El incendio de la Sierra de la Atalaya en Lubrín ha sido el más grave de este verano en Andalucía, con más de 1.100 hectáreas de monte de alto valor ecológico devoradas por el fuego.
Las imágenes de miles de hectáreas ardiendo en las provincias de Zamora, León y Orense sin que los servicios de extinción de incendios pudiesen hacer nada por evitarlo, con las llamas devastando bosques, montes, granjas, viviendas e incluso Las Médulas, en El Bierzo, entorno declarado Patrimonio de la Humanidad, brillaban aun en las retinas de los vecinos de Lubrín cuando el pasado 28 de agosto, jueves, a eso de las once de la noche, un fuego prendía en los matorrales de la Sierra de la Atalaya. Era el tercer incendio que se declaraba en el municipio este verano y el que peores consecuencias iba a desencadenar.
Con más de 1.100 hectáreas arrasadas por el fuego, ha sido el incendio más grande, en extensión, de los que ha sufrido Andalucía este verano. Los bomberos lograron controlarlo el lunes 1 de septiembre pero no se dio por extinguido completamente hasta el día 8, una semana después. Una chispa que saltó de la instalación eléctrica que hay en la zona es la probable causa del incendio. Las malas condiciones del tendido eléctrico eran conocidas: el alcalde, Domingo Ramos, ya había alertado a Endesa en 2017 de las quejas de los vecinos de la zona por los chispazos que, en ocasiones, soltaba el cableado.
El fuego se controló en menos de cuatro días, pero hubo un momento en el que se temió que escenas como las del norte del país pudieran repetirse en nuestra provincia. La madrugada del viernes se llegó a desalojar a 50 vecinos ante la incertidumbre que había sobre las posibilidades de acabar con las llamas antes de que el incendio fuese a más, a causa de las fuertes ráfagas de viento, y arrasasen una Sierra de la Atalaya que está declarada Zona de Especial Conservación.
La peor experiencia
“La madrugada del viernes 29 fue la peor, porque tuvimos que desalojar preventivamente a muchos vecinos del barranco Muñoz, del Campico Muletas y del Marchal, sobre 50 vecinos, porque no sabíamos cómo iba a evolucionar el incendio por la noche por los vientos, que eran muy cambiantes”, relata Domingo Ramos, que asegura que la de esa noche “fue la peor experiencia”.
El alcalde confirma que los problemas que hay en esa zona con la línea eléctrica “se llevaba denunciando ya en años anteriores”. Por eso, añade, “en 2017 envié un escrito a Endesa avisando de que esa línea daba problemas, para reclamar que la cambiaran o la mejoraran”. Pero no ha habido intervenciones de ningún tipo. “Se ve que es una línea que no tiene mucha potencia y que cuando las viviendas demandan más potencia, se sobrecarga”, comenta el alcalde.
Así, “entre que se sobrecarga y que hay bajones y subidas de potencia, unido al viento que hacía aquella noche, saltaban chispas hasta que una de ellas provocó el incendio”, explica Ramos, que asegura que el origen del incendio por esta causa “está prácticamente confirmado porque hay una cámara que lo graba”. De hecho, dice que, después del incendio, “los vecinos me han dicho que seguían saltando chispas pero ahora, al estar todo quemado, no existe ese peligro de incendio”. Es un lugar concreto del tendido el que da esos problemas, que el alcalde insiste en que tiene que repararse para evitar situaciones similares en el futuro.
Antes de este incendio, ya se habían declarado otros dos en el municipio. “Sufrimos el primero en el paraje del Marchalico, en julio, y luego tuvimos un susto con un segundo incendio en el paraje del Coto, de la granja escuela, en el barrio de El Pocico”, confirma Domingo Ramos. Este último se produjo una semana antes que el de Sierra de la Atalaya pero se controló en una hora, pero el primero se prolongó durante cinco días hasta que se pudo controlar y quemó unas 400 hectáreas. Y de vez en cuando, se producen conatos, pequeños incendios que no llegan a más porque en el pueblo tienen un grupo de prontos auxilios que ha logrado extinguir en ocasiones el fuego antes de que se extendiese demasiado.
