Realidad y ficción: lo demás no cuenta


Miguel Blanco

Juan María Rodríguez, director del Instituto Andaluz del Cine y la Fotografía: «Si una imagen la consumimos en la pantalla de un móvil mientras vamos por la calle, no estamos viendo nada»

Periodista cultural durante décadas y divulgador de la fotografía con su podcast ‘Full frame’, el almeriense Juan María Rodríguez se ponía hace dos años al frente del Centro Andaluz de la Fotografía (CAF) desde la dirección del Instituto Andaluz del Cine y la Fotografía. En este tiempo, ha impulsado el centro con exposiciones de nivel y con actividades como el Club de Lectura de Fotografía, los visionados de porfolios, talleres, visitas guiadas o cursos. Todo ello ha hecho que el CAF tenga la mejor tasa de visitantes de su historia en 2024.

¿Cómo han sido estos dos primeros años al frente del CAF?

Cuando yo llego aquí en junio de 2023, el Centro llevaba un tiempo alicaído. Yo llego con la intención de inyectarle toda la vida necesaria y que tuviera la actividad que debía tener. Poco antes de llegar yo, llegó un jefe nuevo de administración, Juan Martínez, y en paralelo a mi llegada hubo un cambio en la jefatura de exposiciones, con Santiago Campuzano. En estos dos años, porque la dirección la comparto mucho con ellos dos, le hemos inyectado toda la vida que hemos podido a este centro, con el respaldo de la Consejería y de la Agencia Andaluza de Instituciones Culturales, que gestiona el centro y es donde trabajo. Hemos elevado el listón de calidad de las exposiciones, con Martin Parr, Ramón Masats o Lee Miller. Aparte, un capítulo muy importante para mí es que este centro ha producido o coproducido exposiciones como la de las postales, cómo la postal creó el imaginario turístico español, o los últimos trabajos de David Jiménez o Eduardo Nave. El CAF ha empezado a sonar de nuevo muchísimo en la fotografía española. Yo recibo todos los días uno o dos proyectos de grandísimos fotógrafos españoles que quieren venir aquí.

Otra línea de trabajo ha sido la dotación del edificio. Este edificio se inauguró en 2007 y desde entonces se había intervenido muy poco en él y tenía carencias. Por ejemplo, en la Sala AFAL, donde se hacían las conferencias y charlas, no se podía oír, porque tenía un ‘reverb’ espantoso. Mi primera intervención en este centro no fue visual, fue sonora. La Consejería invirtió el dinero en unos paneles amortiguadores. Ahora ya podemos estar en la sala y hablar normalmente. También se ha actualizado la megafonía, amplificadores, micrófonos… Se ha comprado una pantalla de 4 metros por 2,5 con un proyector y estamos proyectando documentales de fotografía. La estrenamos con el documental de Manuel Falces. En la sala Imagina hemos colocado unos vinilos en los cristales y puertas de los despachos y la biblioteca, para que no entre la luz en la sala expositiva, porque había una contaminación lumínica que empobrecía el montaje que tuviéramos expuesto. La pequeña salita Jorge Rueda no tenía focos y ya los tiene. Y muy pronto, el CAF contará con un laboratorio fotoquímico, porque un centro de fotografía debe tener una conexión con el origen del medio fotográfico.

El CAF se está consolidando también como lugar de actividades culturales muy variadas, con mucha aceptación, ¿no?

Hoy no hay un centro de arte medio normal que se limite a colgar cuadros. El porcentaje de actividades que hacemos aquí, el año pasado se había multiplicado por 150. En 2024, este centro batió todos los récords de público desde que hay registros, teniendo en cuenta que, hasta finales de 2023, el CAF abría todos los días, solo cerraba cinco o seis días al año, y desde entonces abre de martes a domingo.

Las exposiciones van cambiando y son representativas de distintos estilos fotográficos. Es verdad que el público no entrenado es posible que conecte más con la fotografía humanista, de los 50 y 60, Henri Cartier-Bresson, Robert Doisneau, es una fotografía más familiar. Un tipo de fotografía más conceptual, más fría, a lo mejor la gente la ve menos. Nosotros tratamos de programar para todo el mundo, pero es evidente que con unas exposiciones conectas más y con otras conectas menos. Y las actividades que hacemos son para un público amplio, en general. Si traes a Alberto García-Alix, todo el mundo lo conoce, pero si traes a Eduardo Momeñe, ya lo conoce menos gente. Nosotros traemos a los dos. Por ejemplo, traemos a Lee Miller, que fue modelo antes que fotógrafa y se la conoce mucho como fotógrafa de guerra pero también fue, entre otras cosas, fotógrafa de moda. Así que hacemos algo que nunca se ha hecho aquí: un desfile de moda, que fue un éxito tremendo. O presentamos el calendario que publicamos cada año, que protagoniza la bailaora María Moreno, con un show de ella con un cantaor y un guitarrista.

