemento que acentuaba la vulnerabilidad. Cooperar, cuidar la marca y diversificar riesgos son las enseñanzas de nuestra historia económica que valen para el momento actual.

¿Hay algún sector por el que Almería no está apostando y debería?

Almería tiene que cuidar su entorno social y ambiental. Tiene que ser un entorno de calidad, para retener y atraer talento. Aquí no solamente hace falta producir bienes y servicios, sino que Almería puede ser un sitio donde la gente se plantee desarrollar un reto profesional o vivir una larga tercera edad. Eso significa contar con unas infraestructuras sanitarias, educativas y de servicios que ayuden a garantizar esa calidad de vida. Son sectores en los que convendría focalizar nuestra atención y las inversiones. En cuanto a los que están asentados, el sector de la agricultura siempre está con la amenaza de las zonas competidoras del norte de África, pero pensar que podemos progresar a medio y largo plazo detrás de una pantalla protectora es iluso. Tendremos que especializarnos en producciones que tengan valor elevado, con un marchamo de calidad. Y en el sector turístico, Almería se puede posicionar en una oferta turística que valore los espacios naturales, ese amplio litoral no fuertemente urbanizado, y eso significa estar vigilantes y regular el sector para que no se desmadre. En todo caso, la provincia está todavía en una fase de expansión increíble. Hace 50 años éramos 400.000 habitantes y ahora estamos a punto de ser 800.000. ¿Es una aspiración llegar a un millón de habitantes, o a dos millones? ¿Y si la aspiración no es crecer por encima de todo, sino que el objetivo tiene que ser más cualitativo que cuantitativo? Han pasado ya dos generaciones desde aquellos que cogían la maleta para emigrar, nos hemos convertido en una zona receptora de inmigrantes, con un gran crecimiento demográfico, y los objetivos deben ser cualitativos.

(Entrevista publicada en el número de marzo de 2026 de la revista Foco Sur).

Andrés Sánchez Picón, catedrático de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad de Almería. Foto de Miguel Blanco / Foco Sur

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