Realidad y ficción: lo demás no cuenta


Miguel Blanco

Almería bizantina, el patrimonio olvidado

El monasterio bizantino descubierto en el cerro Cabezo María de Antas agranda un legado poco investigado hasta ahora en nuestra provincia y que explica la historia entre la época romana y la árabe.

El trabajo de los arqueólogos está comenzando a iluminar los ‘siglos oscuros’ de la historia de Almería. Poco se conoce de cómo eran los habitantes de la actual provincia entre la época romana y la islámica. El esplendor y relevancia de estas, junto con los monumentos y otro patrimonio que dejaron, había mantenido casi en el olvido el periodo de entre tres y cuatro siglos que las separa. Ahora, poco a poco, se van abriendo vías de investigación con excavaciones como la desarrollada en el cerro Cabezo María de Antas, que apuntan a que la cultura bizantina tuvo una presencia relevante en esta tierra.

Por geografía, tiene todo el sentido. Málaga y Cartagena eran las ciudades más importantes en el sur de la península durante la etapa bizantina. Y Almería está justo entre ambas. Los restos encontrados en yacimientos como el de Baria, en su ubicación tardía en el cerro Montroy, apuntan también a un origen bizantino. Y en la misma capital, al pie de la Alcazaba, se han encontrado fragmentos cerámicos de esta periodo, así como una muralla con una torre, que indican un posible asentamiento anterior al de la fundación de la ciudad en época islámica.

En el interior de la Alcazaba, durante los trabajos de investigación que el MEMOLab de la Universidad de Granada está llevando a cabo en el segundo recinto, se han encontrado también piezas que apuntan a un origen bizantino, así como estructuras, entre ellas una cisterna de época tardoantigüa. Y este mismo equipo ha sacado a la luz unos restos únicos en el cerro Cabezo María de Antas, que indican que allí se levantó, entre los siglos VI y VII, un monasterio con una iglesia.

Un monasterio en el Cerro Cabezo María

Julio Román, miembro de MEMOLab y director de la excavación en Cabezo María, explica que “se sabía que el yacimiento tenía material en superficie de esta etapa, de los siglos VI o VII, probablemente de la ocupación bizantina y de finales del mundo visigodo, pero no se sabía muy bien qué era ese yacimiento, en el que en parte las estructuras aparecían recortadas en la roca”. La teoría más arraigada hasta ahora es que habría sido un núcleo de campesinos que se había fugado de la finca en la que trabajaban. Sin embargo, los investigadores creían que era “algo más”, porque “la cantidad de material de importación, sobre todo de África, ánforas y vajillas de prestigio, no parecía relacionarse con un ambiente campesino”.

La excavación comenzó en mayo del pasado año y se prolongó durante quince días. En ese tiempo, sacaron a la luz una gran cantidad de materiales y una estructura que apuntaba a un origen de los restos muy distinto al que se pensaba.  Al comenzar las excavaciones, vieron que “tenía toda la pinta de ser lo que en otros espacios mediterráneos y de la península ibérica se ha interpretado como posibles monasterios de carácter semirrupestre”, cuenta el arqueólogo.

Así, limpiando y ampliando la zona de excavación, “pudimos darnos cuenta de que lo que teníamos allí era una iglesia, una basílica que fechamos entre la segunda mitad del siglo VI y principios del siglo VII, con su orientación al este como es tradicional, su presbiterio un poquito más alto que el resto de la iglesia, sus pequeños muritos donde iba el cancel que separa la zona de los legos de la zona de los clérigos y todos los elementos que permitían identificar el edificio como una iglesia”. Sería, consideran los investigadores, “un monasterio de época tardía, que no sabemos si es una fundación directa de los bizantinos o era ya previo, pero los bizantinos lo utilizan”.

Este descubrimiento apunta a que el lugar era más relevante de lo que en principio se había pensado, puesto que, según apunta Román, los historiadores consideran que “este tipo de monasterios actúan como una especie de agentes comerciales y políticos de Bizancio en la península ibérica”, en una época en la que los visigodos están luchando por hacerse con el control de todo el territorio. “Esta etapa es muy interesante porque hay muy pocos datos”, afirma Román, que destaca que “esta es la primera iglesia excavada en su totalidad en todo el sureste y, que sea monasterio, la más importante de Andalucía, y junto a la de Algezares en Murcia, que está menos excavada, son las dos más importantes del sureste”.

