Realidad y ficción: lo demás no cuenta


Miguel Blanco

Manuel Gálvez Ibáñez: “Quien conozca la historia del judeoespañol se va a enamorar de ella como yo, porque es algo único, irrepetible”

El pasado año, el almeriense Manuel Gálvez Ibáñez, médico en Granada ya jubilado y autor de varios ensayos y una novela, publicaba un libro único, ‘El espanyol sefardí’ (Almuzara). La portada ya avisa: es “la primera ovra publikada en Espanya enteramente en espanyol-sefardí desde la ekspulsion de los djudios en 1492”. Es un libro que nace por la fascinación que el autor sintió al conocer la historia de esta lengua y cómo había permanecido olvidada en nuestro país durante siglos, pero dejando una huella imborrable en otros lugares del mundo.

¿Cómo se te ocurrió escribir este libro?

En mi novela ‘Enamorado’, la protagonista era una doctora en Lenguas Semíticas que iba a Israel a recoger las últimas expresiones orales de la cultura sefardí. De este modo me puse en contacto con una historia fascinante, porque no existe parangón en la historia. Después de 533 años, podemos ir a Estambul y hablar lo que ellos llaman “español”, que es la lengua que tenían cuando se fueron de España el 31 de marzo de 1492. Yo no soy judío ni creyente, pero la historia es milagrosa, es algo único, y contacta con nosotros, las canciones del romancero las tenemos aquí en España, y los arcaísmos, ‘hogaño’, ‘muncho’, ‘cualo’, que ellos han conservado como se decían entonces, incluso la pronunciación de la ‘z’ o la diferencia entre la ‘b’ y la ‘v’. Y en la cocina, ves que hace pan como el de España, y bollos y arroz con leche, que lo llaman así. Así que me enamoro de esta historia  y sigo con ella. Hay un hombre en Israel, Isaac Tovi, que es de quien he aprendido más, porque no he dado ningún curso, lo he aprendido yo solo escuchando especialmente a este hombre, leyendo muchísimos artículos y tomando notas a toneladas. Cuando tenía unas 250 hojas con miles de notas, decidí ordenarlas y fui añadiendo palabras y expresiones que le escuchaba a él.

Durante siglos, ha sido una lengua desconocida en nuestro país, ¿no?

En realidad, el judeoespañol es una lengua viajera, cuando salen de España se van la mayoría a Marruecos y en 1859, cuando las tropas españolas toman Tetuán, se produce el primer contacto. Lo cuenta Pedro Antonio de Alarcón en ‘Memorias de un testigo de la guerra de África’, que publicó en 1860. Luego hay un senador y médico español, Ángel Pulido, que va en un crucero por el Danubio cerca de Bucarest, que se encuentra a unos hablando “español” y dice “¿esto qué es?”, y escribe ‘Españoles sin patria’ en 1905.

¿Qué se va a encontrar quien lea el libro?

Primero, con dos prólogos de las personas más eminentes del judeoespañol a nivel mundial, Paloma Díaz Mas, académica de la RAE, que presentó el libro conmigo en el Instituto Cervantes de Madrid y fue un grandísimo honor, y Aldo Sevi, el director de ‘Aquí Jerusalén’, el único periódico junto a ‘El Amanecer’ que se publica en el mundo en lengua sefardí. Luego van 77 páginas donde intento dar hechos y datos sobre cómo los judíos fueron muy importantes en la Edad Media en España y también historias como las de Pedro Antonio de Alarcón y Ángel Pulido. Y como estoy convencido de que quien conozca la historia del judeoespañol se va a enamorar de ella como yo, porque es algo único e irrepetible, incluyo un diccionario de 4.300 palabras escogidas, bidireccional. Son palabras seleccionadas, utilizables. Y una gramática para la que he revisado todo lo que hay publicado, gracias a Aldo Sevi. De lo que estoy más orgulloso es de las tablas de elaboración propia de ‘falsos amigos’, como que “escapar” en judeoespañol es “terminar” en español, que es una lista que no se había hecho hasta ahora.

Y todo el libro, escrito en judeoespañol…

Está en judeoespañol hasta la página legal. Es el primer libro editado en la historia de España en judeoespañol. Por eso se presentó en el Instituto Cervantes, porque es un hito. Nadie había escrito antes un libro entero en esta variedad de nuestra propia lengua. Hay libros de poemas, pero solo los poemas están en judeoespañol. En mi libro, hasta la biografía está en judeoespañol, como si el libro se hubiera editado a finales del siglo XIX en Constantinopla.

¿Qué recepción está teniendo?

Hasta diciembre del año pasado, se habían vendido 800 libros y probablemente haya una segunda edición corregida y aumentada. De hecho, ya estoy trabajando en ella. El libro nace de mi asombro por esta historia y la primera pregunta que siempre tengo que responder es cómo un médico de Granada se pone a aprender judeoespañol, con la poca utilidad que tiene en la actualidad. Y a eso respondo que para qué sirve la poesía, el arcoíris o el salto de los delfines; para nada, pero producen belleza, nos atraen. Y cuando oyes canciones en sefardí, resuenan hermosas en nuestros oídos. En los años sesenta, la Unesco la declaró lengua en peligro severo de extinción y Moshe Shaul se dijo que eso no iba a ocurrir, que lo que había que hacer es utilizarla. Eso es lo que yo pienso.

La lengua tiene muchas conexiones con el español actual…

Antes de la expulsión, se hablaban las lenguas romances derivadas del latín. De hecho, ese mismo 1492, Nebrija publica su Gramática para unificar el lío que había. Estaba el castellano, pero también el galaicoportugués, el catalán, el aragonés… Y ellos mantienen las lenguas romances, con palabras de ellas y después tomadas del turco, del griego. No es castellano antiguo, que siempre hay esa confusión. Ellos mantienen en alcohol estas lenguas romances que se hablaban en la península ibérica en la Edad Media.

¿Piensas seguir publicando libros en judeoespañol?

Tengo varios relatos cortos por publicar, pero es verdad que ya que he sido el primero en publicar un libro entero, de portada a la contraportada, en judeoespañol, seguiré escribiendo.

(Entrevista publicada en el número de octubre de 2025 de la revista Foco Sur).

Manuel Gálvez Ibáñez, escritor.

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