Realidad y ficción: lo demás no cuenta


Miguel Blanco

Rechazo total al hotel de Genoveses

Asociaciones ecologistas y de vecinos alertan de que la construcción de un hotel en la bahía de Genoveses acabará con la biodiversidad de la zona y sentará un precedente para futuros proyectos similares en otros cortijos del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar.

Ecologistas y vecinos del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar tienen claro que quieren ‘Genoveses sin hotel’. La construcción de un hotel en el Cortijo Las Chiqueras, en la bahía de Genoveses, supondrá no solo un peligro para el frágil ecosistema que habita la zona, también abriría las puertas a futuras iniciativas similares, en los cortijos, muchos semiabandonados o en ruinas, que existen a lo largo del espacio protegido.

Ese es el temor de quienes se integran en la plataforma ciudadana Genoveses Sin Hotel, organizaciones ecologistas como el Grupo Ecologista Mediterráneo o Ecologistas en Acción, la asociación Amigos del Parque y la Coordinadora de Asociaciones de los Pueblos del Cabo de Gata. Desde que se anunció el proyecto, hace ocho años, han estado alerta a su evolución, presentando alegaciones y haciendo llamamientos a las administraciones implicadas y a la sociedad para frenar la construcción de una obra que ahora parece más cerca de convertirse en realidad.

El proyecto, presentado por los propietarios del cortijo en 2016, parecía parado hasta que la pandemia trajo como consecuencia la Ley de Impulso a la Sostenibilidad del Territorio Andaluz (LISTA), que flexibiliza las opciones de cambio de uso de terrenos protegidos, como el que ocupa el Cortijo Las Chiqueras. Ahora, un proyecto puede recibir el visto bueno si se justifica que es de “utilidad pública e interés social”. Y esto último, alega la plataforma ciudadana, está lejos de cumplirse en el proyecto de hotel.

De fábrica a salón de eventos

El Cortijo Las Chiqueras pertenece al grupo Playas y Cortijos, propietarios del Hotel Doña Pakyta y el Hotel Cortijo El Sotillo, en San José. En la actualidad, funciona como restaurante, sobre todo para eventos, con el nombre de La Fábrica de Genoveses. Aunque su uso, en principio, era como centro de interpretación de la fabricación de textiles a partir de las pitas, especie que los dueños originales, Francisca Díaz Torres, Doña Paquita, la gran defensora del espacio natural e Hija Predilecta de Andalucía, y su marido, José González Montoya, habían introducido en la zona en los años sesenta para producir esa fibra con la que se elaboraban maromas de barco y telas. Para ello, adaptaron el cortijo, que había venido siendo durante décadas lugar de paso de ganadería trashumante, como tantos de los cortijos que existen en el Parque Natural.

La actividad cesó al dejar de ser rentable y, ya entrados en el siglo XXI, solicitaron el permiso para poner en marcha el pequeño museo, donde se muestra la maquinaria que se utilizaba en esa fábrica. Para ello, consiguieron una subvención de la Junta de Andalucía, que considera el proyecto “de utilidad pública”, ya que es un espacio donde se podrían recibir visitas escolares y de turistas.

Al poco tiempo, los propietarios recibieron la autorización para instalar una barra donde ofrecer bebidas a los visitantes, ya que el cortijo está aislado de los núcleos de población. Poco después, la barra era ya un restaurante en la práctica y el centro de interpretación, un comedor donde la antigua maquinaria sirve de decoración. Aprovechando el idílico entorno y paisaje, en los últimos tiempos funciona como lugar de celebración de bodas y otro tipo de eventos.

Esto afecta ya a “una zona que es muy frágil, que tiene un ecosistema con endemismos botánicos y aves que están en peligro de extinción, que es por eso por lo que en los últimos años se restringe el tráfico rodado por las pistas hasta las playas de Genoveses y Mónsul”, asegura Manuel Pérez Sola, portavoz de Genoveses Sin Hotel. “Casualmente”, añade, “la que gestiona el control de vehículos, cobrando seis euros a cada uno que pasa, es la misma empresa, que en la concesión tiene el compromiso de recoger la basura que queda en las playas y pasar un tractor con agua por la vía un par de veces al día para evitar que se levanten grandes polvaredas”.

El proyecto de hotel se presentó en 2016, junto a otro en el Cortijo El Romeral, cerca de Mónsul. La Consejería de Medio Ambiente no dio el visto bueno a este pero dejó en el aire el primero. Los grupos ecologistas presentaron ya entonces alegaciones, porque se trata de “un espacio protegido C1, como El Algarrobico”, señala Pérez Sola, que  explica que “son terrenos en los que no está permitida ninguna actividad que no sea la tradicional, agrícola y ganadera, y no se puede hacer un cambio de uso para actividades turísticas, industriales o de otro tipo”. No se puede, excepto que se justifique, gracias a la LISTA aprobada por la pandemia, la “utilidad pública y el interés social” del proyecto que se quiera llevar a cabo en ese terreno.