Plan de emergencias
“Nosotros tenemos un plan de emergencias aprobado desde el año 2013, con nuestro grupillo de prontos auxilios, que son los que acuden en primera instancia cuando se produce una emergencia de este tipo”, cuenta el alcalde, que recuerda que, aun así, los municipios no tienen las competencias en materia de extinción de incendios, “aunque tengamos un plan de emergencia local”.
Gracias a esto, añade, “hemos controlado fuegos antes de que lleguen los bomberos y los forestales en muchas ocasiones”. Este grupo está liderado por el concejal de Seguridad, Raúl Hernández, y lo conforman los concejales del equipo de Gobierno y dos trabajadores del Ayuntamiento, que cuentan con una cuba de agua que está siempre llena, con agua de las tres bocas de incendios que hay en el municipio, y palas para intentar controlar los fuegos al poco de declararse.
“La clave en los incendios es el tiempo de respuesta que tengas”, señala el alcalde. Así han conseguido controlar varios fuegos antes de la llegada de los servicios de extinción de incendios, porque en apenas cinco o diez minutos están en la zona afectada, mientras que los bomberos, con base en Turre, tardan media hora en llegar y el Infoca, con el centro más cercano en Serón, está a una hora.
En las tareas de extinción del incendio de Sierra de la Atalaya participaron hasta 160 efectivos de bomberos, Infoca, agentes de Medio Ambiente, policía autonómica y Guardia Civil, más nueve vehículos con autobomba y 20 medios aéreos.
Cómo prevenir incendios en el monte
Contar con la mayor cantidad de medios cuando se produce un incendio es vital para frenar su propagación y que el daño sea el menor posible. De la misma manera, es importante que las medidas de prevención sean las adecuadas y que todos, desde las administraciones a los ciudadanos, pongan de su parte para que el fuego ni siquiera se produzca.
Para ello, el Gobierno de España publicaba a principios de verano una serie de recomendaciones para evitar incendios y, también, para actuar en caso de que se declarase uno. En esta línea, el Consejo de Ministros aprobaba a principios de junio el Plan de Actuaciones de Prevención y Lucha contra los Incendios Forestales de 2025, en el que participan diez ministerios. Este plan incluye medidas de anticipación, despliegue operativo y refuerzo estructural. La inversión aumentaba hasta los 115 millones de euros, destinados en su mayoría a trabajos de prevención y limpieza de montes.
El contingente de intervención rápida de la Unidad Militar de Emergencias (UME), compuesto por unos 1.400 efectivos ha estado en alerta y ha participado en varios de los fuegos más graves. Asimismo, se cuenta con una flota estatal de 14 aviones apagafuegos, junto a 63 aeronaves coordinadas por el Ministerio de Transición Ecológica. A esto se suma el dispositivo de apoyo a las comunidades autónomas, que incluye las Brigadas de Refuerzo en Incendios Forestales.
Además, la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) ha facilitado predicciones diarias de riesgo de incendio; se han usado drones para monitorizar las zonas de alto riesgo; la Fiscalía de Medio Ambiente ha intensificado la vigilancia del cumplimiento de planes municipales y la investigación penal; y la Guardia Civil, a través del Seprona, ha trabajado, entre otras actuaciones, en identificar las causas y los responsables de los incendios que se han producido.
Las recomendaciones a la ciudadanía para colaborar en la prevención incluyen no quemar hojas u otros restos vegetales en días de mucho calor o viento ni sin autorización; contar con un plan de actuación en caso de incendios forestales; conocer las posibles vías de evacuación; mantener limpios de hierba o maleza los caminos de acceso a las viviendas; mantener limpios de materiales combustibles los tejados; no encender fuego en el monte; apagar bien las cerillas y los cigarrillos y no arrojarlos nunca por la ventanilla del coche; no abandonar botellas, objetos de cristal o basura; y realizar la quema de rastrojos o restos vegetales solo con autorización y en condiciones de seguridad. En este caso, además, recuerda que hay que vigilar la quema y no marcharse hasta que esté totalmente apagada, revisando bien los rescoldos, así como tener cuidado con la maquinaria que pueda generar chispas o descargas eléctricas.
