Realidad y ficción: lo demás no cuenta


Miguel Blanco

Antonio Torres Flores: «El gran fracaso del periodismo es que no ha estado en la calle, se ha dejado llevar por las redes sociales»

Quien lo conoce, sabe que cualquier conversación con Antonio Torres, el ‘Chacho’, se queda corta. Anécdotas y datos van hilando un relato entrecruzado que da forma a la imagen, la historia que te está contando. Director de Canal Sur durante más de 25 años, periodista en radio y prensa escrita desde los años 80, profesor en la universidad, Torres ha sumado a su biografía en 2025 la publicación del libro ‘El Caso Almería: ¡Aquí no ha pasado nada!’ y la inauguración en Los Gallardos, su pueblo natal, de una plaza dedicada a él.

¿Por qué decides escribir este libro?

El libro nace porque quería dar participación a más periodistas, sabiendo que había uno muy bueno, de Antonio Ramos Espejo, para mí un maestro del periodismo y gran amigo. Y sobre todo porque, en los cursos del Máster de Comunicación Social en la universidad, veía que de cada diez personas, siete u ocho no sabían nada del Caso Almería. La memoria es frágil.

El libro incluye algunas novedades sobre lo ya conocido…

Me ha parecido oportuno, con toda humildad, sin chulería, aportar documentos nuevos de Darío Fernández, testimonios, otra carta que recibió la familia, no la típica del 84 que todo el mundo conoce, y otra visión, el presidente de la Audiencia de Almería, los editoriales de las sentencias que ha habido… E insisto en que no fue un juicio contra la Guardia Civil, sino contra tres personas, aunque eran once, pero fueron condenados tres, que no hicieron bien su trabajo y se inventaron cosas burdas y zafias. En el libro digo: “El arrepentimiento no puede ser otro que un relato detallado de todo lo que ha ocurrido por parte de algunos de ellos. Sus testimonios ayudarán a las familias, a los investigadores y a la sociedad”. Un reto que tenemos es pedirle a los siete guardias civiles que quedan vivos, que viven aquí en el centro y en algún pueblo, que se atrevan y digan realmente qué pasó esa noche, por qué los llevaron al aeropuerto, por qué llevaron a Juan Mañas al cuartel de Torregarcía… Es que aquello fue esperpéntico. Llevan un radioteléfono y en vez de comunicarse, abren a la una de la mañana el aeropuerto, un vigilante jurado lo cuenta, y le dicen que tienen que llamar por teléfono a la Comandancia de Almería… ¿Para que no oigan los demás guardias de toda la provincia que has matado al tío? Y si no pasó nada, que cuenten qué fueron a buscar.

Tú seguiste el caso en su momento. ¿Cómo lo viviste?

Yo estoy a las 11 de la mañana en una rueda de prensa que se hacía en el hotel Aguadulce a Jiménez Blanco, un dirigente de la UCD, granadino, y le estaba haciendo una entrevista. Y Antonio Cano, el corresponsal de Televisión Española en Almería, me dice: “Oye, me llaman porque han matado a tres etarras, los que atentaron contra el general Valenzuela, que los han detenido en Almería, y han muerto”. Nos disculpamos y nos vamos. Yo me voy a Radio Almería, en el edificio Concordia, que estaba el Ideal en la planta primera y Radio Almería en la segunda. Ideal no trabaja porque es domingo y los lunes no había periódico. ¿Qué es lo primero que hace un periodista? Confirmar. Llamo a la Guardia Civil y no dan contestación. Llamo al Gobernador Civil. No se ponen. Llamo a Áurea Martínez, que era de Comunicación, tampoco. Cosa rara, siempre se ponían. Entonces me dedico a hacer 30 o 40 llamadas a alcaldes de la provincia, a ver si saben algo, pero nadie sabe nada. Son teléfonos fijos, no hay móviles. Sigo por mis contactos, presidentes del fútbol, policías locales, cuarteles de la Guardia Civil, ayuntamientos, llamo a bares de los pueblos, por las guías telefónicas. Nadie sabe nada. Tras mil llamadas, desde las doce que estaría en la redacción hasta las cuatro o cinco de la tarde, me voy al cuartel de la Guardia Civil y veo una cuartilla que dice: “En relación con el suceso ocurrido, diríjanse a un teléfono del Ministerio del Interior”. Y en el Ministerio decían que ya darían una nota oficial en su momento a todos los medios. Sigue habiendo tres muertos, ¿pero dónde están?