Ecosistema en peligro de extinción

Esto es lo que han aprovechado los propietarios, herederos de Doña Paquita, fallecida en 2014 a los 103 años. El proyecto llevaba unos años paralizado pero a raíz de la nueva ley, se retoma y consigue el visto bueno ambiental de la Junta de Andalucía. Es una versión reducida del proyecto original, en la que no se amplían espacios construidos. Sin embargo, los ecologistas aseguran que el impacto medioambiental existe.

“Uno de los problemas de las evaluaciones de impacto medioambiental de la Consejería es que se centran en la superficie que va a ocupar la instalación y no tiene en cuenta lo que hay alrededor”, cuenta José Rivera, presidente del Grupo Ecologista Mediterráneo (GEM). En este sentido, explica que “al ser un cortijo rehabilitado, si solo tenemos en cuenta el lugar donde se va a actuar, como son construcciones más o menos antiguas, no hay valores naturales, pero un poco más allá sí los hay”.

Es una zona donde “durante mucho tiempo se han dedicado a la ganadería y el cultivo de cereal y eso da lugar a un ecosistema muy valioso y que hoy en día está en peligro de extinción”, señala el presidente del GEM. En esta línea, añade que “con el abandono de la agricultura y la ganadería, este ecosistema se está perdiendo y, para acabar de darle la puntilla, instalaciones que eran agropastoriles se están reconvirtiendo en hoteles y otras instalaciones que no tienen nada que ver con la actividad tradicional”.

Asimismo, recuerda que “cuando se declaró Parque Natural, había una población de aves esteparias muy importante, como la alondra ricotí, que está catalogada en peligro de extinción, o la ganga ortega, que era muy abundante en la provincia, era la especie que cazaba la gente en los cortijos para comer carne, y hoy en día prácticamente han desaparecido, porque son especies muy sensibles a la presencia humana”.

Un peligroso precedente

Vecinos y ecologistas temen también que si el hotel se construye finalmente, se dé así el pistoletazo de salida a más proyectos del estilo en otros cortijos abandonados del Parque Natural. “Cada vez se están pidiendo más licencias para rehabilitar cortijos y transformarlos en casas rurales y hoteles”, asegura Julián Vera, presidente de la asociación Amigos del Parque, que tiene claro que “existe un peligro muy grave y real de que, con el proyecto de Genoveses, se abra la veda y más de uno que tiene cortijos o ruinas presente su proyecto, con características similares y en zonas similares, porque a nivel de normativa habría un precedente y sería complicado que los rechazaran”.

De hecho,  la misma empresa tiene otros cortijos, que en su día llegaron a 18 aunque alguno ya no existe, porque el terreno donde se asentaban lo vendieron a Michelin. “Debe de tener ocho o nueve, algunos en ruinas y otros en mejor estado”, calcula Pérez Sola, “y si les permites que hagan este hotel, pedirán un proyecto similar en El Romeral y algunos más”. Asimismo, añade, “hay otros propietarios dentro del Parque Natural, en Las Negras, la Cala del Plomo, Los Escullos y otros sitios, y si a una persona se le permite que rehabilite unas ruinas para hacer un hotel, ¿qué excusa habrá para que a ellos no se les permita?”.

En este sentido, Vera asegura que la asociación Amigos del Parque apuesta por que “se respete la naturaleza y que el modelo de construcción hotelera sea acorde con el medio donde estemos, que no es lo que se va a hacer en Genoveses”. En este sentido, señala que “el cortijo lo van a tirar casi entero, solo se va a conservar el comedor, ya que están obligados porque recibieron una subvención para hacer un museo ahí, aunque se haya convertido en un comedor”.

El portavoz de Genoveses Sin Hotel cuenta también que no se explican el interés de la empresa en el proyecto, “porque dicen que es una inversión a amortizar en 20 años, y eso no es negocio”. Asimismo, señala que es un modelo de turismo “incompatible con los valores del Parque Natural” y que implica “meter a la gente en una burbuja y no crear actividad comercial, porque ese tipo de turista tampoco va a comprar en las tiendas locales”.