Un enorme potencial arqueológico e histórico

En los quince días que duró la excavación, los arqueólogos sacaron a la luz la iglesia y otras estancias, “una especie de celdas donde debían de vivir los monjes, muy austeras, unas estructuras rectangulares muy sencillas sin prácticamente nada en su interior que se haya conservado”. Asimismo, excavaron parte de una cocina y un pequeño almacén en el que se guardaban todos los utensilios de cocina, “donde recuperamos siete u ocho piezas cerámicas completas”, señala el director de la excavación.

“El potencial arqueológico de este yacimiento es enorme pero es que además también lo es el potencial histórico, de explicación, de cómo se conforma este poblamiento en esta zona de Almería”, asegura. La prueba es la cantidad de objetos que han podido recuperar, entre los que destacan “varios fragmentos de lucernas paleocristianas, todas con motivos cristianos, sobre todo una que ha salido completa y que tiene la imagen del cordero místico”. Asimismo, hay “otros dos fragmentos de lucernas paleocristianas, de mediados del siglo VI, que tienen una cruz gemada, que a finales del siglo IV y principios del siglo V son muy comunes en la representación de la iconografía cristiana, y aparece otra con un crismón, las letras griegas que representan el nombre de Cristo”.

Aparte de estos objetos religiosos, que refuerzan la teoría de que se trata de un convento, han recuperado “parte de una pequeña ánfora de vino que procede de la zona de oriente, de la actual Palestina, una cazuela y dos ollas completas, que formaban parte de la cocina de ese monasterio, un barreño grande para amasar… Todo, material cerámico relacionado con el trabajo en la cocina”.

Una pieza de especial relevancia es “un fragmento de una pátera, una especie de fuente grande, con una representación de un crismón enorme en una técnica decorativa que procede del norte del actual Túnez, que solo existe, conocido ahora mismo, otro parecido en Francia”, señala el arqueólogo, que destaca que “todo el material que llega aquí es de una singularidad enorme, lo que habla de un lugar de prestigio, un lugar de representación de las elites bizantinas que tienen en ese monasterio uno de esos lugares de representación de su poder político en la zona del sureste”.

Un proyecto para poner el yacimiento en valor

En la excavación han encontrado también un par de monedas, que podrían ser de los siglos IV y V, que estuvieron en uso hasta el VI. Y una inscripción en lo que parece latín tardío, que ahora “está estudiando la profesora Isabel Velázquez, de la Universidad Complutense de Madrid, que es la máxima especialista en estos temas”. Lo que no han encontrado es señales de destrucción o de fuego, así que “parece que se abandonó de forma organizada, aunque dejaron algunas cosas, porque no hay evidencias de que se produjese un hecho catastrófico, como una guerra”, confirma Román, que apunta a que el abandono pudo estar relacionado con “la expulsión de los bizantinos por parte de los visigodos que se produce a finales del primer cuarto del siglo VII, pero no podemos afirmarlo todavía”.

La importancia de lo que se ha descubierto en apenas dos semanas es tal que el Ayuntamiento de Antas ha confirmado al MEMOLab su intención de continuar con la excavación, que podría contar con otras cuatro o cinco campañas de un mes, en los próximos años. “La idea es hacer una campaña al año de un mes, porque un mes te genera por lo menos seis meses de trabajo en el laboratorio, sobre todo si el material es tan rico como este”, cuenta Román.

El grupo va a redactar un Proyecto General de Investigación para continuar con el trabajo, que además de la excavación es probable que incluya otras actividades, “como una prospección general de la zona para relacionar este yacimiento con los del entorno y ver si había relación entre ellos”. La idea no es excavar el cerro entero, sino “aquellos espacios que nos permitan una interpretación clara y diseñar una serie de recorridos y de cartelería para que la gente, cuando venga al yacimiento, entienda perfectamente qué es y qué importancia tenía”.

En este sentido, el director de la excavación considera que “todo lo que se excave tiene que ponerse en valor, porque si se utiliza dinero público para investigación, qué menos que luego eso revierta en un espacio cultural que incluso pueda generar un foco económico de turismo que tenga una repercusión directa en el municipio”. Por eso, añade, “siempre hay que intentar que los restos sean visitables, con su proyecto de consolidación y de restauración arquitectónica asociado al Plan General de Investigación, y mientras dure este, que esté abierto con visitas por parte del Ayuntamiento y que la gente pueda acudir y verlo”.

Restos bizantinos en la Alcazaba de Almería

La excavación de Cabezo María no es la primera ocasión en el que el MEMOLab trabaja con restos de origen bizantino en nuestra provincia. Antes, durante los trabajos que están llevando a cabo en el segundo recinto de la Alcazaba de Almería, “empezamos a ver que era constante la aparición de material de cerámica de importación, de época bizantina, en la etapa entre el siglo VI y el siglo VII, aproximadamente, así que empezamos a plantearnos la existencia de una ocupación más intensa de lo que hasta ahora se había pensado en época preislámica, en la época tardoantigua, entre los siglos V y VII, en Almería”, explica Román, que recuerda que “Almería tenía un fondeadero espectacular, que en época romana se le llamaba el ‘portus magnus’, pero nunca se ha tenido muy claro qué entidad tenía en la época romana Almería”.