¿Cómo los localizasteis?

Primero voy a la Bola Azul. Me encuentro un contacto mío, un tal Emilio, de Comisiones Obreras, y le digo que me lleve al depósito de cadáveres. En el depósito de cadáveres ese día no hay muertos. Y entonces me dice que ha visto al médico forense, que se iba a hacer una autopsia al cementerio. Cojo el coche, aparco en la puerta del cementerio, entro y allí veo que hay un coche, que luego supe que era el chófer del juez, y también están el primer juez, dos policías, ningún guardia civil, y más gente. Y veo como un trozo de madera… un cadáver quemado. Lo vi pequeño por el fuego, sabía que era un cuerpo por la cabecilla. Entonces llamo a Miguel Ángel Blanco y le digo que llame a Mullor, el fotógrafo, y se venga para el cementerio. Llamo a Pedro Manuel de la Cruz, que era corresponsal de El País. Todavía no sabemos dónde están los cadáveres, dónde ha sido el accidente, porque de allí me echan. Ahora, con los móviles, lo sabría todo el mundo al instante. Nadie informa de nada sobre ese asunto. Es el chófer el que nos dice a Pedro Manuel y a mí que está en el kilómetro tal de la carretera de Gérgal. Localizamos a Mullor, que ya lo ha mandado tu padre, y le decimos dónde es. Yo me huelo algo gordo y les digo que me traigan algo del coche, pensando que estaba allí, pero el coche ya lo habían levantado a las nueve y media o diez de la mañana. Pero me trajeron un espejo retrovisor, que se había quedado allí. Es decir, que los guardias hicieron mal su trabajo, pensaban que no iba a pasar nada porque, si no, recogen todas las pruebas, ¿no?

Ya el lunes, en el velatorio, por la noche, estamos Granados por Ideal, Diego Miguel García, corresponsal del Diario 16, y yo, que entré en Hora 25, porque iba a entrar Diego Miguel y se emocionó. El alcalde de Pechina me dejó su despacho y entré por teléfono. Es un retrato de la sociedad de entonces; hoy, un alcalde iría con 20 asesores y concejales. Esa noche, Santiago Martínez Cabrejas, alcalde de Almería, me dice “Antonio, ¿me puedo ir contigo para Almería?” Le digo que sí y se vienen Pedro Manuel y Granados. Nos fuimos a La Habana del Zapillo, a la una de la mañana.

¿Qué enseñanza crees que nos dejó el Caso Almería?

Que la sociedad se tragaba todo, porque la Guardia Civil y la defensa empezaron a decir que si eran delincuentes, luego que si eran homosexuales, luego que si eran etarras, pues llevaban tres pistolas, que luego en el juicio se demostró que esas pistolas las habían puesto ellos ahí. Se demostró que había una gente que no hacía bien su trabajo, que era peligroso, que estaban acostumbrados por venir de una dictadura. A mí me sorprendió que Castillo Quero estuviera metido en el follón pero luego empiezo a hilvanar. A Castillo lo conocí un día que vino Adolfo Suárez y Antonio Grijalba, de La Voz de Almería, y yo le estábamos haciendo una entrevista en el aeropuerto. Ahí, algunos guardias civiles nos empujaron. Luego hay una comida en Roquetas, con autoridades, miles de periodistas, un follón de gente, y llega Castillo Quero y dice “Antonio, los que os han molestado ya han sido castigados”, o algo así. Yo no le di importancia, pero lo vi desproporcionado. La lección es esa, y también la de la valentía de Darío Fernández, para mí la figura fundamental, que contribuyó a que cambiaran al primer juez, porque los primeros cinco días no había ni detenidos, ni procesados, ni nada, estaban ahí declarando, con un compadreo, y llega Darío, se pone un juez especial y empieza ya a tomar medidas y a procesar.

También fue importante el papel que tuvo la prensa para que el caso no se quedase en la versión oficial…

Sí, el hombre fundamental es Darío Fernández y luego el trabajo del periodismo aquí, en Almería. Primero Miguel Ángel Blanco, Pedro Manuel, Granados, Diego Miguel y yo, y luego los que se sumaron. También El País, Diario 16, El Periódico de Cataluña, Interviú, Tiempo y todo el mundo mediático. Luego, el libro de Antonio Ramos Espejo contribuye mucho a que en toda España se conozca el caso, y la película ‘El Caso Almería’ de Pedro Costa, periodista de sucesos, que, al estrenarla, los ultras en Granada quemaron el cine Reyes Católicos para que no se pusiera.

