Jesús Parrilla, socio fundador de Albedo Solar: “Si a todos los invernaderos les instaláramos placas fotovoltaicas, produciríamos toda la energía del país”

Albedo Solar nació como empresa de base tecnológica en la Universidad de Almería, de la mano de tres alumnos del Máster en Energía Solar. Uno de sus fundadores, Jesús Parrilla, explica cómo fueron los orígenes, en plena crisis, y cómo han ido creciendo gracias a apostar por democratizar las energías renovables.

¿Cómo fueron los orígenes de Albedo Solar?

La empresa comenzó hace diez años en la Universidad de Almería, del antiguo Máster en Energía Solar del CIESOL. En plena crisis, nos asociamos tres compañeros del máster y un profesor de la UAL, del departamento de Hidrogeología, Juan Gisbert. Era una empresa de base tecnológica orientada a la implementación de las renovables en la industria, la vivienda y el sector terciario, sobre todo haciendo las energías renovables asequibles, porque hace diez años eran caras, no era fácil introducirlas en el mercado. Con esa filosofía, hasta ahora, que hemos ido creciendo año tras año. A mitad de este tiempo, entraron dos socios nuevos, Cecilio y Olalla, y de los iniciales salió uno y otro se quedó con un porcentaje menor.

¿Qué hacíais en el origen?

Muchísimos proyectos de penetración, por ejemplo de geotermia, porque uno de los proyectos base es el frío solar, producir aire acondicionado con energía solar, que sería casi como tenerlo gratis. Uno de los problemas era la disipación del condensador, que nosotros lo hacíamos con geotermia. De ahí empezamos a hacer proyectos de solar térmica, en viviendas. Hicimos la primera estación de energía solar térmica de Almería monitorizada, para un bloque de viviendas en la calle General Tamayo de Almería. Comenzamos a hacer entonces proyectos de solar con muchísimo valor añadido, la monitorización de esos sistemas, con aplicaciones en móvil o en el ordenador, en una web, para que los clientes pudieran ver cómo funciona su energía renovable, y qué se está ahorrando. Eso le gustaba al cliente, que además se concienciaba más, y generaba buena fama. También era una herramienta comercial muy potente para seguir implantando más renovables. De hecho, comenzó a ir bien y superamos toda la crisis.

¿Qué proyectos hacéis en la actualidad?

Ahora hacemos plantas fotovoltaicas bastante grandes, climatización por geotermia, una bomba de calor que disipa la energía en lugar de por el aire, por el suelo, a unos 120 metros de profundidad. Hace un intercambio en el que la bomba de calor es más eficiente. Es un aire acondicionado normal y corriente, pero muy eficiente y con la energía de fuente renovable. Con eso conseguimos tener agua fría y agua caliente. Lo montamos en muchas viviendas, con suelo radiante. Y seguimos con la idea de las aplicaciones, la accesibilidad y la domótica. La línea de la empresa ahora va en la línea del internet de las cosas, que todas las cosas se nos conecten a la plataforma y a través de nuestra plataforma el cliente pueda acceder a todos sus elementos conectados.

¿Cómo han sido los años del ‘impuesto al sol’?

Han sido un freno enorme, una travesía por el desierto, lo pasamos muy mal, aunque se montaron algunas instalaciones y se iniciaron los procedimientos, que han sido largos y tediosos. Ahora por fin parece que esas barreras han desaparecido, por suerte, porque era un obstáculo considerable. Muchísima gente no lo hacía solamente por la publicidad negativa que había. Por otra parte, al existir esa publicidad negativa y anunciarse que se ha eliminado, ahora todo es positivo, así que la campaña de marketing ya se ha realizado y tenemos un montón de presupuestos .

¿Es muy complicado para un particular montar un sistema así en su casa?

En una vivienda unifamiliar es facilísimo, en tres días lo tienes montado. En un piso es más complicado porque lo comunitario es más difícil. Estamos hablando de servidumbres, de superficies de utilidad compartida… No es imposible, pero es más problemático. Por papeleo y por la propia gestión de la comunidad de vecinos. Pero para un cliente individual, en tres días está. Se ponen las placas solares, los paneles fotovoltaicos, el inversor, la batería.

¿Y de ahí se saca toda la energía?

Toda, la luz, el agua caliente, y prácticamente no paga electricidad. Hay clientes que, de tener un consumo de 100 o 150 euros mensuales, han pasado a unos 10 euros. Han reducido en un 90% su consumo, pagan el término fijo prácticamente.

¿Y en cuánto tiempo se amortiza la instalación?

Depende de lo que consuma la familia. Si consume bastante energía, lo amortiza en ocho o diez años. Si consume menos, en unos doce. Ahora que la electricidad ha subido y la tecnología ha bajado un poco de precio, podemos estar hablando incluso de entre seis y diez años. En la industria, la amortización es de tres años y medio o cuatro años. Aquí sí afectó más el impuesto al sol, que en realidad es un peaje de respaldo que obligaba a que por toda la energía que se producía, fuese o no para autoconsumo, se pagase a la compañía por estar conectado a la red. Era un abuso. Y eso, en el sector industrial, que tiene que tener las cosas muy claras, sin esa seguridad no realizaba la inversión. Ahora que ha desaparecido, son los primeros que quieren hacerlo por motivos económicos, medioambientales y de imagen. Muchas de las empresas de nuestra zona son exportadoras, comercializan fuera, y este tipo de tecnologías están muy bien vistas fuera.

¿Con qué empresas trabajáis?

Trabajamos sobre todo con empresas del sector agrícola. Hace poco hemos terminado una instalación en una empresa que trabaja con insectos para lucha integrada, Hortaland. A Agroponiente también le estamos haciendo una oferta. El sector agrícola ahora está muy interesado, porque se han quitado las trabas. Porque un ciudadano al final lo hace por concienciación, por sostenibilidad o responsabilidad, por una filosofía que no es la puramente económica, pero una empresa sobre todo lo hace por la cuestión económica.

Y con el sol que tenemos en Almería…

Claro, porque tenemos sol y tenemos cubiertas, porque hay almacenes, y si a los invernaderos los consideramos cubiertas, imagina el potencial que tenemos. Si a todos los invernaderos les instaláramos placas fotovoltaicas, produciríamos toda la energía del país. Seríamos la mayor central energética del mundo. El agricultor, además de producir tomates, produciría kilovatios/hora. Es un modelo que ya existe en Holanda. Es un potencial que tenemos ahí y que tarde o temprano estallará, si no le ponemos trabas.

(Entrevista publicada en el número de abril de 2019 de la revista Foco Sur).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.