El arqueólogo señala que, en la Alcazaba, “era muy recurrente la aparición de cerámicas, incluso a niveles de uso, sobre la roca, en lugares bastante distantes dentro del segundo recinto”. Además, han encontrado también  “una serie de estructuras que podían relacionarse con la época tardía, hay una gran cisterna de época tardoantigua también en el subsuelo de ese segundo recinto, lo que nos daba una evidencia de que la ocupación bizantina aquí tuvo que ser más importante de lo que hasta ahora se creía”.

Antes de esto, a los pies de la Alcazaba, el equipo dirigido por Belén Alemán, con el arqueólogo Jerónimo Santos, encontró un tramo de muralla y un torreón durante las excavaciones del Mesón Gitano, así como piezas previas a la época islámica. Un alumno del MEMOLab estudió estos materiales para su Trabajo de Fin de Máster comenzó a estudiar los materiales asociados a esta excavación “y vimos que eran riquísimos y no solo en cuanto a cantidad, que era abrumadora”.

Julio Román señala que en la provincia de Almería hay varios yacimientos importantes de época tardoantigüa, como Berja, Abla, Adra o la zona de El Ejido. “El de Cabezo María es probablemente de los tres asentamientos más grandes, junto al de Villaricos, la antigua Baria, y Los Orives, cerca de Huércal-Overa, que no sean ciudad”, añade, y afirma que “la riqueza de este periodo es enorme” y piensan seguir investigándolo, dado que además un miembro del equipo, Antonio Rubio, natural de Huércal-Overa, está preparando una tesis sobre la etapa tardoantigüa en Almería.

Un obispo y un incensario

Este periodo de ocupación bizantina “no llega prácticamente a un siglo y solo se extiende desde Alicante hasta Málaga”, cuenta Tania Fábrega, directora del Museo de Almería, donde se conservan algunas de las piezas de este periodo recuperadas en nuestra provincia. “Las ciudades principales, donde se conocen restos y sabemos que son bastante activas en la provincia que crean los bizantinos en el sureste de la península, que se llama Spania, son sobre todo Málaga y Cartagena, donde pivota la organización administrativa y económica, y nosotros estamos en medio”, apunta la directora.

Fábrega recuerda además que “los textos escritos hablan de la importancia de nuestra región puesto que dicen que hay un obispo que está en Urci, aunque tenemos el problema de que no sabemos dónde está Urci”. Hoy en día, añade, “donde más nos inclinamos todos es que sea El Chuche o cerca de Pechina, pero no es seguro porque allí no hay restos de mucha entidad”. Lo que está claro es que estaría en la zona del valle del Andarax, y que las investigaciones sobre este periodo continúen desarrollándose podría servir para resolver el misterio.

“El último compendio sobre la arqueología bizantina en nuestro país es del año 2009 y después de eso se han encontrado fragmentos que parece que son de cerámica bizantina en el yacimiento del Mesón Gitano, en Almería capital”, recuerda la directora del Museo de Almería. Asimismo, añade, “en la depresión de Vera tenemos restos, sobre todo con Baria, que cambia al cerro Montroy en la ocupación tardía”. Fábrega asegura que “si se revisaran los materiales encontrados allí, que muchos están en el Museo Arqueológico Nacional y algunos los tenemos nosotros, se podría avanzar en la investigación acerca de qué pasó en ese breve lapso de tiempo, en el que no da tiempo a que se asienten los bizantinos, lo que hay son militares sobre todo y funcionarios”.

En la misma línea, señala que “hay déficit de investigación pero también de materiales, porque está constreñido en el espacio y en el tiempo”. Aun así, se han recuperado piezas muy relevantes, en muchos casos producto de “importaciones de objetos espectaculares, de lujo, como un incensario, que se conoce como ‘almeriense’, que apareció en los años sesenta y está en el Museo Arqueológico Nacional”. Su director de entonces, Martín Almagro, dijo que “apareció en Andalucía oriental, seguramente Almería, pero no dice dónde ni la fuente, pero desde entonces se habla del incensario almeriense, que se conserva increíblemente”, explica Fábrega, que apunta a que se trata de “una pieza de origen seguramente egipcio que se entiende en el comercio bizantino”.