Alegaciones y movilización

Argumentando todos estos motivos, la plataforma ha presentado una serie de alegaciones al Ayuntamiento de Níjar con el objetivo de evitar que se apruebe el permiso de construcción del hotel en el Cortijo Las Chiqueras y se justifique que es un proyecto de utilidad pública e interés social. “Un hotel, que es una actividad privada en un lugar que es privado, y además pequeño, que con seis o siete personas puede funcionar porque es de 30 habitaciones, no tiene ninguna utilidad pública ni interés social”, sentencia Pérez Sola, que señala que esa utilidad se puede asignar a “un hospital, un colegio, una conducción de agua o una carretera”.

La plataforma ha convocado también manifestaciones, intentando despertar la conciencia de los almerienses. La más concurrida se celebró el pasado 27 de septiembre, Día Mundial del Turismo, en la capital, a lo largo del Paseo Marítimo. En esta convocatoria se leyó un manifiesto en contra de un “atropello medioambiental y social, ante el que las organizaciones convocantes hemos presentado una batería de alegaciones dentro del periodo de información pública, que cuestionan la legalidad de la construcción de un hotel de 4 estrellas, 30 habitaciones, piscina y aparcamiento para 70 vehículos, en el corazón del Parque Natural; y dentro de una zona especialmente protegida por sus valores ambientales, paisajísticos y culturales”.

Este verano, el proyecto pasaba el primer trámite en el Ayuntamiento de Níjar, que es el que tiene la última palabra. Ahora, tiene un plazo para estudiar las alegaciones presentadas por la plataforma ciudadana tras el cual tiene que aprobar en pleno si se le da el cambio de uso al suelo. “Si eso ocurre”, adelanta Pérez Sola, “iniciaremos la vía judicial”, como pasó en El Algarrobico.

El suelo, en el Plan General de Ordenación Urbana de Níjar, “no aparece como urbanizable y tampoco lo hace en el Plan de Ordenación del Parque, que de hecho dice que no puede darse un uso diferente que el que tiene aprobado”, recuerda el portavoz, que asegura que “si viviera doña Paquita, no lo aprobaría”.

Así, Pérez Sola espera que se imponga “la razón y proyectos como este se abandonen”. Este es el objetivo, que el clamor popular haga que la empresa desista, porque si no, todo apunta a que antes de fin de año tendrá todos los permisos necesarios. “En este caso, la moneda tiene una cruz por los dos lados así que seguro que sale cruz”, asegura Julián Vera, que alerta de que “con este modelo de inversiones vamos directos a cargarnos el Parque”. 

Apuesta por un modelo turístico sostenible

Vecinos y ecologistas rechazan el proyecto de hotel en el Cortijo Las Chiqueras por su peligro para el medio ambiente pero también porque, aseguran, significaría apostar por un tipo de turismo de élite alejado de los valores del Parque Natural y de los intereses de los núcleos de población como San José, el más cercano al cortijo.

“Nosotros apostamos por un turismo más sostenible, con un modelo de desarrollo económico que sea respetuoso con el medio ambiente, no de grandes hoteles ni de empresarios que van a por el beneficio puro y duro sin tener en cuenta que estamos en un parque natural”, asegura Julián Vera, presidente de la asociación Amigos del Parque. En esta línea, recuerda que “mucha gente viene aquí porque no hay una masificación de cemento y urbanizaciones una tras otra, como pasa en otras zonas”. Y ese tipo de turista dejaría de venir si el Parque Natural pierde su esencia.

Por eso, ellos consideran que la apuesta ganadora es por fomentar la desestacionalización. “Tenemos un clima y una zona idílica como para que no se centre el turismo en verano o Semana Santa, en épocas donde se satura todo”, recuerda Vera, que considera que “debería apostarse por un turismo sostenible y prolongado durante todo el año”.

En esta misma línea, Manuel Pérez Sola, portavoz de Genoveses Sin Hotel, explica que han elaborado “un estudio en el que se demuestra que hay infraestructuras de hostelería suficientes en el entorno del Parque, del orden de 13.800 plazas, entre hoteles, hostales, pensiones, apartamentos turísticos, campings, y muchas de esas plazas están cerradas gran parte del año porque no hay clientela”. De hecho, recuerda que la empresa tiene dos hoteles en San José, el Hotel Doña Pakyta, que abre todo el año, y El Sotillo, que solo funciona en temporada alta. “Y lo mismo ocurre con hoteles en todo el entorno,, así que no es necesario hacer nuevos hoteles, y menos en el interior del Parque Natural”.

Así, asegura que los vecinos quieren un turismo que esté “más integrado en los núcleos urbanos, que es lo que repercute en los negocios locales”. Es decir, “un modelo turístico que no colapse y que sea respetuoso con el lugar”.

(Reportaje publicado en el número de diciembre de 2024 .de la revista Foco Sur)

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.