Propuestas para aliviar las consecuencias de un incendio
Una chispa parece ser precisamente, a falta de confirmación oficial, la causa del último incendio de Lubrín. Su alcalde asegura que “si Endesa hubiera tenido todo limpio debajo de los cables, no habría habido fuego” y recuerda que “hay una normativa que les obliga a tener limpias todas las bases por donde pasan los cables”, aunque reconoce que este mantenimiento “es prácticamente inviable”.
En este sentido, Antonio Martínez, secretario de Organización del PSOE de Almería y senador, aseguraba durante una visita al monte calcinado de la Sierra de la Atalaya de Lubrín que “tiene que haber una decidida y técnicamente bien argumentada acción judicial frente a la empresa causante del incendio forestal de Lubrín, que se le solicite la reinversión finalista del dinero de la sanción que se establezca y la restauración”.
Martínez contó también que van a proponer una serie de medidas para que se implementen con carácter de urgencia. Así, solicitó “un programa de emergencias dentro del Plan Itinere o alguno similar para la rehabilitación de los caminos vecinales que se han visto afectados en los incendios”. Otra propuesta es “implementar un programa plurianual de restauración de las impresionantes infraestructuras de piedra seca que han quedado expuestas a los procesos erosivos durante el periodo de extinción del incendio”.
Asimismo, el secretario de Organización del PSOE de Almería propone la creación de “un plan plurianual urgente de choque por el empleo de prevención forestal en Almería”, así como “la creación y financiación de una red municipal de pastoreo preventivo, que posibilite a las corporaciones locales la contratación de ganaderos y sus rebaños para reducir la biomasa vegetal”. Y por último, “un nuevo y decidido impulso a la red de áreas pastos cortafuegos, que mejore la prestación de servicios por los ganaderos contratados antes de que estos decidan abandonar su colaboración”.
El alcalde, Domingo Ramos, confirmaba durante esta visita que ha solicitado, tanto al Gobierno de España como a la Junta de Andalucía, que declaren el municipio zona catastrófica “sobre todo para que nuestros vecinos y vecinas, aquellos que han sufrido daños materiales, tengan más facilidad o agilidad a la hora de recuperar parte de lo perdido”. Y también para ayudar a “reforestar estos montes y poder recuperar parte de toda la flora que se ha perdido, como es el caso de la carrasca, palmitos o algarrobos que han sucumbido a este gran incendio”.
Cortafuegos rodeados de pastizal para el ganado
Volver a utilizar ganado para ‘limpiar’ el bosque y el monte de ese exceso de biomasa que luego ejerce de combustible en los incendios es una de las soluciones que se plantean para combatir los incendios de nueva generación, como los que se han producido en el noroeste español este verano. “Recuperar ganado que paste en los terrenos alrededor de las aldeas, recuperar cabras, ovejas, vacas… es básico en la prevención de incendios”, aseguraba el ingeniero de Montes Marcos Ferreira en una entrevista publicada en enero de 2024 en el diario digital Campo Galego.
Ferreira impulsa una iniciativa para transformar los cortafuegos actuales con “mínimo 50 metros a cada lado de la pista de pastizal”, que serviría de zona de pastoreo, lo que haría a los cortafuegos “más anchos y resistentes al fuego”. Así, añadía el ingeniero, “serían mucho más eficaces e implicaría la creación de empleo y fijación de población en el rural, pues una persona, y quizás su familia, se mudarían a la zona para trabajar de pastor”.
Por el contrario, utilizar ganado para ‘limpiar’ los montes es una solución que no comparten en sectores ecologistas, que consideran que el bosque o el monte son ecosistemas que se regulan mejor sin intervención humana. En esta línea, el almeriense Francisco Sánchez Criado escribía en un artículo publicado en eldiario.es en agosto de este año que, según los estudios de investigación realizados hasta ahora, “el efecto del pastoreo se limita principalmente a modificar el comportamiento del fuego, afectando a parámetros como la altura de la llama y la velocidad de propagación, pero sin impactar de manera estadísticamente significativa en la frecuencia de ignición”.