¿Ha cambiado mucho el periodismo desde entonces hasta la actualidad?

Sí, porque antes se pisaba la calle y ahora se hace mucho periodismo de despacho. Antes se iba a todos los sitios, había otro lenguaje y había respaldo de la sociedad, la sociedad tenía ganas de noticias de noticias; y ahora está enlatado en las redacciones. El gran fracaso del periodismo es que no ha estado en la calle, se ha dejado llevar por las redes sociales. Ha querido competir con ellas y en las redes sociales hay que estar, evidentemente, pero en la prensa tradicional, si no haces periodismo, te mueres. Tienes que estar en la calle, tienes que estar con la gente y tienes que tener las redacciones llenas pero, claro, económicamente no da para este trabajo. Hay que reinventarse constantemente. La gente critica mucho los medios convencionales pero, por ejemplo, ha pasado el Caso Mascarillas y la gente ha ido a los medios convencionales a enterarse. Eso me lo han dicho los tres directores de los periódicos de Almería. Y no es solo gente de Almería, es también de fuera que quiere ver lo que hacen los medios locales.

Hay un hueco entonces para la prensa local…

Sí, la prensa local tiene un hueco porque la gente quiere saber lo que hay a su alrededor. Pero si le das todos los días lo mismo que todos los medios, periodismo convocado, la gente ve que todos los medios dicen prácticamente lo mismo. Yo creo que deberían hacer un ejercicio y decir que no van a ninguna rueda de prensa, que esto es propaganda, y hacer periodismo por fuera. Sería una revolución. Los medios deben dar un salto, mirar más allá, mirar debajo de los cajones.

¿Ha cambiado la sociedad almeriense en los últimos 50 años?

La sociedad de Almería ya tiene otra visión. Antes era una visión muy de puerta de Purchena, muy de centro. Ahora la gente ya sabe que Macael tiene la mayor producción de mármol, que la agricultura es un referente en el mundo, que si no fuera por el desarrollo agrícola y la investigación seríamos una provincia que no pinta nada. El crecimiento se ve. Éramos provincia de emigración y ahora somos provincia de inmigración y eso se nota. Antes la gente se iba a Barcelona, Alemania, Francia… En todas las familias había uno o dos emigrantes, y eso ha cambiado para bien. Pero todavía sigue siendo una ciudad manejable, donde todo el mundo se conoce. La sociedad tiene que ser más exigente con las administraciones. Todavía hay un tufo a moverse por lo que diga el jefe de turno, yo no veo que la gente se manifieste o salga a no ser que lo diga algún jefecillo de turno. La calle está siendo dominada ahora por fuerzas extrañas que no son muy democráticas. En los 80 estaban las asociaciones de vecinos, que hacían democracia, hacían barrio, contribuían a que hicieran una obra o a que pusieran la luz. Ahora algo está pasando que vamos siendo más individualistas, pero todavía hay un pastor que dice “ahora vamos a salir todos a la calle” y salimos todos a la calle.

¿Con qué te quedas de Almería y qué le mejorarías?

Lo primero es tener buenas comunicaciones y buenos servicios, y más especialidades. Creo que hace falta más atención hospitalaria, reforzar mucho la educación y la sanidad. Y aprovechar esa línea prestigiosa que tiene la universidad, toda la ingeniería de estudios agrícolas, que Almería es un referente en esos estudios, para que siga siendo una industria de transformación, que no sea solamente vender tomates y pimientos. También falta un tejido más fuerte todavía, que genere puestos de trabajo aquí también. Me quedo con que es una ciudad donde se mantiene la cercanía, el conocerse todo el mundo. Aunque tiene que dar un salto de más exigencia ciudadana, que no sea todo compadreo, que la gente pelee más por sus cosas, por su educación y su salud, que tengan todos los servicios aquí.

¿Qué te parece que le hayan puesto tu nombre a una plaza de tu pueblo, Los Gallardos?

Lleva el nombre de Periodista Antonio Torres Flores, y me alegra que destaque la profesión de periodista, tan denostada, pero que, en los momentos difíciles de la sociedad, como el Caso Almería o los sucesos racistas de El Ejido, o cuando nieva o hay un terremoto, pero también con las alegrías, la gente consume medios, para lo bueno y para lo malo.

(Entrevista publicada en el número de febrero de 2026 de la revista Foco Sur).

Antonio Torres, periodista. Foto de Miguel Blanco / Foco Sur

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