¿La idea es mostrar la vinculación de la fotografía con otras artes?

Claro, esto es muy importante para mí. Lee Miller, por ejemplo, fue musa de las vanguardias y el surrealismo de los años 20, así que pusimos cine surrealista de Man Ray con música en vivo. O si tengo una exposición de Louis Stettner, un fotógrafo americano bastante notable, que estaba obsesionado con Walt Whitman y su libro ‘Hojas de hierba’, hacemos lecturas poéticas de ‘Hojas de hierba’ aquí. Cualquier fotografía, independientemente de que sea una imagen que te guste más o menos, es una imagen que habla de algo, de las vallas publicitarias, de la II Guerra Mundial, de Walt Whitman o lo que sea. Y yo tiro de ese hilo. Por ejemplo, la exposición de Eduardo Nave ha provocado que trajésemos a Enrique Martínez Leyva y a Juan Leyva, porque si hablamos de vallas publicitarias, los primeros que las montaron en Almería fueron ellos. Intento expandir lo fotográfico hacia lo que pueda.

También se programan visitas con gente de distintos ámbitos, como hace poco el catedrático de Economía Andrés Sánchez Picón…

Sí, es una línea de trabajo que se llama ‘Miradas cruzadas’, que consiste en una idea muy sencilla: de fotografía puede hablar todo el mundo. No necesito que sepas quién fue Man Ray o Cartier-Bresson para preguntarte qué te dice esa imagen, si te dice algo. Cito a gente relevante de Almería, que tenga capacidad de discurso, pero que a lo mejor no tiene ninguna relación con la fotografía, y vemos la exposición juntos, seguidos por el público. Es como si dos amigos quedan para ver una expo y los comentarios que harían cuchicheando los dicen en voz alta. Y la gente interviene. Con Andrés vimos la expo desde el punto de vista de un economista. También lo hicimos con el arquitecto Ramón de Torres, que analizó la exposición desde un punto de vista urbanístico y arquitectónico. La exposición que tuvimos de Ramón Masats, de fotos de los años 50, desde el punto de vista de un historiador es una clase de Historia, así que llamamos a Rafael Quirosa y también a Sergio del Molino. Ya no hay fotografía sin reflexión, ni hay fotografía sin pensamiento, eso ya no existe. Toda fotografía induce un pensamiento y constituye una forma de pensamiento. La fotografía induce a reflexionar, a pensar la imagen. Una imagen, cuando la ves y crees que la has visto, vuelve a verla y empieza a hacerle preguntas. La imagen se te muestra pero también te esconde cosas. Carlos Pérez Siquier tardó años en enterarse de que en una de sus fotos más célebres sale una mujer con un problema en la piel. La había visto millones de veces pero hasta que no se lo dijo un médico, él no se enteró.

¿Qué fotógrafos te gustaría traer al CAF?

Muchísimos, no me gustaría dar nombres. Durante más de 30 años, este centro ha tenido exposiciones muy buenas pero, durante ese tiempo, algunos fotógrafos españoles muy destacados nunca han expuesto aquí. Yo creo que deben hacerlo y estoy en esa dirección, que me permite que David Jiménez exponga aquí en septiembre cuando nunca lo hizo. Creo que mucha gente en Almería no comprende la potencia del Centro Andaluz de la Fotografía, que es el único centro de rango autonómico, público, de España. Ya está creado el Centro Nacional de Fotografía, pero aun no está operativo. Eso da la medida de la importancia del CAF en España. Es algo que me han ratificado un montón de grandísimos fotógrafos españoles en Barcelona, en Madrid, en Lanzarote o en Galicia. Este centro es muy importante para la fotografía española. Pero un centro donde han expuesto fotógrafos de renombre internacional no es un centro donde exponga cualquiera. Para exponer aquí hay que tener una calidad. Se puede participar en el CAF de otras formas. Aquí vienen fotógrafos y nos cuentan sus proyectos con un audiovisual. Hay gente que está obsesionada con la idea de exponer pero no va a exponer todo el mundo porque, de hecho, aquí al año pueden exponer cuatro o cinco, más no caben.