Asimismo, aseguraba que ese trabajo de ‘limpieza’, “para algunos, se trata de desbrozar el matorral, cortar la maleza, abrir pasillos, retirar ramas y dejar el terreno despejado como un parque urbano”, considerando que el matorral es “suciedad”. Un punto de vista que Sánchez Criado tacha de “disparate” ya que “la maleza y el matorral no son basura forestal, sino ecosistemas completos” que “albergan flora y fauna, protegen el suelo contra la erosión, mantienen la humedad y forman parte esencial del ciclo natural”. Asimismo, afirma que “lo que lo hace vulnerable no es el matorral, sino la uniformidad de especies y plantas. Es la falta de diversidad lo que hace que el paisaje se vuelva frágil y mucho más susceptible al fuego”.
En cualquier caso, la virulencia de los fuegos de última generación, impulsados por el cambio climático, invita a buscar soluciones con urgencia, tanto de prevención como de lucha contra el fuego, para evitar que nuestros bosques y montes acaben reducidos a cenizas.
Más de 5.600 hectáreas han ardido en Andalucía a lo largo del año
“Ha sido un verano muy complicado en materia de incendios, aunque el balance en Andalucía es razonablemente positivo”, aseguraba Antonio Sanz, consejero de la Presidencia, Interior, Diálogo Social y Simplificación Administrativa, este mes de septiembre en el Parlamento andaluz, donde compareció a petición propia para explicar las actuaciones realizadas por el Infoca en lo que va de año. Sanz aseguró que “el Infoca es el mejor dispositivo y más seguro de nuestro país en la lucha contra los incendios y uno de los mejores de Europa”, pero recordó que el riesgo cero no existe y que aun quedan meses de alto riesgo de incendios en Andalucía.
Antonio Sanz contó que, en lo que va de año (hasta el 10 de septiembre), se han realizado 737 intervenciones en terrenos forestales. De estas, 152 fueron incendios y 585, conatos con menos de una hectárea de superficie afectada. Son 258 intervenciones más que en el mismo periodo de 2024. A pesar de ello, solo se han quemado 1.035 hectáreas más que en el periodo equivalente del año pasado, con 5.667 hectáreas frente a las 4.632 de 2024. De estas 5.667 hectáreas afectadas por el fuego, 4.250 eran de matorral sin valor ecológico, según apuntó el consejero. La mayor parte de las 1.417 hectáreas con valor ecológico, más de 1.100, se calcinaron en el incendio de Sierra de la Atalaya, en Lubrín.
El consejero destacó que “el 85% de los incendios se quedan en conatos gracias a la profesionalidad de los bomberos forestales y a contar con los mejores medios posibles y las últimas tecnologías”. Y eso, añadía, cuando ha habido jornadas en las que el Infoca ha tenido “hasta 22 intervenciones”.
Asimismo, recordó que “en Andalucía no ha sido necesario activar el nivel 2 de Emergencias en ningún incendio y solo en nueve incendios hubo que activar la situación operativa 1 del Plan de Emergencias de Andalucía”. Estos incendios fueron los de Zalamea la Real (21 de junio), El Garrobo (1 de julio), Algeciras (11 de julio), Córdoba (22 de julio), Tarifa (5 y 11 de agosto), Jabugo (12 de agosto), Bonares (17 de agosto) y Lubrín (29 de agosto).
El consejero señaló que el Plan Infoca cuenta para 2025 con un presupuesto de 257 millones de euros, un 6% más que en el pasado año. De ellos, más de 146 millones están destinados a la prevención, mientras que 111,2 millones lo están a la extinción.
En esta línea, Antonio Sanz destacó la “inversión sin precedentes de 45,4 millones de euros destinados a vehículos desde 2020, a los que hay que sumar otros 165,5 millones en el capítulo de infraestructuras”. Sanz recordó además que el Plan Infoca dispone este año de 40 medios aéreos, cerca de los 45 medios aéreos de los que dispone el Estado para todo el territorio nacional, según apuntó el consejero en su intervención.
“Pido ayuda, colaboración ciudadana, para que ante cualquier atisbo de humo o actitud sospechosa, llamen al 112 para lograr que los medios de extinción puedan llegar pronto a los incendios”, concluía el consejero, que recordaba que “el 90% de los incendios forestales tiene que ver por la mano del hombre”, por lo que aseguró que el riesgo de nuevos incendios sigue estando presente, por lo que es necesaria, en este ámbito, “una cultura del riesgo, prevención y responsabilidad”.
(Reportaje publicado en el número de octubre de 2025 de la revista Foco Sur).


Deja un comentario