El legado bizantino en la provincia de Almería se conoce desde hace décadas pero es aun el gran desconocido. El brillo del patrimonio prehistórico, romano y árabe ha dejado entre las sombras la época entre estos dos últimos. “Almería tiene un periodo argárico tan rico y espectacular y tiene un periodo islámico también muy interesante, con un montón de castillos y yacimientos muy potentes, así que hay periodos que quedan ensombrecidos por ellos”, confirma Julio Román.

“De hecho, no solo en Almería, en general en historiografía hasta los últimos 30 o 40 años, que han comenzado a despertar interés, se les llamaba los ‘siglos oscuros’, lo que había entre los romanos y el mundo islámico, era una transición que no se sabía muy bien cómo se había desarrollado, entre los siglos IV y VIII, cuando llegan los árabes, porque no se conocían muy bien las producciones cerámicas o los poblamientos”, añade. Ahora, poco a poco, comienza a ver algo de luz gracias a estas últimas excavaciones y de las investigaciones que se están derivando de ellas. El resultado podrá completar mejor la historia de las distintas culturas que, a lo largo de los siglos, han ido poblando esta tierra. 

Almería antes de la fundación de la ciudad

“La sorpresa fue encontrar restos más antiguos que la fundación de la ciudad”. Belén Alemán, arqueóloga y directora del yacimiento Barrio Andalusí de Almería, recuerda cuando, hace diez años, descubrieron una muralla y un torreón de época tardorromana en la falda de la Alcazaba. Estaban realizando las catas de la obra para construir un centro social en el Mesón Gitano y encontraron un tesoro.

“Yo era la directora de la excavación y el arqueólogo, Jerónimo Santos, y nos empezaron a salir restos de época medieval y una serie de mampuestos, que eran parte de la muralla pero que en ese momento no sabíamos qué era”, rememora. “Nos extrañó esa estructura tan grande de mampuestos y continuamos excavando y empezaron a salir restos de viviendas musulmanas, encontramos unos suelos de época califal y decidimos levantarlos y al hacerlo encontramos una estructura debajo, que continuaba de la que estábamos sacando”, añade.  

El equipo continuó excavando “hacia el oeste para poder ver con más detalle lo que había salido y fue cuando nos salió una torre de sillares a la que se adosa la muralla y que es probable que sea incluso más antigua que esta” Asimismo, encontraron “un acceso, una especie de puerta que estaba sellada”.

Los restos musulmanes se protegieron y forman parte del yacimiento Barrio Andalusí que se conserva en el lugar donde se pretendía construir el centro social, pero la muralla y el torreón se taparon para protegerlos. Los materiales los han estudiado en el MEMOLab, que “han dado una cronología entre finales del siglo IV y principios del VII, por lo que encajarían en el periodo bizantino”, señala Alemán.

“Los restos tienen un gran valor histórico, puesto que nos están dando una cronología no de la ciudad en sí, pero sí de un asentamiento mucho más antiguo de lo que conocíamos de época medieval”, asegura la arqueóloga, que explica que “nos remontamos al siglo IV y es posible que antes, porque más hacia el oeste descubrimos numerosos estratos con cerámicas romanas, incluso algunos que creo que son de en torno al siglo III aC”.

Eso implicaría que “hay un pequeño asentamiento romano y, más tarde, debe de haber un asentamiento más importante de época tardorromana, ya que si tenemos una torre y una muralla es porque algo protegían”.

La directora del Barrio Andalusí ha presentado varias propuestas para poner en valor este patrimonio, el “resto fortificado más antiguo de la ciudad” y la propuesta podría salir adelante en el futuro. En este sentido, la arqueóloga asegura que “el periodo bizantino está mal estudiado aquí, porque nadie se ha dedicado a hacerlo hasta ahora”.

Alemán recuerda que en la ciudad se han encontrado restos de época romana en la Alcazaba, así como las piletas de salazón que se conservan en el enclave arqueológico Puerta de Almería. Asimismo, cuenta que “hace años, excavamos en la plaza de Pavía y nos salió un enterramiento de época tardorromana, con las cerámicas típicas romanas, y en toda la zona de la calle Almanzor, que trabajé con la empresa Patrimonio Inteligente, encontramos restos de cerámicas romanas, de en torno al siglo III”. Estos restos apuntan a que “en toda la ladera oriental de la Alcazaba hay una ocupación anterior a la musulmana”, por lo que “poner esos restos en valor daría un valor añadido a la ciudad y al entorno de la Alcazaba”.

(Reportaje publicado en el número de febrero de 2026 de la revista Foco Sur).

Yacimiento bizantino del cerro Cabezo María en Antas

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