Hay quien dice que la IA se ha cargado la fotografía, que ya no hay que mirar, apuntar y disparar, ahora es otra cosa…

La fotografía lleva dos siglos muriéndose pero no termina de morirse. Pero es evidente que todas las artes visuales están siendo sacudidas por una novedad, que la imagen ya no hay que hacerla, es autogenerativa. Eso está afectando muchísimo, por ejemplo, al sector de la ilustración. El cambio a lo digital ya trajo una transformación radical de la fotografía, que ya se había convertido en un medio muy popular a partir de que, en los años 30, Leica inventara su cámara de 35 mm. Y cuando llega la cámara digital, ya tiene cámara todo el mundo. Tú te conviertes en fotógrafo nada más poner en circulación tu foto y, para eso, antes tenías que ir a un concurso o a una exposición, pero ya no lo necesitas, tu muro de Facebook es tu galería de exposición. Es un sector que está muy precarizado. Los medios de comunicación han despedido al 80% de los fotógrafos. Muchos hacían fotografía de autor pero sobrevivían económicamente haciendo trabajos para la prensa, pero ya no queda casi ninguno. En este país, la fotografía nunca ha tenido una consideración digna como arte, ha costado mucho.

Mucha gente no concibe la parte creativa de una fotografía, dicen eso de “con esa cámara, cualquiera hace buenas fotos”…

Es que no conciben ni la autoría. Ha habido querellas porque han cogido una fotografía para un anuncio y el juez decide que se podía hacer porque esa imagen es una “mera fotografía”. Esto ha pasado. La gente se cree que una fotografía se toma de cualquier manera y así están los periódicos, publicando las birrias que publican. Se han juntado dos cosas en una tormenta perfecta. Por una parte, la crisis sistémica de los medios, porque ya nadie paga por la información; y por otra, la crisis derivada de la digitalización de la fotografía, una crisis que hizo que teóricos anunciaran la muerte de la fotografía… Joan Fontcuberta lleva 15 años anunciando que la fotografía ya no existe, que vivimos en la postfotografía. De hecho, él propugna que ya no hay que tomar fotografías, están todas tomadas, lo único que hay que hacer es trabajar con ellas. Es muy teórico y discutible, pero es verdad que ahora mismo lo que importa en el discurso fotográfico a veces no es tanto la imagen que has tomado como el cómo la usas, qué haces con ella, con qué finalidad la cargas. Porque las imágenes son mudas, no hablan, eres tú el que las hace hablar poniéndolas en un sitio o en otro. Las imágenes que tomaban los fotoperiodistas de las oleadas de inmigrantes que llegaban a Grecia eran usadas para protestar por la situación de los migrantes o para pedir que se fueran todos…

Almería tiene mucha historia de grandes fotógrafos, como Pérez Siquier o Rueda. ¿Cómo ves el panorama actual?

Almería es una ciudad rara fotográficamente, supongo que por herencia del CAF. La cantidad de actividad que hay en Almería no existe en otras provincias andaluzas. Aquí hay mucha actividad expositiva, siempre hay dos, tres o cuatro exposiciones de fotografía. Ya no tenemos un Pérez Siquier, ni tenemos un Jorge Rueda, ni tenemos un Falces, no existen ahora mismo fotógrafos almerienses de esa dimensión. Hay fotógrafos con los que hemos trabajado en el CAF, como Cristóbal Casinello, que me parece un fotógrafo interesante en su registro. Pero no juzgo el trabajo de los fotógrafos almerienses, es un grupo tan interesante como tantos otros que se nos dirigen. Hay mucha afición, aunque me gustaría que esos aficionados que hacen fotos y quieren exponer vengan aquí a charlas, a escuchar a otros fotógrafos importantes, y a veces no vienen. Interesarse por la fotografía no es solo querer exponer, es querer oír, querer ver…

¿Qué tiene que tener una fotografía para que te interese?

Yo amo muchos tipos de fotografía muy diferentes. Me gusta mucho la idea de cuando el mundo era virginal y desconocido, pensar en los primeros fotógrafos del siglo XIX que viajaban y nos descubrían el mundo. Millones de personas vieron por primera vez en su vida el mundo desconocido a través de las imágenes que tomaban unos señores en 1860. Esa idea me resulta fascinante, probablemente por contraposición a la borrachera de imágenes en la que vivimos ahora. Yo necesito desconectar de la imagen, porque la imagen es muy potente, muy adictiva. Consumimos millones de imágenes que no necesitaríamos, imágenes muy pobres, muy malas. Si una imagen la consumimos en la pantalla de un móvil mientras vamos por la calle, no estamos viendo nada, estamos embruteciéndonos. A una imagen le pido lo mismo que a un poema; son imágenes que las reconozco y las leo a la primera pero al mismo tiempo dejan abierta la puerta de un secreto. Son fotografías que te obligan a mirarlas y remirarlas. Y una buena fotografía no tiene por qué ser necesariamente bella. Las fotografías más interesantes son las que te desconciertan.

(Entrevista publicada en el número de junio de 2025 de la revista Foco Sur).

Juan María Rodríguez, director del Instituto Andaluz del Cine y la Fotografía. Foto de Sergio Giménez / Foco Sur

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